martes, