jueves, 28 de febrero de 2013

LA CRISIS TERMINAL DE UN MODELO Y EL FUTURO DE LA IGLESIA CATOLICA

La Iglesia Católica vive hoy una de las mayores crisis de su historia. Nadie la ignora. Menos clero, menos fieles y crisis de autoridad a todos los niveles.
 
Por Fortunato Mallimaci.
 
L a Iglesia Católica vive hoy una de las mayores crisis de su historia. Nadie la ignora. Menos clero, menos fieles y crisis de autoridad a todos los niveles. Los conflictos aparecen a la hora de diagnosticar las causas y cuáles medidas implementar. El acontecimiento del Concilio Vaticano II en los '60 del siglo pasado y sus propuestas de reformas están en el corazón de toda discusión. Nadie lo niega al interior del conflictivo consenso institucional católico. Al contrario, cada uno y cada grupo se mostrará como el "verdadero", "auténtico" y "único" y mostrará a los "otros" como "falsos", "equivocados" o "traidores" interpretadores. Eso sí, a no confundirse, se vive a nivel mundial una mayor búsqueda de espiritualidad y de sentido que, en el caso de América Latina, se hace mayoritariamente al interior del complejo y diverso mundo y cultura cristiana.
La renuncia de Benedicto XVI se produce en uno de los momentos de mayor crisis de aquellos que vienen intentando imponer una modernidad católica intransigente en cualquiera de sus versiones. Estamos viviendo una (o la) crisis terminal de un modelo romano, centralista, eclesiástico y de reafirmación identitaria integralista (es decir en todas las esferas del mundo de la vida). Modelo que ha buscado catolizar al Estado, la sociedad, el mundo de la política, personas, imaginarios y subjetividades desde múltiples experiencias sociales e ideológicas y ha fracasado en el intento.
No es un secreto saber cuáles son las crisis que han debilitado el cuerpo y el espíritu de Benedicto XVI. Los casos de pedofilia y abuso sexual cometidos por eclesiásticos aparecen cotidianamente en el mundo entero produciendo un rechazo a la "hipocresía" y "cinismo" de como fueron "escondidos" y "tolerados" ayer y la dificultad hasta hoy de llevarlos a la justicia para su condena. El propio Papa fue acusado por obispos de EE UU de haber "encarpetado" numerosas denuncias cuando era la mano derecha de Juan Pablo II en la curia. Miremos en Argentina lo que ha sucedido con el caso de clérigos condenados sin que la institución los expulse de sus filas. Los casos de delitos económicos están a la orden del día en el banco del Vaticano (el IOR). Acusaciones de lavado de dinero, de inversiones prohibidas y de balances fraguados se hicieron publicas por las autoridades económicas de la Comunidad Europea (no olvidemos nunca que la barca de Pedro incluye el Estado del Vaticano) y enfrentaron violentamente a los miembros de la curia romana. Documentos internos son hechos públicos por sus secretarios privados y el camarero, para favorecer a tal contra cual, creando desconcierto en el Papa y el pueblo católico.
Los responsables de esas maniobras son los movimientos que tanto él como su antecesor Juan Pablo II han puesto allí como ejemplos y con poderes extraordinarios. El Opus Dei, Los Legionarios de Cristo, Comunión y Liberaciòn, entre otros "nuevos movimientos", forman , junto a la burocracia romana, la hegemonía del poder en Roma desde hace mas de 30 años, y son los que aparecen públicamente relacionados a estos delitos.
Luego de anunciar su renuncia, Benedicto XVI se ha sentido con más libertad para hablar de la "interna" y ha denunciado frente a los sacerdotes romanos reunidos para despedirlo "los golpes contra la unidad de la Iglesia" y las "divisiones en el poder eclesiástico". Luego denunció "la hipocresía religiosa" y "las actitudes que buscan el aplauso y la aprobación". El nombramiento ayer de un nuevo presidente del IOR a 15 días de su partida, muestra que los escándalos continúan. Es el fracaso de su proyecto más allá de sus intenciones.
Hay un problema estructural. Ratzinger fue el responsable de la gran mayoría de los nombramientos de los cardenales de la época de Juan Pablo II desde que fue nombrado en 1981 como prefecto de la Congregación para la doctrina de la Fe (ex Inquisición, ex Santo Oficio). Esto nos muestra también las amplias continuidades y afinidades "antiliberal" y "anticomunista" entre el "carismático" Juan Pablo II y el "intelectual" Benedicto XVI. Las formas diferenciadas no nos deben hacer ocultar las amplias coincidencias políticas, ideológicas y eclesiales entre ambos. Los 117 cardenales que nombrarán su sucesor tuvieron su aprobación y coinciden ampliamente –más allá del color de la piel y el lugar de proveniencia– en su manera de analizar las amenazas de lo que Benedicto XVI llama la dictadura del relativismo, del subjetivismo y del constructivismo (en especial el de género).
 
Fuente: Tiempo Argentino.

PRIORIZO PROGRAMAS SOCIALES

LAS CLAVES DEL TRIUNFO ELECTORAL DEL CANDIDATO DE ALIANZA PAIS.
 
Desde que Rafael Correa asumió el cargo en 2007 se redujeron la pobreza y las desigualdades y aumentó el empleo en Ecuador, un país pobre y dolarizado. Mantiene altos niveles de popularidad gracias a una elevada inversión pública.
 

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Por Mercedes López San Miguel
 
 
Rafael Correa supo llegar a todas las clases, con inversión en programas sociales, en salud y educación. Desde que asumió el cargo en 2007, se redujeron la pobreza y las desigualdades y aumentó el empleo en Ecuador, un país pobre y dolarizado. Y más: rompió con el dominio de un puñado de familias patricias, tradicionalmente dueñas de los medios de producción.
Las políticas sociales no tienen precedentes en Ecuador y han modificado los indicadores económicos. A diciembre último, el desempleo se ubicó en 5 por ciento y la pobreza en 16 por ciento, de acuerdo con cifras oficiales otorgadas por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos. Según el informe 2012 de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), en Ecuador hubo una reducción de la pobreza del 37,1 por ciento al 32,4, en comparación con 2011. El organismo regional destaca que desde 2008 los índices de pobreza y pobreza extrema, brecha social y desempleo, entre otros factores, muestran una constante reducción en el país andino.
No hay analista que no señale que Correa mantiene altos niveles de popularidad gracias a una elevada inversión en el sistema de salud pública, educación estatal y redes viales. Desde que ocupó el sillón presidencial, su gobierno ha invertido unos 60 mil millones de dólares en el área social, y prevé inyectar 40 mil millones más hasta 2017. A esto se suma que subió el salario mínimo y otorgó una ayuda económica para los más pobres –Bono de Desarrollo Humano–, que reciben cerca de dos millones de personas, un 13 por ciento de la población.
En 2010, Ecuador renegoció 15 de 24 contratos petroleros, pasando del modelo de participación al de prestación de servicios. El gobierno destacó que esa negociación evitó la salida de 2500 millones de dólares anuales, una cuestión clave en una economía dolarizada desde 2000. En ese sentido, el economista norteamericano Al Campbel, profesor retirado de la Universidad de Utah que actualmente enseña en Flacso Ecuador, señaló a Página/12 algunos factores por los que el Estado aumentó las ganancias destinadas a mejorar las condiciones de vida de los ecuatorianos. “En julio de 2010 un cambio en la ley estableció que el gobierno, que antes se quedaba con un 13 por ciento de la ganancia de los contratos petroleros, pasara a obtener un 87 por ciento la misma. La iniciativa antievasión logró que las empresas y los ricos que antes evadían tuvieran que pagar sus impuestos, y así aumentó la recaudación sin tener que subirles los impuestos a otros sectores. El país aumentó su inversión en infraestructura en un 10 por ciento del PIB, siendo el que más aporta en infraestructura de los países de la región.”
Su nueva victoria allanaría el camino para la implementación de nuevas reformas a fin de aumentar los ingresos públicos derivados del petróleo y la minería. “Pese a las múltiples reformas tributarias, el ingreso permanente no cubrió en el último año el gasto permanente. Se acaba de implementar una reforma tributaria para financiar el incremento del Bono de Desarrollo Humano, pero al mismo tiempo se aprobó la devolución del impuesto a la salida de divisas”, dijo a este diario Katiuska King, analista y ex ministra coordinadora de la política económica de este gobierno. La experta señala que uno de los retos será salir de la dependencia del petróleo. “El sector de refinación de petróleo ha tenido grandes contratiempos y luego de cuarenta años de explotación no somos autosuficientes en satisfacer la demanda interna de combustibles, que se mantienen subsidiados.”
El desafío estará en cambiar el régimen de acumulación modificando la estructura productiva, en cuanto a que nuevos productos satisfagan la demanda nacional y se incorporen pequeños y medianos productores, algo que el mismo Correa admite. “En la parte matriz técnica-matriz productiva, no hemos tenido gran diversificación, por eso nosotros mismos hemos hecho la autocrítica de que hemos hecho bastante bien lo mismo de siempre”, dijo el mandatario reelecto en una entrevista al diario El Telégrafo.
En cambio, Correa dijo que en la parte política no se ha hecho lo mismo. “Estamos transformando un Estado burgués en Estado popular, cambiando las relaciones de poder. Tenemos la responsabilidad de continuar con este proceso que ya es leyenda en Ecuador”, enfatizó en un reportaje con Página/12 en diciembre pasado.
Bajo su presidencia, Ecuador logró estabilidad política y económica, superando una década en la que tuvo siete gobernantes que no podían concluir sus mandatos. Con su retórica antiimperialista, Correa se mostró orgulloso de lo conquistado. “Ya no nos dominan los banqueros, ya no nos dominan las burocracias internacionales como el Fondo Monetario y el Banco Mundial”, dijo este economista con estudios en Estados Unidos y Bélgica. Avalado por el voto de la mayoría de los ecuatorianos, Correa planea profundizar el camino hacia el socialismo del siglo XXI en los próximos cuatro años.
 
Fuente: Pagina/12

martes, 26 de febrero de 2013

EL CARNAVAL, UN DERECHO DEL PUEBLO ARGENTINO

Cultura popular. El igualitarismo que todo lo pone en cuestión es un signo de los tiempos que corren venturosos en la Argentina de hoy.
 
Por Jorge Coscia.
 
Los feriados de Carnaval son, nuevamente, un derecho del pueblo argentino. Como en los festejos del Paseo del Bicentenario en la 9 de Julio del 2010, el pueblo se autocelebra por tercer año consecutivo con el Carnaval en las calles de todo el país.
Los carnavales son para nosotros una invitación para recrear y renovar nuestras tradiciones más arraigadas. Por eso repetimos la experiencia este verano también. El Ministerio de Turismo, la Secretaría de Cultura, la ANSES y Aerolíneas Argentinas organizan "los Carnavales Federales de la Alegría" en más de 150 ciudades de todo el país.
Si tuviera que resumir en una consigna el espíritu de esta política, enfatizaría la voluntad de recuperación del espacio público. El Carnaval en la calle tiene un enorme potencial igualador, desde el origen de esta práctica. La tradición es larga, y se sabe, se remonta a la Edad Media europea, donde por unos días todo se ponía "patas para arriba".
El igualitarismo que todo lo pone en cuestión es un signo de los tiempos que corren venturosos en la Argentina de hoy. No tomar nada por válido sólo porque lo emite tal o cual autoridad, escuchar varias voces antes de formar un juicio propio, desmenuzar los intereses que sostienen el lugar del que habla. Convengamos que mucho de ese espíritu, tan saludable y propiciador de conquistas por venir, es hijo de las acciones de este proyecto político que lleva ocho años de transformación e inclusión social.
Este proyecto político ha reforzado en los últimos años su voluntad de poner en el centro de sus políticas culturales al pueblo festejando en la plaza pública. Y eso es precisamente la cultura carnavalesca, la cultura cómica popular y festiva que volverá a ganar la calle durante estos días de febrero. Es vital que esta fiesta popular vuelva a ser visible y a ocupar un lugar central en la vida cultural de todas las ciudades del país. La ignorancia o la subestimación de la risa popular, decía un gran pensador del Carnaval medieval, deforma el cuadro histórico de un Pueblo.
Y con un agregado importante que es federalizando la alegría popular. Porque en cada región del país, el Carnaval se vive de una manera diferente: desfilan las comparsas y las murgas, las máscaras y los vestuarios, las danzas, las músicas y las letras, para que se escuche una voz intrínsecamente local, esa polifonía que configura lo que llamamos Argentina y que, a la vez, nos permite reconocernos en la geografía mayor de América Latina.
Esta Argentina se construye sobre nuevos cimientos, nuevas alianzas internacionales y nuevas banderas: el deseo es que el pueblo se haga presente en la calle. Ganar la calle, para que el país sea una fiesta, para que reafirmemos e impulsemos el espíritu de renovación con el que vivimos desde 2003. Porque es posible hacer y decir lo nuestro en un contexto de cada vez más pluralidad y diversidad. Exhibir la alegría es necesario en esta Argentina que lucha por la libertad en todas sus formas, que trabaja en pos de la democratización de la palabra, de la igualdad de las identidades y del respeto de una diversidad cada vez más plural e inclusiva.
El Carnaval es la segunda vida del pueblo, basada en el principio de la risa. Es su vida festiva, la suspensión de la rutina del trabajo por unos días de descanso y de encuentro con los amigos. La fiesta del carnaval penetra temporalmente en el reino utópico de la universalidad, de la libertad, de la igualdad y de la abundancia. El pueblo festejando en la calle con el Rey Momo, bailando, divirtiéndose, celebrándose.
La tradición carnavalesca, que se remonta literalmente miles de años, implicaba (y todavía implica) el triunfo de una especie de liberación transitoria, más allá de la órbita de la concepción dominante, la abolición provisional de las relaciones jerárquicas, privilegios, reglas y tabúes. Promovida por el estado, ahora, supone un plus adicional: el festejo deliberado y pleno para acometer todas las tareas que tenemos por delante este año. Nada mejor para eso que hacerlo en la calle, ocupándola, festejando, en familia y con los vecinos del barrio.
Los espectadores no asisten al Carnaval, sino que lo viven, ya que el Carnaval está hecho por y para todo el pueblo. Al recuperar el Carnaval recuperamos la creencia de que todos somos iguales, recomponiendo el lazo social, y los vínculos entre individuos normalmente separados en la vida cotidiana por las barreras infranqueables de su condición, su fortuna, su empleo, su edad y su situación familiar. Nos reencontramos literalmente con el barrio, que por la dinámica de todos los días y las obligaciones cotidianas no vemos ni experimentamos.
El objetivo fundamental de nuestra política sostenida es hacer asequible esta práctica popular semiolvidada, y hasta hace nada de tiempo incluso negada y reprimida por el poder (tal como ocurrió en los años del terror dictatorial). Cuando un país se afirma como un lugar para pocos, las expresiones de la cultura popular suelen despreciarse. Felizmente, hoy podemos contar que dimos a luz una nueva Argentina, en la que el Carnaval es, desde ahora y para siempre, un derecho del Pueblo. -
 
Fuente: Tiempo Argentino.

"PARA LA ARGENTINA Y BRASIL, EL 2013 VA A VENIR MUCHO MEJOR"

Por Diego M. Vidal.

Luego de la reunión cumbre de la Celac en Chile, la secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe analiza las claves de la región y su incidencia en un mundo en crisis.
       
En un mundo que se desploma y no logra ver la salida a una crisis que lleva casi un lustro, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) encendió una luz de esperanza para los países centrales al publicar en su reciente evaluación que la economía de América latina tiene por delante un futuro más que promisorio en materia económica y social. A pesar de ello, el augurio positivo y las expectativas de las grandes economías, algunos sectores políticos y financieros dentro de estas naciones ven en los informes de este organismo de Naciones Unidas un compendio de buenas intenciones al gusto de los gobiernos populistas que encabezan la recuperación regional. La secretaria ejecutiva de la Cepal, Alicia Bárcena, contradice a los agoreros criollos y descifra para Miradas al Sur las claves de este crecimiento que tanto llama la atención en el exterior al punto de lograr que los principales líderes de la unión Europea salten el Atlántico y crucen los Andes para buscar ayuda y mercados que les den aire a sus penurias.
–El último informe de la Cepal brindó una perspectiva bastante optimista para Latinoamérica en general. Sin embargo, es cuestionado por organismos privados dentro de estos países como, por ejemplo, la Argentina. ¿En qué se afianza esta certeza de la Cepal con esos indicadores?
–Yo no diría optimismo. Lo que nosotros decimos es que la región venía creciendo a más o menos 5,7% en 2010; que en 2011, este crecimiento se desacelera; que en 2012 se sigue desacelerando y llegamos a un nivel de 3,1%. Creemos que en 2013 vuelve a repuntar, sin avanzar más allá del 4%. No es que seamos optimistas, decimos que nuestra región estaba creciendo a altos niveles promedio, se desacelera, pero mucho menos que los países desarrollados. Eso sí. Nuestra región crece en 2012 un 3,1%, mientras que la Unión Europea cae un 0,5%. Entonces, todo es relativo: en relación a Europa, nos está yendo mejor; en relación a Asia-Pacífico, no. Porque China sigue creciendo, el año pasado cerró con 7,7%, y quizás este año con 8. Sigue siendo una economía dinámica. El crecimiento de América latina se debe a dos factores muy importantes. Uno es que hay más inversión. Eso sigue siendo un motivo de gran optimismo. Esta región está subiendo sus porcentajes de inversión. La región debe andar ya en un 22,5% del PIB de inversión. Creo que son cuatro o cinco puntos más que hace tres o cuatro años. E inversión significa ahorro, significa formación bruta de capital fijo y significa, sobre todo, el puente entre el corto y el mediano plazo. Siempre la inversión había sido la variable de ajuste en las crisis. En esta oportunidad, los países de América latina tomaron medidas anticíclicas, poniéndole mucho énfasis a la inversión. Sobre todo en la construcción, en la infraestructura, que genera empleo. No estamos todavía en los niveles óptimos, francamente esta región debería estar invirtiendo alrededor del 27% del PIB, mínimo. Asia invierte más del 45% y Europa más del 35%, o sea que estamos todavía muy por debajo. La segunda cuestión que yo creo que es importante relevar, es que hay más empleo. Nuestra región tiene un desempleo de 6,4%, España del 26%. Hemos conservado empleo, pero precario. Necesitamos avanzar en productividad, somos todavía una región poco productiva. No somos totalmente optimistas, no somos pesimistas, pero estamos en la línea.
–De acuerdo con este análisis, ¿en qué se avanzó?
–Aprendimos lecciones macroeconómicas muy importantes y que hay que tomar ciertas decisiones macros para fortalecer el desarrollo interno. Brasil, el año pasado hizo cambios estructurales muy importantes en sus tasas de interés, en su tasa de cambio, en su tasa de inversiones. Quizás en una primera etapa esto se ve como una caída del crecimiento, pero yo estoy segura de que Brasil este año va a repuntar de una forma impresionante, porque está dotando de grandes inversiones a puertos, aeropuertos, infraestructura. Hay un dinamismo que viene. El tercer elemento positivo para algunas economías fueron los buenos precios de los commodities. Con cierta volatilidad en los últimos tiempos, pero no cabe duda de que China dictará dinamismo a la producción de soja, de alimentos, de minerales, de metales. Una de las grandes tareas de América latina es el cierre de brechas estructurales, entre la pequeña, la mediana empresa y la gran empresa. Es una misión sine qua non y creo que es la labor siguiente, la de lograr que ese mundo de la pequeña y la mediana empresa, que solamente contribuye al 6% de las exportaciones totales, y que tiene una productividad muy baja en relación con las grandes empresas, debe cambiar ese cosmos de las pequeñas y medianas empresas, y articularlo en cadenas de valor, que generen más empleo. Son las empresas que crean más del 60% del trabajo, pero de carácter informal.
–Mencionó a Brasil y a Argentina, que en el Cono Sur aparecen como potencias económicas más emergentes. Precisamente, en ambas naciones se aplicaron políticas desde el Estado, incluso para fomentar inversiones, desarrollo, el cambio de la estructura económica del país, pero también para achicar las desigualdades en la población. ¿Cuánto tuvo de importancia esta decisión política de fortalecer nuevamente al Estado después de todo lo que pasó en los años ’90?
–Para mí, es esencial. Y las cifras así lo muestran. Dos de los países que más avanzaron en achicar la brecha de desigualdades son Brasil y la Argentina. Brasil sacó de la pobreza a 40 millones de personas. En la Argentina cayeron varias décimas en su coeficiente de Gini. Y la verdad que esa disminución de la pobreza es muy importante, porque esa gente que sale de la carencia, es la que necesita bienes y servicios, línea blanca (cocinas, lavarropas, heladeras, etc.), la que se bancariza. De maneras distintas, con economías diferentes, distinto tamaño y con una estructura interna diferente, ambos países aplicaron estímulos de carácter fiscal, social y laboral que protegieron el empleo y el salario mínimo. Ese es uno de los temas más importantes, que puede ser uno de los grandes blindajes en la crisis. Prácticamente todos los países de América latina aplicaron incentivos fiscales, laborales. Posiblemente, México fue el que menos estímulos aplicó en la parte económica, pero sí en la del trabajo, protegiendo empleo, negociando con empresas. Argentina utilizó muchos de esos instrumentos, y fue muy positivo. Pero la crisis es larga, es difícil. Por lo tanto, habrá que ver cómo viene 2013. Creo que para la Argentina y Brasil va a venir mucho mejor. México dependerá de cómo le vaya a Estados Unidos. En el resto de la región hay algunos países a los que les va a ir muy bien, como Panamá, Paraguay o Perú. Lo que más nos debe preocupar hoy por hoy es el Caribe. Lo veo muy vulnerable, con un déficit fiscal importante, con una deuda interna muy alta. Entonces, creo que nos debemos colocar detrás del Caribe todos en este nuevo ambiente de Celac.
–Acaba de terminar la primera cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños con la Unión Europea en Santiago de Chile. Algunos plantean que los europeos vinieron a buscar ayuda financiera, porque toda la región se presenta como un monobloque, fuerte, sin la presencia ni de Estados Unidos ni de Canadá, con la toma de decisiones políticas independientes, y con una fortaleza en su crecimiento económico, mientras la economía de la eurozona se pone más al rojo. ¿Cómo equilibrar mantener el mercado con la ayuda a los países del Caribe?
–Hay varias cosas para hacer. Esta región tiene mucho espacio para avanzar en el comercio interregional, para volverse más dinámico, para internacionalizar nuestras propias pymes. Participé en el foro empresarial sobre este tema, sé que a Europa le interesa internacionalizar a las suyas, pero nosotros tenemos una tarea pendiente: primero vamos a internacionalizar las nuestras. Y lo que se está consiguiendo aquí es más simetría en el diálogo, y ojalá en los acuerdos. Europa efectivamente está en una situación difícil, pero va a salir adelante. La Unión Europea tiene fortaleza, tiene espaldas, tiene recursos y posee activos. Opino que si sale de esta crisis, va a salir fortalecida, si sale con una unión monetaria y con una unión fiscal, sin dudas. Entonces, eso no quiere decir que América latina pueda ser la solución. Lo que si podemos es generar una asociación estratégica más equilibrada. Es decir, la inversión de Europa que vino a América latina, históricamente, lo hizo con mayor transferencia tecnológica, con prácticas laborales también interesantes, y con inversiones de planta. Eso es lo que hay que buscar, que vengan a invertir a América latina, pero que inviertan y se unan a las estrategias nuestras. Es decir, si nuestras estrategias están por el lado de la reindustrialización y de la política industrial, de producir más y mejor, pero siempre con mayores empleos de calidad y no a costa del empleo barato o flexibilización laboral. El otro gran tema es la innovación. Europa tiene todavía un deber pendiente con nosotros, en la transferencia tecnológica. Ellos tienen las mayores patentes de medio ambiente en el mundo, y nosotros tenemos grandes necesidades en el tema ambiental. Por ejemplo: la energía solar, agua, saneamiento. Estoy segura que hay oportunidades fantásticas para coinvertir. “Coinvertir” es la palabra.
 
Fuente: Miradas al Sur.

SARMIENTO EL PADRE DEL AULA QUE NO SIEMPRE ES EL MEJOR EJEMPLO

Nuevo aniversario de su nacimiento. Notable como escritor, cuestionado como político, fue un hombre que no paraba en el autoelogio, capaz de poner por escrito sus proyectos extravagantes, su crueldad, su intolerancia y su racismo. Retrato de un prócer cada vez más revisado.
 
Por Gustavo Ruben Giorgi
 
A mediados del siglo que pasó, los niños argentinos nos formábamos en el amor a las virtudes patrias con el patrocinio de tres espíritus tutelares: el general José de San Martín, Padre de la Patria; el general Manuel Belgrano, Creador de la bandera; y el también general (aunque se le escamoteaba el grado) Domingo Faustino Sarmiento, Padre del aula. Es decir que entre el 3 de junio de 1770, fecha de nacimiento del segundo y el 11 de septiembre de 1888, día de la muerte del último, transcurría un lapso irrevisable de nuestra experiencia como país según los dictados de la historia oficial. Era aquel un período de bronce, pero no en el sentido decadente utilizado para comparar tiempos vulgares con otros perdidos de oro y plata, sino como denotando algo estatuario, pulido, brillante, congelado, inaccesible.

Los educandos participábamos gustosos y conmovidos del culto a San Martín y Belgrano, con su auras respectivas de gloria militar y renunciamiento, sacrificio y pobreza; pero no había quien no abrigara algún resquemor por ese señor entrompado que, invariablemente, nos recordaba nuestras obligaciones escolares. Porque Sarmiento había sido un niño modelo. Porque Sarmiento había sido el mejor compañero. Porque Sarmiento nunca había mentido ni faltado a la escuela. Como todas estas prendas de su personalidad que se nos ocurrían odiosas las había divulgado el prócer mismo en Recuerdos de provincia, no es extraño que los ímprobos esfuerzos por alojarlo en aquel altar resultaran más o menos fados. No seríamos los únicos en resistirlo.
Es que el hombre no paraba en el autoelogio; era capaz de poner por escrito sus proyectos extravagantes, su crueldad, su intolerancia y su racismo. La historiografía liberal hizo lo que pudo pero no hubo caso: no se podía con "el loco" Sarmiento, tal vez el personaje más complejo y contradictorio de la vida nacional. Pero logró disimular por mucho tiempo la complejidad de su carácter ciñéndolo a su apasionada misión de educador. En la desembozada defensa de mezquinos intereses, aquellos escribas lo redujeron poco menos que a un "maestro ciruela" –o maestro de Ciruelo–, retaceando explicar las causas de su fallida presidencia, ocultando su drama al siempre vigente debate sobre el papel del intelectual en la política e ignorando el sacrificio que hizo de su literatura en aras de la difusión de sus ideales en la prensa, un empeño que parece poca cosa para la que muchos consideran como la mejor prosa escrita en castellano en el siglo XIX.
Sarmiento fracasó como político. Su proyecto de hacer de nuestra pampa una réplica de las praderas labradas con esmero por miles de farmers anglosajones estaba muerto antes de nacer. Así como estuvo siempre subordinado políticamente a Mitre, también recibió de este el proyecto de la oligarquía parasitaria de la ciudad-puerto a la que sólo le interesaba el exterminio del indígena y el gaucho para echarle vacas al campo y vivir de rentas. Las palabras que dirigió al pueblo de Chivilcoy poco antes de asumir la presidencia son de un candor inimaginable en un hombre como él:
"Yo haré uso de esta fiesta publicando desde aquí mi programa de gobierno; y digo pues a todos los pueblos de la república que Chivilcoy es el programa de gobierno del presidente Domingo Faustino Sarmiento. Decidles a mis amigos que no se han engañado al elegirme presidente de la república, porque les prometo hacer cien Chivilcoy en los seis años de mi gobierno, con tierra para cada padre de familia, con escuelas para sus hijos. He aquí mi programa de gobierno y si el éxito corona mi esfuerzo, Chivilcoy tendrá parte en ello, por haber sido el pionero que ensayó con mejor espíritu la nueva ley de tierras, y ha estado demostrando que la Pampa no está condenada, como se pretende, a dar exclusivamente pasto a los animales, sino que en pocos años ha de ser luego asiento de pueblos libres, trabajadores felices."
Se ve claro que la tragedia de Sarmiento, la de Alberdi y la de tantos hombres para los cuales la Argentina era una pasión, fue la de pretender pensar el país y no pensar en el país. Lo que veían no les gustaba, los prejuicios los cegaron y malgastaron lo mejor de su esfuerzo yendo en pos de una copia, réplica o símil que no podía prosperar, porque ni las condiciones geográficas eran las del modelo ni las relaciones políticas lo podían consentir. Sarmiento, que no tenía partido, se puso incondicionalmente al servicio del proyecto de Mitre de aniquilamiento de los caudillos –bien que de unidad nacional, justo es reconocerlo cuando había secesionistas en Buenos Aires– y hasta le condujo una guerra de policía:
"Sandes ha marchado a San Luis. Si Sandes va, déjenlo ir. Si mata gente, cállense la boca. Son animales bípedos de tan perversa condición que no sé lo que se obtenga con tratarlos mejor." (Cita en Busaniche, José Luis: Historia Argentina)
¿Un exa-brupto? Para nada. La correspondencia con Mitre está llena de estas confesiones de su desprecio por la vida:
"No trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre es lo único que tienen de seres humanos." (Ibídem)
Hay quien podrá decir que eran tiempos violentos y que cabía esperar de casi todos un tratamiento similar hacia los enemigos. Es posible, porque no empiezan ni terminan en Sarmiento las degollinas frenéticas de nuestras guerras civiles. Pero, ¿cómo explicar este ensañamiento con el vencido?
"Mucho puede sugerir el sentimiento de humanidad a favor de los indios. Pocas han de ser las madres que traigan consigo pequeñuelos, que deben acompañarlas siempre; pero dejarles los niños de diez años para arriba, por temor de que sufran con la separación, es perpetuar la barbarie, ignorancia e ineptitud del niño condenándolo a recibir las lecciones morales y religiosas de la mujer salvaje. Hay caridad en alejarlos cuanto antes de esa infección." (Obras Completas, Tomo XLI)
¡Qué diferencia con la mirada piadosa y autoconmiserativa de Lucio V. Mansilla, quien fue hombre igualmente capaz de vivir entre los indios para conocerlos de primera mano como de ofrecerle en bandeja de plata la candidatura presidencial a Sarmiento! Tarde se dio cuenta este de que tanta sangre, tanta injusticia, tanta crueldad no servirían para sus idílicos proyectos de colonización:
"Para el Ministerio de la Guerra y para gloria del ejército, lo hecho hasta aquí, destruyendo ahuyentando, reduciendo a los indios, basta y sobra para merecer la estimación pública, (…). Basta y sobra lo hecho, (…) y a los hombres acaudalados, o patriotas, o promotores de empresas, que midan el mal que puedan hacer con ofrecimientos de empresas que no significan en realidad nada (…). (Ibídem).
Los destinatarios de la queja eran los prohombres de la Sociedad Rural que habían ofrecido su ayuda al gobierno para la guerra contra el indio porque, a pesar de tanto alarde de la "cooperación más decidida", "se nos asegura, sin embargo, que la suscripción del empréstito progresa lentamente, o más bien no da signos de vida, lo que debe ser una triste muestra de lo que es el interés público, cuando no sean las rentas ordinarias las que suministran los medios de llevar a cabo un deseo general." (Ibídem).
Así anduvo por la vida, alternando buenas y malas: impulsor de la educación pública, laica y gratuita, impugnador de los derechos argentinos sobre la Patagonia; primer Censo nacional, Guerra del Paraguay; creación del Observatorio Astronómico de Córdoba, desprecio por la población nativa; fundación de 800 escuelas, del Liceo Naval y el Colegio Militar, valedor del fraude electoral más descarado; extensión de las redes telegráfica y ferroviaria, desdén por las autonomías provinciales; promotor incansable de la actividad industrial, impiedad con los vencidos; creador del Arsenal de Marina y propulsor de la educación de las mujeres, persecución sangrienta de los caudillos. Hizo, en fin, mucho, pero sólo en la medida en que los que detentaban el poder real lo dejaron hacer.
 
Sarmiento fue todo lo que quiso y se propuso: periodista, militar, ministro, superintendente de escuelas, gobernador, ministro, senador y presidente de la Nación. Un poco porque era ambicioso y otro bastante porque le tocaron tiempos en que no sobraban las capacidades para ocupar esos lugares. Pero es inimaginable que se haya propuesto ser lo que en definitiva es el mayor de sus motivos de gloria: un escritor excepcional. Ciertamente, no se imagina uno al huracán sanjuanino aspirando a la condición de estilista de nuestro idioma.
Cuando uno se enfrenta a las Obras Completas, se siente abrumado por la variedad temática de sus 16 mil páginas en 53 volúmenes en las que escribió con la impunidad del autodidacto sobre lo divino y sobre lo humano: crítica literaria, historia militar, política, pedagogía, derecho, biografías, geopolítica, economía y memorias, además de ingentes compilaciones de artículos periodísticos, papeles de la presidencia y discursos parlamentarios. No creemos errar ni descubrir nada si afirmamos que la literatura fue una consecuencia del obrar político de Sarmiento, quien quizá diera por descontado que para un hombre público del siglo del Positivismo y el Romanticismo escribir bien no era el mayor de los méritos, sino una condición inexcusable para difundir sus ideas, combatir a sus adversarios y defenderse de los embates de estos.
En la selva de páginas que nos dejó hay tres libros que pertenecen a la mejor literatura de nuestro idioma: Facundo (1945), Viajes (1845-1847) y Recuerdos de provincia (1850). Pocos libros, como el primero, ofrecen un comienzo tan estimulante que exige de inmediato habitar nuestra memoria:"¡Sombra terrible de Facundo, voy a evocarte, para que sacudiendo el ensangrentado polvo que cubre tus cenizas te levantes a explicarnos la vida secreta y las convulsiones internas que desgarran las entrañas de un noble pueblo! Tú posees el secreto: ¡revélanoslo!" Pocos libros en su género, como el segundo, son tan agradables y amenos. Pero es el último el que nos parece su obra más acabada, porque posee una unidad de concepción y estilo que a los otros les falta. Después, aquí y allá, en toda su obra, hallará el lector observaciones agudas, proposiciones osadas, opiniones irritantes y no pocos disparates: eso sí, todo ello escrito de una manera irreprochable.
"Sarmiento escribía sólo cuando tenía algo que decir. Sus hábitos eran los del periodista, no los del escritor. Ocupado en muchas tareas a la vez, sus palabras eran otro modo de obrar. Golpean como olas. Y si parecen retirarse, disminuidas, es la retirada del mar. Que vuelve en seguida con más ímpetu. Llega sin esfuerzo a la plenitud expresiva; y aún en sus descuidos rebosa el genio." (Anderson Imbert, Historia de la Literatura Hispanoamericana)
¡Sombra terrible de Sarmiento! Escribo estas líneas en Zárate, mi ciudad natal, un pueblo al que Sarmiento quiso mucho, favoreció con obras de gobierno y llegó a habitar. A veces lo busco en la perspectiva larguísima de los paredones centenarios del Arsenal de Marina; o desde la barranca trato de imaginármelo, de vislumbrarlo al otro lado del río en su casa en la isla; o procuro sorprenderlo conversando con los vecinos en la esquina de 3 de Febrero y Gral. Paz, en el lote que le legaron los hijos de Francisco Javier Muñiz y hoy ocupa la escuela que lleva su nombre.
Hasta ahora no lo he logrado pero –¡ay!– luego de estas líneas, que seguramente no le hacen justicia, mi búsqueda no podrá ignorar la certeza de que en caso de improbable encuentro, el fantasma del genio fulminará mi mediocridad con miradas severa, recriminando a mi osadía el irresponsable dictamen. No sé si eso puede llegar a pasar (de la imaginación todo es esperable), pero si así fuera estoy seguro de qué modo lo hallaré: estará empacado, chinchudo, soberbio, putañero le pese a quien le pese y, por supuesto, sordo como una tapia. «
 
Fuente: Tiempo Argentino.

LA EDITORIAL MAS COLORINCHE DEL MUNDO CUMPLE 10 AÑOS

Eloísa Cartonera festeja en San Telmo. La pionera de las editoriales cartoneras de América Latina, nacida en plena crisis de 2001, rememora su década de trayectoria en el mercado literario con una muestra de libros y esténciles y un registro gráfico de su historia.
 
Por Ivana Romero.
 
Por Coronel Díaz yendo a Santa Fe, / juntando cartones, papeles, pedazos / de viejos diarios, botellitas, plásticos, / iba solita, toda pintadita / como una muñequita entre las basuritas", dice el poema "La cartonerita", de Washington Cucurto. No es casual que el emprendimiento que impulsó este poeta –cuyos textos se caracterizan por buscar belleza en lugares impensados–, esté armado con esos mismos cartones y palabras que en medio de la crisis brotaban en la calle. Esos materiales resultaron ser muy resistentes. Porque la editorial Eloísa Cartonera está a punto de cumplir diez años como institución "más o menos formal", según aclaran sus responsables.
Para celebrarlo, esta cooperativa que publica textos de autores consagrados con el mismo empeño con el que busca rarezas literarias, celebró un encuentro ayer por la tarde en el centro cultural Los Chisperos (Carlos Calvo 240) en San Telmo. De ese modo, inauguró además una muestra que incluye libros, stenciles y afiches para reconstruir la historia de quienes se definen como "la editorial más colorinche del mundo, pionera de las editoriales cartoneras de América Latina, nacional y boquense".
La historia comenzó en enero de 2003. Por entonces Washington Cucurto y Javier Barilaro viajaron a Santiago de Chile para vender los libros de poesía de su pequeña editorial, Ediciones Eloísa. El futuro del emprendimiento se había complicado con el colapso económico del 2001: el precio del papel se había disparado a las nubes. El vuelo se demoró y eso permitió que el escritor le contara al diseñador una idea que se le había ocurrido para salir adelante: ¿qué pasaría si ellos compraran el cartón a los cartoneros que recorrían las calles porteñas y unas resmas de hojas A4 para armar artesanalmente libros muy baratos? Así nació Eloísa Cartonera, que en principio funcionó cerca de la galería Belleza y Felicidad –ese polirrubro creativo en Almagro comandado por la artista Fernanda Laguna– con el nombre de "cartonería No Hay Cuchillos Sin Rosas".
La legisladora Gabriela Cerruti, mentora del centro cultural, abrió la presentación afirmando que "la Argentina ha inventado cosas horribles como el término ‘desaparecido’ pero también inventó formas maravillosas de salir de las crisis a través del trabajo y la cultura. Este es uno de los casos". Luego, Miriam Merlo –que al principio vendía a "la Carto" los cartones que recolectaba hasta que pasó a formar parte del proyecto– aseguró que allí pagaban por las cajas cinco veces más de lo que los cartoneros recibían de los mayoristas. "Era, en realidad, el precio justo, la materia prima que originó los esténciles y las letras recortadas y coloridas con que se hacen las tapas", dijo. En cuanto al catálogo, Cucurto explicó que se fue armando con textos famosos cedidos por sus autores, rescates literarios e inéditos de valor.
Otro de los cooperativistas, Alejandro Miranda –un chileno de 35 años que antes de sumase al proyecto había hecho mil trabajos para surfear la crisis, incluido uno en servicios fúnebres– se refirió a una idea que atraviesa el trabajo hasta hoy: "Sumamos a los cartoneros como actores del proceso y trabajadores activos, lo que dignificaba su actividad y creaba un vínculo." Así, ellos dejaron de ser sólo proveedores para convertirse en colaboradores en la fabricación de los libros.
"Todos se hacen cargo de todas las tareas", sintetizó María Gómez, también integrante de Eloísa, para explicar cuál es el sentido del concepto "cooperativa". Los diez socios saben imprimir, hacer tapas, ensamblar interiores y vender los libros terminados. Y también, pintar las portadas con colores chillones y tipografías que desafían la imaginación de cualquier diseñador, lo que también ha constituido su identidad, mestiza y juguetona. Quizás por eso el mítico Eloy Martínez –quien cedió el cuento "Bazán" para su publicación entre tapas de cartón– dijo una vez que estas piezas estaban "destinadas a ser joyas de coleccionistas: ninguna tapa es igual a otra, todos los ejemplares son únicos".
Casi 160 títulos crearon un catálogo heterogéneo tanto a nivel geográfico como estilístico que incluye –haciendo una síntesis caprichosa– a Horacio Quiroga, Rodolfo Walsh o Julio Cortázar y también a Ricardo Zelarrayán, Leónidas Lamborghini, César Aira, Diana Bellesi, Fabián Casas o Damián Ríos. En tanto que la selección internacional la componen escritores como el guatemalteco Rodrigo Rey Rosa, los chilenos Sergio Parra y Pedro Lemebel, los mexicanos Julián Herbert y Mario Bellatin, la brasileña Camila Do Valle, el peruano Santiago Roncagliolo, el uruguayo Mario Levrero y el colombiano Andrés Caicedo. Además Ricardo Piña, uno de los cooperativistas, publicó Ortega no se va.
 
"Nos interesa la prosa tanto como la poesía y publicamos autores que nos gustan. A veces decimos que éste es un club de fútbol chico, de los que han salido escritores que después se destacan como Juan Diego Incardona o Dani Umpi", comentó Miranda a Tiempo. También dijo que los autores de Eloísa son leídos sin prejuicio por públicos de todo tipo. Y que eso se debe, entre otras cosas, a que cada ejemplar cuesta entre 10 y 30 pesos. "Hacer libros accesibles hace que más gente lea", afirmó. En el mismo sentido, otro integrante de la cooperativa, Julián González, afirmó que "en estos diez años Eloísa se ganó un lugar de peso propio en el mercado literario under y alternativo".
El proyecto –que actualmente funciona en Aristóbulo del Valle al 600, en La Boca– recibió en 2012 el Premio Principal Príncipe Claus, en Holanda, que reconoce a "personas u organizaciones cuyas acciones culturales tienen un impacto positivo en el desarrollo de sus sociedades". También inspiró la creación de 60 editoriales similares en América latina: Sarita Cartonera, (Perú), Yerba Mala y Mandrágora Cartonera (Bolivia), Animita Cartonera (Chile), La Cartonera y Santa Muerte (México), Felicita Cartonera y Yiyi Jambo (Paraguay) y Dulcineia Catadora (Brasil), entre otras. Se consolidó así una estética cartonera, que se define en el manifiesto de Yerba Mala: "Se acerca más a lo inacabado que a lo certero, más al instante que a lo eterno, a la apertura más que a la edición/lujo/final/tapa/dura". «
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Dónde
En el C. C. Los Chisperos Carlos Calvo 240.
 
Fuente: Tiempo Argentino

"BENEDICTO XVI ES UN PAPA FRUSTRADO"

Entrevista a Leonardo Boff. El teólogo brasileño al que Ratzinger obligó a callar, habla con asombrosa humildad sobre su antigua relación amistosa con el Sumo Pontífice y de las divisiones en la Iglesia. 
 
El teólogo brasileño Leonardo Boff es un personaje clave para entender quién es Benedicto XVI y qué espera el catolicismo más progresista de esta nueva etapa en la Iglesia. Porque es uno de los teóricos de la Teología de la Liberación, conoce a Joseph Ratzinger desde que estudiaba en Europa y cuando el alemán dirigió a la Congregación para la Doctrina de la Fe hizo todo para expulsarlo, como él mismo cuenta en este reportaje. La entrevista original fue realizada por el diario conservador Folha de São Paulo pero el propio Boff, indignado por los recortes que le hicieron para publicarla, decidió subirla en su blog en forma completa.
–¿Cómo recibió usted la renuncia de Benedicto XVI?
–Yo desde el principio sentía mucha pena por él, pues por lo que conocía, especialmente de su timidez, imaginaba el esfuerzo que debería hacer para saludar al pueblo, abrazar a las personas, besar a los niños. Estaba convencido de que un día él aprovecharía alguna ocasión sensata, como los límites físicos de su salud y el menor vigor mental, para renunciar. Aunque se mostró como un papa autoritario, no estaba apegado al cargo de papa. Me sentí aliviado porque la Iglesia está sin un líder espiritual que suscite esperanza y ánimo. Necesitamos otro perfil de papa más pastor que profesor, no un hombre de la Iglesia-institución sino un representante de Jesús, que dijo: "Si alguien viene a mí, no le echaré fuera" (Evangelio de Juan 6,37), ya fuera un homoafectivo, una prostituta, un transexual.
–¿Cómo es la personalidad de Benedicto XVI, ya que usted mantuvo cierta amistad con él?
–Conocí a Benedicto XVI en mis años de doctorado en Alemania, entre 1965-1970. Oí muchas conferencias de él pero no fui alumno suyo. Él leyó mi tesis doctoral: "El lugar de la Iglesia en el mundo secularizado" y le gustó mucho hasta el punto de buscar una editorial para publicarla, y era un ladrillo de 500 páginas. Después trabajamos juntos en la revista internacional Concilium, cuyos directores se reunían todos los años en la semana de Pentecostés en algún lugar de Europa. Yo la editaba en portugués. Esto fue entre 1975-1980. Mientras los demás hacían la siesta, él y yo paseábamos y conversábamos sobre temas de teología, sobre la fe en América Latina, especialmente sobre San Buenaventura y San Agustín, de los cuales él es especialista y a los que yo hasta hoy frecuento a menudo. Después, en 1984, nos encontramos en un momento conflictivo: él como juez mío en el proceso del ex Santo Oficio movido contra mi libro Iglesia: carisma y poder. Ahí tuve que sentarme en la silla donde, entre otros, se sentaron Galileo y Giordano Bruno. Me sometió a un tiempo de "silencio obsequioso", tuve que dejar la cátedra y me fue prohibido publicar cualquier cosa. Después de esto nunca más nos volvimos a encontrar. Como persona es finísimo, tímido y extremadamente inteligente.
–Como cardenal fue su inquisidor después de haber sido su amigo, ¿cómo vio usted esta situación?
–Cuando fue nombrado prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex Inquisición) me sentí sumamente feliz. Pensaba: finalmente tendremos un teólogo al frente de una institución con la peor fama que se pueda imaginar. Quince días después me respondió agradeciendo y decía: creo que hay aquí en la Congregación varios asuntos suyos pendientes y tenemos que resolverlos. Y es que prácticamente cada vez que publicaba un libro llegaban de Roma preguntas de aclaración que yo me demoraba en responder. Pero de Roma no viene nada que no haya sido enviado antes a Roma. Aquí en Brasil había obispos conservadores y perseguidores de teólogos de la liberación que enviaban las quejas de su ignorancia teológica a Roma con el pretexto de que mi teología podría hacer daño a los fieles. Ahí me di cuenta de que él ya había sido contaminado por el bacilo romano que hace que todos los que trabajan en el Vaticano rápidamente encuentren mil razones para ser moderados y hasta conservadores. Y entonces más que sorprendido quedé verdaderamente decepcionado.
–¿Cómo recibió usted ese castigo de "silencio obsequioso"?
–Tras el interrogatorio y la lectura de mi defensa escrita que está como anexo en la nueva edición de Iglesia; carisma y poder, son 13 los cardenales que opinan y deciden. Ratzinger es solo uno de ellos. Después someten la decisión al papa. Creo que el suyo fue un voto discrepante de la mayoría, porque conocía otros libros míos de teología, traducidos al alemán, y me había dicho que le habían gustado e incluso una vez, delante del Papa en una audiencia en Roma, hizo una referencia elogiosa. Yo recibí el "silencio obsequioso" como lo haría un cristiano ligado a la Iglesia: lo acogí con calma. Recuerdo que dije: "Es mejor caminar con la Iglesia que solo con mi teología." Para mí fue relativamente fácil aceptar la imposición porque la Presidencia de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB, en portugués) siempre me había apoyado y dos de sus cardenales, don Aloysio Lorscheider y don Paulo Evaristo Arns, me acompañaron a Roma y participaron, en una segunda parte, del diálogo con el cardenal Ratzinger y conmigo. Ahí éramos tres contra uno. Algunas veces pusimos al cardenal Ratzinger en aprietos pues los cardenales brasileños le aseguraban que las críticas contra la teología de la liberación que él había hecho en un documento recientemente publicado eran eco de los detractores y no un análisis objetivo. Y pidieron un nuevo documento positivo. Él acogió la idea y realmente lo hizo dos años más tarde. Y nos pidieron también, a mí y a mi hermano Clodovis, que estaba en Roma, que escribiésemos un esquema y lo entregásemos en la Sagrada Congregación. En un día y una noche lo hicimos y lo entregamos.
–Usted dejó la Iglesia en 1992. ¿Le quedó alguna amargura de todo el affaire del Vaticano?
–Yo nunca dejé la Iglesia. Dejé una función dentro de ella, que es la de sacerdote. Seguí como teólogo y profesor de teología en varias cátedras, aquí y fuera del país. Quien entiende la lógica de un sistema cerrado y autoritario, poco abierto al mundo, que no cultiva el diálogo y el intercambio (los sistemas vivos viven en la medida en que se abren e intercambian) sabe que si alguien como yo no se alinea plenamente a tal sistema será vigilado, controlado y eventualmente castigado. Es similar al sistema de la seguridad nacional que hemos conocido en América Latina bajo los regímenes militares de Brasil, Argentina, Chile y Uruguay. Dentro de esta lógica, el entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex Santo Oficio, ex Inquisición), el cardenal Joseph Ratzinger condenó, silenció, depuso de la cátedra o transfirió a más de cien teólogos. De Brasil fuimos dos: la teóloga Ivone Gebara y yo. Por entender la referida lógica, y lamentarla, sé que están condenados a hacer lo que hacen con la mayor buena voluntad. Pero como Blaise Pascal dijo: "Nunca se hace el mal tan perfectamente como cuando se hace con buena voluntad." Sólo que esta buena voluntad no es buena, pues crea víctimas. No guardo ningún rencor o resentimiento pues tuve compasión y misericordia de aquellos que se mueven dentro de esta lógica que, a mi modo de ver, está a años luz de la práctica de Jesús. Además, es cosa del siglo pasado, ya pasado. Y evito volver a ello.
–¿Cómo evalúa usted el pontificado de Benedicto XVI? ¿Ha sabido manejar las crisis internas y externas de la Iglesia?
–Benedicto XVI fue un eminente teólogo, pero un papa frustrado. No tenía el carisma de dirección y animación de la comunidad, como lo tenía Juan Pablo II. Desgraciadamente, será estigmatizado de manera reduccionista como el papado donde aumentaron los pedófilos, los homoafectivos no fueron reconocidos y las mujeres fueron humilladas, como en los EE UU, donde se negó el derecho de ciudadanía a una teóloga por cuestión de género. Y también pasará a la historia como el papa que criticó fuertemente la teología de la liberación, interpretada a la luz de sus detractores, y no a través de las prácticas pastorales y libertadoras de obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos que hicieron una opción seria por los pobres contra la pobreza y a favor de la vida y de la libertad. Por esta causa justa y noble fueron mal interpretados por sus hermanos en la fe y muchos de ellos detenidos, torturados y asesinados por los órganos de seguridad del estado militar. Entre ellos se encontraban obispos como el obispo Angelelli de Argentina y el Arzobispo Oscar Romero de El Salvador. Dom Helder fue el mártir que no mataron. Pero la Iglesia es más grande que sus papas y continuará, entre sombras y luces, prestando un servicio a la humanidad, a fin de mantener viva la memoria de Jesús y ofrecer una posible fuente de sentido en la vida más allá de esta vida. Hoy sabemos por los Vatileaks que dentro de la Curia romana están enfrascados en una feroz lucha por el poder, especialmente entre la corriente Bertone, actual secretario de Estado, y el ex secretario Sodano, ya emérito. Ambos tienen sus aliados. Bertone, aprovechándose de las limitaciones del Papa, construyó prácticamente un gobierno paralelo. Los escándalos de filtración de documentos secretos de la mesa del Papa y del Banco del Vaticano, usado por los millonarios italianos, algunos de la mafia, para lavar dinero y enviarlo fuera, afectaron mucho al Papa. Y se fue aislando cada vez más. Su renuncia se debe a los límites de la edad y de las enfermedades, pero agravadas por estas crisis internas que lo debilitaron y que él no supo o no pudo atajar a tiempo.
–El Papa Juan XXIII dijo que la Iglesia no puede ser un museo, sino una casa con puertas y ventanas abiertas. ¿Cree usted que Benedicto XVI intentó transformar la Iglesia de nuevo en algo así como un museo?
–Benedicto XVI es un nostálgico de la síntesis medieval. Reintrodujo la misa en latín, escogió vestimentas de los papas renacentistas y de otros tiempos pasados, mantuvo los hábitos y ceremoniales palaciegos, a quien iba a comulgar le ofrecía primero el anillo papal para que lo besase y luego le daba la hostia, cosa que ya no se hacía. Su visión era restauracionista y es un nostálgico de una síntesis entre cultura y fe que existe muy visible en su Baviera natal, cosa que él comentaba explícitamente. Cuando en la Universidad donde él estudió, y yo también, en Munich, vio un cartel anunciándome como profesor invitado para dar una conferencia sobre las nuevas fronteras de la teología de la liberación pidió al decano posponerla sine die. Sus ídolos teológicos son San Agustín y San Buenaventura, que mantuvieron siempre gran desconfianza de todo lo que venía del mundo, contaminado por el pecado y necesitado de ser rescatado por la Iglesia. Es una de las razones que explican su oposición a la modernidad a la que ve bajo la óptica del secularismo y el relativismo y fuera del ámbito de influencia del cristianismo, que ayudó a formar Europa.
–¿La iglesia, a su juicio, va a cambiar la doctrina sobre el uso del condón y la moral sexual en general?
–La iglesia debe mantener sus convicciones, las que estima irrenunciables como el tema del aborto y la no manipulación de la vida. Pero debería renunciar al estatus de exclusividad, como si fuera la única portadora de la verdad. Debe entenderse dentro del espacio democrático, en el cual su voz se hace oír junto a otras voces. Y las respeta e incluso está dispuesta a aprender de ellas. Y cuando sea derrotada en sus puntos de vista, debería ofrecer su experiencia y tradición para mejorar donde pueda mejorar y aligerar el peso de la existencia. En el fondo, ella tiene que ser más humana, más humilde y tener más fe, en el sentido de no tener miedo. Lo que se opone a la fe no es el ateísmo, sino el miedo. El miedo paraliza y aísla a las personas de los demás. La Iglesia debe caminar junto a la humanidad, porque la humanidad es el verdadero Pueblo de Dios. Ella lo muestra más conscientemente, pero no se apropia exclusivamente de esta realidad.
–¿Qué debe hacer el futuro Papa para evitar la emigración de tantos fieles a otras Iglesias, especialmente a las pentecostales?
–Benedicto frenó la renovación de la Iglesia incentivada por el Concilio Vaticano II. No acepta que haya rupturas en la Iglesia, así que prefirió un punto de vista lineal, reforzando la tradición. Sucede que la tradición del siglo XVIII y XIX se opuso a todos los logros modernos, de la democracia, de la libertad religiosa y otros derechos. Él ha tratado de reducir la Iglesia a una fortaleza para defenderse de estas modernidades y veía el Vaticano como un caballo de Troya a través del cual podían entrar. No negó el Vaticano II, pero lo interpretó a la luz del Concilio Vaticano I, que está centrado en la figura del Papa con poder monárquico, absoluto e infalible. Así que se produjo una gran centralización de todo en Roma, bajo la dirección del Papa que, ¡pobre!, tiene que conducir una población católica del tamaño de la de China. Tal opción ha traído un gran conflicto en la Iglesia e incluso en episcopados enteros, como el alemán y el francés, y ha contaminado la atmósfera interna de la Iglesia con sospechas, creación de grupos, emigración de muchos católicos de la comunidad y acusaciones de relativismo y de magisterio paralelo. En otras palabras, en la Iglesia ya no se vivía una fraternidad franca y abierta, un hogar espiritual común a todos. El perfil del nuevo Papa, en mi opinión, no debe ser el de un hombre de poder y ni un hombre de la institución. Donde hay poder no existe amor y la misericordia desaparece. Debería ser un pastor, cercano a los fieles y a todos los seres humanos, independientemente de su situación moral, política y étnica. Debería tener como lema las palabras de Jesús, que ya he citado: "Si alguno viene a mí, yo no le echaré fuera", pues Jesús acogía a todos, desde a una prostituta como Magdalena hasta un teólogo como Nicodemo. No debería ser un hombre de Occidente que ahora se ve como un accidente de la historia, sino un hombre del vasto mundo globalizado que sienta pasión por los pobres y el grito de sufrimiento de la Tierra devastada por la avaricia consumista. No debería ser un hombre de certezas sino alguien que animase a todos a buscar los mejores caminos. Lógicamente se orientaría por el Evangelio pero sin espíritu proselitista, con la conciencia de que el Espíritu siempre llega antes que el misionero y el Verbo ilumina a todo hombre que viene a este mundo, como dice el evangelista San Juan. Debería ser un hombre profundamente espiritual y abierto a todos caminos religiosos para juntos mantener viva la llama sagrada que existe en cada persona: la presencia misteriosa de Dios. Y, por último, un hombre de profunda bondad, al estilo del Papa Juan XXIII, con ternura por los humildes y con firmeza profética para denunciar a aquellos que promueven la explotación y hacen de la violencia y de la guerra instrumentos de dominación de los demás y del mundo. Que en las negociaciones que los cardenales hacen en el cónclave y en las tensiones de las tendencias, prevalezca un hombre con este tipo de perfil. Como el Espíritu Santo obra ahí es misterio. Él no tiene otra voz ni otra cabeza que las de los cardenales. Que el Espíritu no les falte. «
 
Fuente: Tiempo Argentino.

domingo, 24 de febrero de 2013

UN YOGURT QUE RESUELVE LOS PROBLEMAS DE NUTRICION DE MAS DE 100 MIL CHICOS

 
 
Más de 136 mil niños con necesidades básicas insatisfechas de las provincias de Tucumán y San Juan reciben tres veces por semana por parte de cooperativas de esas provincias el alimento Yogurito, que es elaborado en el marco de un programa científico-nutricional del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), que también se trasladará a Misiones y Chaco.
El INTI participa del citado programa científico-nutricional Yogurito, que fue desarrollado hace cuatro años por el Centro de Referencia para Lactobacilos (CERELA), radicado en Tucumán y dependiente del CONICET. Los ejes fundamentales del proyecto buscan incorporar a la dieta de los niños en edad escolar, especialmente en sectores sociales que presentan problemas nutricionales, un yogur que contiene un probiótico láctico cuyos efectos permiten mejorar el estado de salud, aumentando sus defensas y protegiéndolos de las posibles infecciones gastrointestinales o respiratorias. Al mismo tiempo, el yogur mejoraría la eficacia de los medicamentos antiparasitarios.
El objetivo se alcanza integrando el yogur a los programas sociales provinciales y nacionales, principalmente aquellos relacionados con el refuerzo alimentario en las escuelas. A su vez, el programa apunta a reforzar las economías regionales, mediante la consolidación de productores cooperativos o pymes que fabriquen el yogur localmente. De esta manera, se incentiva la producción láctea local, gracias a la demanda permanente del yogur probiótico por parte del gobierno provincial, mientras que se incorpora un factor tecnológico en la producción de estas empresas, convirtiéndolas en una fuente de empleo calificado. <
 
Fuente: Tiempo Argentino.

"AL PENSAR EN NESTOR KIRCHNER, PIENSO EN FOLCLORE Y EN ROCK AND ROLL"

Gustavo Santaolalla nació en El Palomar en 1951. A los 16 fundó Arco Iris, uno de los grupos esenciales del rock nacional. Fue productor musical de Divididos, Bersuit y Calle 13, entre otros grupos. Ganó dos Oscar por la música de las películas Secreto en la montaña y Babel. El músico cuenta cómo trabajo la música del documental sobre el ex presidente.
Por Miguel Russo

Abajo, en los camarines del sótano de La Trastienda, Gustavo Santaolalla se sienta, pide que le alcancen una remera que dejó en el auto porque el calor parece no bajar ni con el aire acondicionado, deja el saco en el respaldo de la silla, acepta un vaso de vino y sonríe como para arrancar con la charla. Es la contracara de lo que ocurre arriba, en el piso de La Trastienda, donde las cámaras de televisión se agolpan y se superponen para lograr una nota con Adrián Caetano, Fernando Chino Navarro, Ricardo Forster o Carlos Polimeni, en sus roles de director, productor ejecutivo y guionistas, respectivamente, de Néstor Kirchner, el documental, film que recopilará fotos, videos y recuerdos sobre el ex presidente. Por ahora, toma un sorbo de vino e improvisa, como si nada, un mini-recital particular y magistral de charango. El diálogo que mantiene con el músico que se lo trajo es tan asombroso como sus dedos sobre las cinco cuerdas dobles.
–A ver cómo andamos con la afinación.
–Creo que bien. Fijate.
–Perfecto, espero que por lo menos ande por el barrio con los otros instrumentos.
–Está en mi menor. Así como me lo diste, lo guardé en el placard.
–Es impresionante que no se desafine un charango guardado en el ropero, ¿no? Un charango que viene de viajar por todo el mundo.
Dentro de un rato, claro, todas las cámaras y todos los micrófonos se abrirán para él, el encargado de ponerle música al documental. Pero ahora, sonríe relajado y dice un “Vamos”, como si estuviera a punto de subir a escena.
–¿Cómo reúne esa multiplicidad de voces que plantea este documental en un recorrido musical?
–Primero, tengo que ver las imágenes que seleccione Caetano. Conozco y me interesa la intención de documental. Me interesa también la gente que está involucrada en el trabajo. A algunos los conozco desde hace mucho tiempo, como es el caso de Ricardo Forster y Carlos Polimeni. Sé que hay una visión amplia con respecto a este documental que celebra la vida de ese ser tan especial que fue Néstor.
–¿Se refiere a un punto de vista no estrictamente político?
–Claro. Kirchner es un hombre que hizo política toda su vida, pero ese no es el enfoque del documental. No es la idea básica. Otra cosa interesante es la posibilidad de poder contar con material que fue aportado por la gente. Entonces, lo que va a determinar la música es, por un lado ver ese material, y por el otro, meterme en la historia de Néstor, en los lugares donde pasó tanto tiempo. La Patagonia es un referente muy fuerte para tener en cuenta a la hora de componer la música. La llegada a Buenos Aires, la pelea política, la presidencia. Pero se torna complicado determinar cómo trabajaré. Es como querer contar una pintura.
–Aunque la experiencia no sea la misma, ¿podrá trabajar como en las anteriores composiciones para filmes?
–No creo. A mí me gusta mucho trabajar desde el libreto de una película. Muchas de las músicas que hice para cine las compuse antes de que se filmara la película.
–Pero con el guión aprendido de memoria...
–Lo diferente en este caso es que el guión marcará sólo los grandes trazos históricos. Voy a trabajar con músicas que me inspiren los determinados lugares por donde transcurrió su vida. Estuve en El Calafate, en Trelew, lugares claves de la historia, tanto de la suya como de la mía. Y siento que fueron visitas muy inspiradoras, vamos a ver qué sale de todo ese viaje.
–¿Debería componerse de manera distinta ante esa reunión de miradas fílmicas: una para las filmaciones amateurs, otra para las profesionales?
–No creo que deba ser distinta. Es cierto que la mayor cantidad de materiales que van a llegar serán del velorio. Y seguramente habrá miradas de mucho dolor en esas escenas amateurs. Pero también llegaron materiales de encuentros que tuvo él con mucha gente en su andar por el país. Y son escenas de una alegría inmensa. Yo tengo fotos de amigos, por ejemplo del violinista de Bajofondo, que tiene una impresionante, de Santiago del Estero, donde ellos fueron a tocar y pasó Néstor. Es alucinante, un montón de gente agolpada y el brazo del violinista estirado para tocar la mano de Kirchner. Así como ésa, debe haber miles. También centenares de filmaciones caseras de encuentros. Y ahí está también lo que puede el talento de alguien como Caetano para ensamblar y compaginar todas las formas de ver. Él sabe muy bien cómo insertar la parte amateur, digamos, dentro de una historia. Pero estoy seguro que, justamente esas miradas no profesionales son las que le van a dar el mejor de los condimentos al documental para hacerlo entretenido y emotivo.
–¿Qué música piensa cuando piensa en Néstor Kirchner?
–Sé que no era muy fanático del tango. Entonces pienso por generación, ya que somos de la misma edad, este año también cumpliré 60, y por la edad con la que vivimos aquella época, pienso mucho en el rock y en el folclore. Me hace pensar en Arco Iris, que es un poco el parámetro que usé también para hacer Diario de motocicleta. Al igual que Kirchner, yo nací en 1951, pertenecemos a esa generación en la cual el rock se convirtió en el folclore de los jóvenes del mundo entero. Lo lindo de todo eso es que nosotros creamos nuestro propio movimiento, no necesitamos copiar. Podemos decir con orgullo y con veracidad que tenemos cuarenta años de rock nacional.
–Habló de política al principio de la charla. ¿Es posible hacer abstracción de la política en cuanto a la composición?
–No, lo que pasa es que yo pienso que detrás de las ideologías hay hombres. Y las ideologías te dan la pauta del tipo de hombre que es cada hombre. Obviamente, no solamente sus ideas, sino también sus acciones. Las palabras sin acción son como las flores sin perfume. La cosa es no solamente pensar sino en ver cómo se lleva a cabo ese pensamiento. Y en eso, es imposible dejar de lado la ideología. Pero me parece más interesante la ideología desde el punto de vista de lo que hacés: la búsqueda de una sociedad más justa, de una mejor distribución de la riqueza, de un lugar donde haya más oportunidades para todos, donde exista educación accesible a todo el mundo. Cosas que fueron cambios trascendentales y que ocurrieron desde 2003. Quizás el tiempo ayude a dimensionar bien todo eso. Eso responde a una ideología, pero parte del espíritu del documental es que esa ideología no esté sólo asociada a una forma partidaria sino que esté unida a un pensamiento que, en algún momento, hasta pueda estar más allá de lo ideológico.

Fuente: Miradas al Sur.

LA ESMA Y LA BANALIDAD DEL MAL

Una recorrida por el casino de oficiales, donde los marinos convivían las 24 horas con sus víctimas.
 
Por Raúl Arcomano 
 
    
Me quedo mirando el largo pasillo con puertas a ambos lados y pienso en El resplandor, el libro de Stephen King. Recuerdo las perturbadoras imágenes de la película de Stanley Kubrick: un nene recorriendo en su triciclo los pasillos de un enorme y vacío hotel con un pasado fantasmagórico. Acá las habitaciones están numeradas y por azar entro en la 56: veo un baño derruido y una habitación de cuatro por cuatro que parece de un alojamiento venido a menos. Pero esto no es un hotel: estoy en el primer piso del casino de oficiales de la ex Escuela de Mecánica de la Armada (Esma). Acá el terror no fue una ficción: fue real y cotidiano durante siete años. Recorro en silencio las entrañas del centro clandestino de detención más grande de la última dictadura, por el que pasaron unos cinco mil detenidos-desaparecidos. La experiencia es angustiante. Durante las tres horas que dura la visita no puedo dejar de pensar en una cosa: que un centenar de oficiales de la Marina pasaban las 24 horas del día allí, en las 75 habitaciones dobles del primer y segundo piso. Dormían allí mientras abajo, en el sótano, o arriba, en Capucha y Capuchita, cientos de militantes eran recluidos, hambreados, humillados, torturados y exterminados. Quizá Pilar Calveiro se refería a situaciones de este tipo cuando habló del “proceso de burocratización” de la maquinaria del terror: una cierta rutina que naturalizaba las atrocidades.
Como una Caronte moderna, Celeste Abrevaya nos lleva por las sombras del infierno. Es una de las guías del Espacio Memoria y Derechos Humanos, que funciona en el predio de la ex Esma. Son 17 hectáreas que recuperó el Estado en 2007: desde ese entonces, más de veinte mil personas han hecho este recorrido. Le pregunto a Celeste cómo fue la convivencia de los marinos con sus detenidos. Me cuenta una anécdota que lleva al paroxismo la relación opresor-oprimido. Es sobre Rubén Jacinto Delfín Chamorro, el director de la Esma en los primeros años de la dictadura. “Tenía una habitación dentro del casino de oficiales que era como una casita. Hasta venía los fines de semana con su mujer y su hija más chica”, dice. La adolescente tuvo el raro privilegio de festejar su cumpleaños de quince en la Esma. Algunos sobrevivientes recuerdan haber comido las sobras de la celebración.
El casino es una gran casa de tres pisos, con sótano y altillo, en los que se alojaba la alta oficialidad. Fue el núcleo duro de la represión en la Esma. Gracias al testimonio de los menos de 300 sobrevivientes, se supo cómo funcionó durante la dictadura. Todos los espacios están hoy vacíos. No hay reconstrucción que reproduzca su funcionamiento como centro clandestino de detención y exterminio. Sólo hay carteles con información, testimonios y planos. Desde el hall de entrada se ve El Dorado. Es un salón de unos 35 metros donde se planificaban los secuestros y las acciones represivas. Tenía planos de la ciudad de Buenos Aires y una serie de despachos para los oficiales y los auxiliares de Inteligencia. Un puesto de guardia controlaba con cámaras todos los movimientos de la Pecera, que estaba en el tercer piso. Y llegó a haber una central telefónica en un antiguo baño: desde allí algunos detenidos pudieron llamar a sus familiares. Toda la estructura del casino fue reformada en 1979, previo a la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (Cidh). Hasta se llegó a “escondder” detenidos a una isla cedida por la Iglesia Católica. El lugar se llamaba El silencio. Su historia fue contada en un libro del mismo nombre, escrito por el periodista Horacio Verbitsky.
 
Capucha y Capuchita. La recorrida por las mazmorras sigue por el sótano. Bajamos. Los techos son bajos, de hormigón. El sofocón que siento, y que percibo en mis compañeros de visita, no es sólo por la humedad y el calor. Casi la totalidad de los detenidos ingresó a la Esma por acá. Recibían allí su primer interrogatorio y primera sesión de tortura. De este lugar se hacían los “traslados”. La solución final pensada por los marinos: los vuelos de la muerte. Los detenidos eran sacados por el pasillo principal del sótano, al que los marinos llamaban “la avenida de la felicidad”. Los subían por una escalera a un playón, y de allí a Aeroparque. Antes se les inyectaba una dosis de Pentotal, un tranquilizante. Pentonaval, le decían los marinos. En el sótano era usual que se escucharan la radio y la TV a todo volumen. A veces ese volumen bajaba: la tensión eléctrica bajaba cuando se picaneaba.
Seguimos. Subimos al tercer piso, a Capucha. Techos a dos aguas, poca luz, vigas de metal. Una sobreviviente lo definió bien: “La soledad total, lo más cercano al infierno”. Otra dijo: “Es en Capucha donde se toma real conciencia de que el contacto con el mundo exterior ya no existirá más”. En Capucha había unos 35 cubículos donde eran recluidos los secuestrados. Los marinos los llamaban “camarotes”. Los detenidos estaban separados entre sí con una madera de un metro de alto: no se podían ver y no podían hablar con quien estuviera al lado. Y debían estar sentados con los pies hacia la pared y la cabeza de espaldas al pasillo. Pese a los controles, había pequeños actos de resistencia: contar un chiste, cantar, dar una caricia. En el lugar también hubo unas ocho celdas, más grandes que los cubículos. En una de ellas estuvo detenida más de un año Norma Arrostito, la líder montonera.
Al lado de Capucha había dos habitaciones que funcionaron como “maternidad”. Chamorro se jactaba de tener “la Sardá, pero de la izquierda”. Se alojaba a las detenidas embarazadas de más de siete meses y las tenían allí hasta que parían. Se estima que allí nacieron 35 bebés en cautiverio. Calveiro señala que con la maternidad se cerraba el círculo de poder de los marinos: decidían quién moría y quién nacía. Dar muerte y dar vida. Una omnipotencia virtualmente divina.
Justo a continuación estaba el Pañol: el depósito en el que se guardaban todos los bienes saqueados a los secuestrados. En la Esma estaban muy aferrados a sus alegorías marinas: pañol se le dice a la bodega de los grandes buques navales. En ese lugar luego se armó la Pecera: la redacción en la que hacían trabajo esclavo para Massera muchos de los detenidos. Muestra de la rapiña de los marinos: la biblioteca se armó con libros robados, con teletipos traídas de Cancillería y con el archivo del diario Noticias, de Montoneros. Avanzamos un piso más por una escalera angosta y empinada y llegamos a Capuchita. Es un altillo no muy grande. Se siente olor a humedad. Es el último lugar de reclusión, destinado a otras fuerzas de seguridad: Prefectura, Aeronáutica, Servicio de Inteligencia Naval. Había dos salas de tortura y cuchetas. Poca ventilación y luz natural. En una de las paredes se lee: “Mónica/Fe”. La inscripción tiene una serie de puntos alrededor: el equipo que preserva las instalaciones lo hizo en varias paredes del casino, para drenar la humedad y proteger las marcas.
 
La rutina del crimen. Termino la recorrida y no dejo de pensar en los verdugos viviendo día y noche con sus víctimas. Al igual que en la Esma, la mayoría de los centros clandestinos se ubicaron en las dependencias de las fuerzas armadas y de seguridad. Con un control institucional: operados por su personal. La modalidad represiva del Estado no fue un hecho aislado. No fue un exceso de grupos fuera de control. Fue –según Pilar Calveiro– una “tecnología represiva adoptada racional y centralizadamente”.
Calveiro es doctora en Ciencias Políticas egresada de la Universidad Nacional de México. Estuvo detenida en la Esma. Fue liberada y se exilió. Escribió un libro fundamental: Poder y desaparición. Los campos de concentración en la Argentina. Analiza allí que “en la larga cadena de mandos cada subordinado es un ejecutor parcial, que carece de control sobre el proceso en su conjunto”. En consecuencia, las acciones se fragmentan y las responsabilidades se diluyen. “Las cabezas dan unas órdenes con las que no toman contacto. Los ejecutores se sienten piezas de una complicadísima maquinaria que no controlan y que puede destruirlos.” Pienso: ¿Así los oficiales y suboficiales pudieron convivir en medio de una masacre implementada metódicamente?
Quien también investigó el tema fue el investigador del Conicet y profesor de la UBA Hugo Vezzetti. Lo hizo en el libro Pasado y presente. Guerra, dictadura y sociedad en la Argentina. Vezzetti sostiene que el papel y la responsabilidad de la “gente corriente” no pueden ser eludidos en un examen de las relaciones entre dictadura y sociedad. “Muchos –escribió– brindaron una participación necesaria pero subordinada, obsecuente incluso, en funciones menores dentro del aparato estatal, en las fuerzas armadas y de seguridad y en instituciones públicas diversas”.
“Quizá la mayoría de los perpetradores eran gente ordinaria, parte de una burocracia que realizaba su trabajo con empeño rutinario, empujados por motivaciones y cálculos igualmente ordinarios. Algo que es más intranquilizador que la imagen de verdugos depravados y disociados de la gente ‘común’”, aporta Vezzetti. A esto se refería la filósofa alemana Hanna Arendt cuando alumbró la teoría de la “banalidad del mal”, mientras cubría el juicio al jerarca nazi Adolf Eichman para la revista New Yorker, en 1963. De esa experiencia salió el libro Eichmann en Jerusalén. En síntesis, lo que sostiene allí Arendt es que Adolf Eichmann no era un monstruo o un enfermo mental, sino que actuó como un burócrata al que le importaba más cumplir con sus superiores que analizar las consecuencias de sus actos. No había en sus actos –según Arendt– un sentimiento de bien o mal. No era inocente, todo lo contrario. Pero era un operario dentro de un sistema de exterminio. Su teoría sigue siendo polémica. Dice Vezzetti: “Claramente el mal ejercido en la escala monstruosa de las ‘masacres administradas’ nunca es banal, pero en una gran proporción es llevada a cabo por sujetos mediocres y en sí mismos insignificantes”.
Tres horas después abandono el casino de oficiales. Camino hacia el Cuatro Columnas, nombre con el que se conoce al edificio símbolo de la Esma, el que da a la avenida Libertador. En la puerta principal varios chicos de primaria van y vienen. Uno le regala a un compañero un diminuto librito azul: es una Constitución nacional. Cruzo el patio interno del edificio y lo último que veo son las imágenes que logró rescatar Víctor Basterra mientras estaba detenido. Las fotos de los detenidos ilegales que salvó del olvido: rostros en blanco y negro, con la mirada perdida y un aura de indefensión. La mayoría continúan desaparecidos.
Cruzo el gran patio de honor y me viene a la mente una cita del filósofo y lingüista búlgaro Tzvetan Todorov: “Los muertos demandan a los vivos: recordadlo todo y contadlo. No solamente para combatir los campos sino también para que nuestra vida, al dejar de sí una huella, conserve su sentido.”
 
• EN EL JUICIO HAY 17 MARINOS ACUSADOS
La causa Esma es la segunda en importancia desde el juzgamiento a las juntas militares. El juicio lo lleva adelante el Tribunal Oral Federal Nº 5, a cargo de Ricardo Farías, Daniel Obligado y Oscar Hergott. Originalmente eran parte de este juicio 19 imputados, la mayoría de ellos ex miembros del grupo de tareas 3.3.2. Por razones de salud, se suspendió el proceso para los imputados Néstor Omar Savio y Carlos Orlando Generoso. Continúa el proceso entonces para 17 acusados, entre los que están: Alfredo Astiz, Jorge El Tigre Acosta, Juan Antonio Piraña Azic, Ricardo Miguel Sérpico Cavallo, Adolfo Gerónimo Donda Tiguel y Jorge Carlos Ruger Radice. “El grupo, si bien estaba al inicio integrado exclusivamente por miembros de la Armada, pronto incorporó para las labores de represión encomendadas a funcionarios de la Policía Federal, Servicio Penitenciario, Prefectura Naval y el Ejército, lo que explica el apoyo decidido y expreso de los altos mandos de la Armada, y en particular del almirante Emilio Massera. Esto demuestra claramente la colaboración de las distintas fuerzas como forma de operativizar el plan sistemático de exterminio”, informa un documento del Cels.
 
• CÓMO HACER PARA VISITAR EL PREDIO
Las visitas al casino de oficiales son guiadas, con una duración de dos horas aproximadamente. En ellas se relata cómo fue el funcionamiento del lugar en el marco del sistema represivo, el contexto político, social, cultural y económico. Además, hay medidas de seguridad con el fin de preservar sus instalaciones. Es que todo el casino de oficiales es prueba material en las causas judiciales que se vienen realizando en el ámbito federal. Las visitas guiadas se deben solicitar por teléfono al 4704.5525. O por mail a: espacioparala memoria@buenosaires.gov.ar o espacioparalamemoria@anm.jus.gov.ar
 
Fuente: Miradas al Sur.

"HAY QUE FRENAR LOS DESALOJOS"

Proyecto de ley. Organizaciones campesinas y de pueblos originarios de todo el país consensuaron una iniciativa para declarar la emergencia territorial por cinco años, una norma clave para preservar a los productores familiares.
 
Por Gabriel Bencivengo       
      
Necesitamos una norma de alcance nacional que funcione como escudo. Muchas de las mesas de diálogo que proponen las autoridades provinciales se revelan como estrategias para contener el conflicto y no desembocan en un freno a la expulsión de las comunidades campesinas y de los agricultores familiares”, asegura Avelino Valdés, delegado de la Regional NOA del Foro Nacional de Agricultura Familiar (Fonaf). La iniciativa, que será presentado durante la segunda quincena de abril, la impulsan el Fonaf, el Movimiento Nacional Campesino, el Frente Nacional Campesino, la Mesa de Organización Bonaerense y el Movimiento Campesino de Liberación.
“Tenemos el respaldo de diversos referentes de bloques legislativos, como el Frente para la Victoria, Nuevo Encuentro y del Partido Solidario”, señala Miriam Bruno, secretaria de la Federación de Organizaciones agrupadas en el Fonaf.
Se calcula que son unas treinta mil las familias afectadas en todo el país por los desalojos originados en órdenes judiciales y en resoluciones administrativas, cuando no, directamente, en el ahogo que provoca el avance de la soja, el desmonte indiscriminado y la apropiación que los grandes productores hacen de un recurso básico como el agua, y la escasa infraestructura instalada en las zonas rurales.
Con el objetivo de frenar las apropiaciones, el proyecto, además de suspender por cinco años los desalojos, establece la concreción de “un relevamiento situacional para constatar la posesión y el uso efectivo de las tierras” ocupadas por campesinos y agricultores familiares. La propuesta señala que será el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca, a través de la Secretaría de Desarrollo Rural y Agricultura Familiar, la autoridad de aplicación de la norma.
 
Los amigos del juez.“Hay toda una organización con raíces en el poder político, económico y judicial dedicada a la apropiación de la tierra. Es usual que, como por arte de magia, aparezcan supuestos propietarios para reclamar enormes extensiones que son trabajadas por generaciones de campesinos”, señala Bruno.
Quienes conocen la problemática explican que la técnica preferida por los apropiadores discurre por la criminalización de los ocupantes, estrategia que se complemente con formas más sutiles, como la presentación de documentación de dudoso origen y que, muchas veces, resulta apócrifa.
“En lugar de investigar la legitimidad del reclamante, se investiga a los ocupantes originarios. Vivimos los desalojos como situaciones violentas, con heridos y detenidos. En muchas ocasiones, son los mismos policías provinciales que actúan por orden judicial en los desalojos los que integran las patotas que responden a los terratenientes”, explica Valdés.
“A veces, la estrategia consiste en hacerle firmar a los ocupantes legítimos un derecho de pastoreo, que luego utilizan como antecedente para quedarse con la tierra”, agrega Valle Rodríguez, delegada de la Regional Centro del Fonaf.
 
Los disfrazados.“Hay más santiagueños en el conurbano bonaerense que en Santiago del Estero”, señala Valdés. Su frase resume el éxodo poblacional provocado por el avance de la frontera agrícola motorizada por el modelo hegemónico de producción.
En los hechos, el campesinado está en peor situación que los pueblos originarios. “Ni siquiera tenemos una ley que nos contemple como sujetos económicos y sociales, algo que sí existe, al menos desde lo normativo, en el caso de los pueblos originarios”, completa Rodríguez. Ambos coinciden en que la solución sólo llegará con organizaciones fuertes.
“Los de la Mesa de Enlace, cuando dicen que nos representan, son unos disfrazados. Estamos decididos a dar la pelea política para ocupar espacios. Nuestro objetivo es constituirnos en la quinta organización del campo”, dice Valdés.
La consolidación del autoconsumo, el acceso a mercados regionales, la posibilidad de conseguir créditos y la necesidad de adecuar los controles sanitarios a la realidad del sector son algunos de los temas que integran la agenda de la Fonaf.
Antes, sin embargo, las organizaciones campesinas y los pueblos originarios irán por la suspensión de los desalojos. “Se trata de una prioridad. Treinta mil familias dependen de esta ley. Es esencial que se apruebe”, concluye Bruno.
 
Fuente: Miradas al Sur

"JAMAS LA HUMANIDAD CONOCIO LA DEMOCRACIA, NI SIQUIERA LOS GRIEGOS"

El libro Transiciones desde un Gobierno Autoritario, escrito en 1986 por Philippe Schmitter, Guillermo O’Donnell y Lawrence Whitehead, cumple 25 años de pura influencia en procesos democráticos tan disímiles como el de Argentina, Corea o Sudáfrica. El politólogo estadounidense habló sobre la “democracia realmente existente” y la e-democracia.
 
Por Exequiel Siddig
      
En los 90, Guillermo O’Donnell y Ure (tal su nombre completo) era conocido en los pasillos de Sociales como “el Mick Jagger de la Ciencia Política”. Sus textos eran puro brit rock: gráciles, apabullantes, ineludibles. Un verdadero intelectual orgánico en el exilio, que escribía desde Estados Unidos en la Universidad de Yale (doctorado en 1985), Standford y Notre Dame. Un exilio que se prolongó por 30 años, desde 1978. Los estudiantes argentinos durante el menemato no podían aprobar los parciales si no sabían las características del “Estado Burocrático-Autoritario”, la calidad insuficiente de la “democracia delegativa” o cuáles eran las “zonas marrones” en América latina. Sin embargo, el hito fundacional que lo elevó al grado de celebrity intelectual en todo el mundo fueron los cuatro volúmenes de Transiciones desde un Gobierno Autoritario. Conclusiones tentativas sobre las democracias inciertas, escrito en coautoría con Philippe Schmitter y Lawrence Whitehead desde 1979 a 1986.
El libro fue de una intuición inusitada. Cuando comenzaron, se proponían terciar en el devenir de los nuevos regímenes democráticos que asomaban en el sur de Europa bajo el peligro de una regresión autoritaria. En 1974, la Revolución de los Claveles había dado por tierra la dictadura portuguesa de Salazar; la Junta de los Coroneles había caído en Grecia tras la bochornosa invasión a Chipre. Además, luego de una dictadura de más de 40 años, Juan Carlos I había asumido como rey de España a fines de 1978. Eso era casi todo, con eso empezaron, porque América Latina todavía se desangraba bajo el yugo del Cóndor. Cuando terminaron, Gorbachov ya había empezado con la glasnost, y Argentina y Brasil con sus primaveras.
“El libro fue un acto político para erosionar a esos regímenes autoritarios que odiábamos”, recordó O’Donnell en el encuentro con su ex socio que la Sociedad Argentina de Análisis Político (Saap) organizó junto a la Fundación Osde el 27 de julio pasado. Fue para celebrar la disertación “Democratización y democracias: a veinticino años de la tercera oleada democratizadora”. Carlos H. Acuña, quien los presentó, abonaría el mito de los tipos audaces. “En 1979, las crisis de los autoritarismos eran una especie de blanco móvil en la academia: había pocos casos y para colmo poco estudiados”.
Si O’Donnell representaba la soberbia de “los chicos malos”, Schmitter podría haber sido el Lennon de la politología norteamericana. Ex pintor, su tesis del Darmouth College en 1959 había sido sobre el Movimiento 26 de Julio, la resistencia cubana liderada por Fidel Castro, a quien podía jactarse de haber contribuido con unos pesos un par de años antes, cuando estudiaba artes en la Unam y trabajaba con un grupo de muralistas del México DF.
Schmitter y O’Donnell se encontraron a mediados de los ’70 como miembros del Programa Latinoamericano del Woodrow Wilson Centre, “un centro terriblemente reaccionario” –según el argentino– pero en el que gravitaba Abraham F. Lowenthal, un académico favorable a la política de derechos humanos de Jimmy Carter y que apostaba por el proyecto.
Schmitter por entonces ya era un consumado joven profesor de la Universidad de Berkeley, formado previamente en Ginebra y con una tesis doctoral sobre políticas de desarrollo en Brasil (1930-65), escrita bajo la anhelada tutoría de Seymour Martin Lipset.
Para enero de 2010, el Journal of Democracy pidió al intelectual estadounidense una retrospectiva, a la que tituló “25 años, 25 hallazgos”. Allí vuelve sobre su concepto de “democracias realmente existentes”, que se identifican por ser regímenes que se piensan a sí mismos como democráticos, que son aceptados como tales por el club de países democráticos a nivel mundial y que cumplen con los mentados requisitos con que Robert Dahl describió a las “poliarquías”: fuentes alternativas de información al alcance de la mano, libertad de asociación y organización y elecciones periódicas libres y justas, entre otros.
Con una cervecita bien helada en el microcentro, Miradas al Sur compartió un almuerzo con Philippe Schmitter, que habló sobre la perspectiva de la democracias latinoamericanas a años vista de su recuperación, cómo fueron las cosas en la Europa oriental –región de la que se convirtió en especialista– y de porqué Argentina debería probar con “el voto inteligente”.
En debate con la mentada teoría de la “poliarquía” de Robert Dahl, usted habla de “democracias realmente existentes”. ¿Podría definir esa noción?
–Hay dos maneras de definir la democracia. Una es académica: básicamente se intenta identificar cierta clase de propiedades definidas en una teoría y corroborar si un país las cumple o no. La otra es simplemente preguntar qué país se considera a sí mismo democrático y se sale con la suya, por así decir. En otras palabras, ¿los demás países lo aceptan como democrático? Jamás la humanidad ha conocido la democracia, ni siquiera los antiguos griegos. Lo que tenemos es una aproximación, “democracias realmente existentes”.
–¿Y cuáles son sus premisas, sus límites?
–Bueno, aquí es donde disentimos con Guillermo. Para mí, la frontera está definida por el mundo política real, no por los académicos. La mayoría de los Estados tienen democracia, hoy día. Puede ser que sea una democracia débilmente constituida, pero es una democracia al fin. Más o menos se corresponde con los criterios de poliarquía de Dahl: libertad de prensa, elecciones regulares, etc. Lo importante es: piénsate como democrático, y si los otros países que también se piensan a sí mismos como democráticos te aceptan en su club, pues eres democrático. Está plagado de democracias disfuncionales alrededor del globo –corruptas o lo que fueran–, pero eso no las hace ser no-democracias, sino democracias cualitativamente pobres. Aun así, siguen sosteniendo una serie de reglas que son aceptadas por una amplia pluralidad de actores políticos, que a su vez esperan continuar participando bajo el halo de esas reglas. No son grupos revolucionarios, no están tratando de torcer la legalidad a través del uso de la violencia. Pueden quizá perseguir cambiarla, pero lo hacen a través de las reglas existentes. Para mí, esa es un democracia realmente existente, allí está el umbral.
–¿En qué medida el Pacto de La Moncloa sirvió de modelo o influyó a las transiciones democráticas de América latina?
–Simbólicamente la importancia de La Moncloa fue insoslayable, pero nunca pudo producir los resultados económicos que se fijó. Si revisáramos la letra del pacto, veríamos que se proponían bajar las huelgas y la inflación, mantener los salarios bajos, etc. En efecto, redujeron las huelgas, pero ya venían en picada antes de la firma del acuerdo. Lo interesante es que el Pacto de La Moncloa se convirtió en el símbolo porque fue aceptado por una amplia gama de partidos, incluyendo al Comunista. Chile y Uruguay se ciñeron al modelo, pero no Argentina, donde hubo entre radicales y peronistas “un pacto para no pactar” con los militares.
–Bueno, lo conocido: aquí los militares salieron por el patio trasero luego de la derrota en Malvinas. Lo notable es que de algún modo, América del Sur y buena parte de América Central consolidaron sus democracias. Aunque si se piensa en Colombia...
–Cuando comenzamos a escribir el libro con Guillermo, presumíamos que como las cosas no habían cambiado en mucho tiempo, había una fuerte probabilidad de que aquella vez también fallara. De 83 intentos democratizadores en América latina entre 1900 y 1975, dos de cada tres habían fallado. Para mi gran sorpresa, ni uno solo de los países que se democratizaron luego de ese período volvió a un régimen autocrático. Es cierto que surgieron problemas, algunos quizá no sean democracias consolidadas. Es decir, hay una gran incertidumbre respecto de las reglas.
–¿Cuál sería un ejemplo de democracia “no consolidada”?
–Claro que hoy tenemos el golpe en Honduras, pero para mí el ejemplo más notorio es Bolivia. Recién han creado una serie de reglas nuevas, pero todavía no se sabe si éstas –especialmente las que empoderan a la población nativa– terminarán por ser observadas y aceptadas por todos los bolivianos, incluidos los de la resistencia conservadora de Santa Cruz. Bolivia no es un régimen híbrido, mucho menos una autocracia; en la actualidad es una democracia floreciente con mucha movilización popular, gente interviniendo en asuntos políticos... Bueno, en realidad eso debería ser la democracia. Pero insisto: todavía las reglas del juego no están claras, esa es la diferencia con una democracia plena. En el mundo, hay sonados casos que todavía no han podido torcer la taba y que han tenido reversiones autoritarias. Tailandia es un ejemplo reciente; un caso típico de una democracia no consolidada, en este caso una “democradura”. La presidencia no hubiera resistido en el poder si no hubiera contado con la capacidad represiva del ejército.
–En América latina poco se habla o se han comparado los procesos de democratización en países como Polonia, Hungría o Albania, de los que poco se sabe.
–Bueno, la primera gran división que habría que hacer es entre aquellos países post comunistas que tuvieron una independencia política previa y los otros que eran repúblicas de la Unión Soviética, tales como Bielorrusia, Ucrania, los países de Asia Central y las tres repúblicas bálticas. De modo que allí se estableció bruscamente una línea desde el oeste hacia el este. Ahora, esa línea adquirió relevancia, una vez que la transición tuvo lugar, por la Unión Europea. Al principio, la UE había respondido de manera escéptica, con lo que anunció que sólo consideraría como candidatos para entrar a los países listados en la primera categoría: Polonia, Hungría, Checoslovaquia. Luego, en una decisión que nadie comprendió cabalmente –pero de acuerdo a mis informantes tiene mucho que ver con los intereses de Alemania– , decidieron aumentar el número de plazas de 3 a 10, incluyendo las repúblicas bálticas (Lituania, Letonia y Estonia), Bulgaria, Rumania y Eslovaquia. Ese grupo tuvo ciertas garantías de que iba a ser incluido en un futuro cercano dentro de la UE. La UE a su vez le derivó una fortuna, le traspasó su expertise, a razón de que se adecuaran a las condiciones políticas trazadas en los Criterios de Copenhague. El otro grupo es lo que quedó luego de la desintegración de la federación de Yugoslavia. Todos –salvo Eslovenia– se desintegraron con enormes dosis de violencia. Pero la ironía del asunto es que en ese momento Yugoslavia no era un país realmente comunista; ya había adaptado su economía a la de Europa occidental. Tenía una enorme cantidad de trabajadores en Alemania que militaban en movimientos de liberación. Los yugoslavos se movían por toda Europa pidiendo y aceptando trabajo en diferentes sitios. Esa situación era inimaginable dentro de la URSS. Yugoslavia era un país semisocialista con propiedad privada.
–Obra de Tito.
–Bueno, Tito tuvo más éxito de lo que él mismo aceptaba, pero eso se llevó a cabo cuando murió. Volviendo al punto, El tercer grupo de países era el de los Balcanes, que solía incluir a Rumania y Bulgaria, pero que fueron incluidos en esos famosos diez candidatos a la UE. En tal sentido, las transiciones a la democracia en eduropa oriental dependieron esencialmente del grado de conflicto armado o guerra civil en que se sumieron esos Estados luego de la caída del Muro.
–¿Qué piensa de la “libertad de prensa”? Es uno de los requisitos de de la poliarquía, pero hoy está en discusión en todo el mundo.
–Robert Dahl habla de libertad de prensa, pero no especifica a qué se refiere. Una cosa es decir que la prensa está exenta de cualquier tipo de censura en sus contenidos, y otra es hablar de la propiedad y de los dueños de la prensa, cuestión que Dahl no aborda. En Italia, por caso, hay libertad de prensa, pero la televisión y la mayoría de la prensa escrita están controladas por el presidente Berlusconi. ¿Es eso libertad de prensa? Desde la perspectiva de la poliarquía sí, pero desde el punto de vista de la democracia realmente existente se trata de un una democracia manipulada, en tanto dos de los canales estatales pertenecen a Berlusconi.
–¿El tema pasa más por la televisión que por la prensa?
–Cualquier europeo común medianamente socialdemócrata diría que para que exista libertad de prensa se necesita de la televisión pública. De hecho, los países europeos tienen canales estatales poderosos, como la BBC de Londres. Estados Unidos, México y Argentina no tienen libertad de TV porque no está balanceada la estructura de la propiedad de los medios. El caso argentino es más sintomático, puesto que Clarín tiene un canal de televisión, lo que está prohibido en Estados Unidos.
–Usted dice que la calidad de la democracia está emparentada directamente con la clase política profesional que puede formar. Y que en esa falla radica el desencanto actual por la democracia. ¿Por qué?
–Ahí radica el debate académico: qué define una democracia de baja calidad. Por mi parte, lo que trato de hacer es evadir la discusión por la substancia. Nada hace suponer que una mejor democracia mejore el nivel de vida económico de la gente. Puedes tener una democracia que funcione de maravillas, y gente que concuerde y aun que promueva la inequidad del ingreso. De modo que trabajo con criterios democráticos basados en un solo concepto: accountability. El corazón de la democracia consiste en ciudadanos que sostengan las reglas con responsabilidad, que vigilen al poder político. En algunos países, se pensó que la competencia entre partidos garantizaba la accountability. Pero los partidos no funcionan de ese modo; los políticos forman una clase. Se necesita a la sociedad civil y a la prensa, puesto que puede multiplicar el efecto de vigilancia sobre el poder al hacer las cosas públicas en gran escala. Accountability es la sociedad civil acopiando información, revelándola a la prensa para producir un efecto multiplicador. En ese sentido, Internet es increíble, porque nadie la controla. Es la e-democracia. De hecho, ustedes en Argentina deberían probar con el “voto inteligente”.
–¿Cómo es eso?
–Cada candidato a un puesto gubernamental llena un cuestionario de 35 preguntas. Hay una serie de campos: educación, inmigración, etc. Luego, usted como ciudadano llena el mismo cuestionario y la computadora comparará qué candidato se ajusta con mayor afinidad a sus preferencias. También le dirá si los candidatos del mismo partido concuerdan entre sí. En las elecciones para el Parlamento europeo –en las que uno puede votar a cualquier partido de cualquier país, independientemente de su nacionalidad–, respondí el cuestionario y descubrí que el partido más ligado a mis preferencias era el Partido Pirata de Finlandia, algo que jamás podría haber imaginado de antemano.
 
LA PASIÓN SEGÚN MAQUIAVELO
La noche en que Philippe y Guillermo entregaron la última versión de su libro, el porteño se cayó en la bañadera y se quebró una pierna. “¿Siempre tiene que haber una tragedia en el medio, para los argentinos?”, lo chanceó el norteamericano, al regreso del hospital. En el encuentro que mantuvieron hace dos semanas en el Auditorio de la Fundación Osde, a 25 años de aquel hito académico, se los pudo apreciar todavía cómo ese matrimonio de “transitólogos” que aun a la distancia se acucian, discuten y pelean con la misma pasión de siempre, pero que en definitiva se aprecian. Su público supo que habría chispazos de inteligencia, de modo que el salón rebasó.
El presentador, Carlos H. Acuña, midió la relevancia del libro en cuatro rupturas teórico-metodológicas. Dijo que por primera vez se atendían los aspectos idiosincráticos y las coyunturas nacionales para entender la posibilidad democrática: “Demostraron que nada funciona en todas partes, que no hay recetas universales”. En tal sentido, el libro abandonaba la búsqueda de prerrequisitos para la democracia; acentuaba la cultura cívico-democrática como un constructo en gestación más que como una condición a priori. Además, estaba reñido con perspectivas teleológicas y establecía una lógica “tentativa” de las transiciones nunca antes descripta, enhebrando la relación entre el polo autoritario y el democrático.
Admirador de Maquiavelo, en la actualidad Philippe Schmitter vive en Florencia. Allí es profesor emérito del Instituto Universitario Europeo. Constantemente viaja también para dar clases en la Universidad París 1, Ginebra, Zurich, Mannheim, Lisboa, entre otras. En 1969 fue profesor visitante de Buenos Aires para el Intal del BID. Desde fines de los ’80, se dedicó a estudiar el proceso de integración de la Unión Europea, focalizando en la consolidación de las democracias emergentes del sur y el este de Europa, además de analizar la posibilidad de una democracia posliberal en Amércia del Norte y Europa occidental.
Tan comprometido estuvo con las transiciones democráticas, que desde hace diez años cobija una pareja de refugiados albaneses en su casa, que acaban de tener un hijo. Con Albania tiene un apego especial. Es miembro fundador de la Asociación de Ciencia Política de ese país.
Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Berkeley (1968), en su vasta carrera Schmitter ha sido galardonado con varios premios y becas, entre las que se cuentan la Guggenheim (1978) y el Johan Skytte Prize de la Universidad de Upppsala (2009). Entre las publicaciones dedicadas al Viejo Continente se destacan: Come Democratizzare l'Unione Europea e perché (2000); El Futuro de la Democracia en Europa. Perspectivas, análisis y reformas (con Alexander Trechsel, 2004), para el Consejo Europeo.
Una anécdota pinta de cuerpo entero al artista nómada, al Lennon que es Schmitter en la Ciencia Política.
–¿Usted estudió en México, luego fue a Ginebra, se doctoró en Berkeley y eligió Brasil para su tesis. ¿Qué le interesó de la América latina de fines de los ’60?
–En 1960 estaba preparando mi examen para entrar en la Universidad de Ginebra, donde estudié la carrera de grado. Fui a Venecia, porque mi novia tenía un departamento allí. Pasamos dos semanas preparando exámenes. Pero justo se celebraba la Bienal de Venecia, que ese año estaba dedicada a Brasil. Así que fui y me quedé maravillado con su arte, con su música. Me di cuenta de que era un país completamente diferente a México, que era mucho menos autoritario, mucho más abierto. En Berkeley formé parte del movimiento contra la guerra de Vietnam. Pero lo único que quería era vivir en Brasil. Así que elegí el país donde quería vivir y recién después elegí el tema.

Fuente: Miradas al Sur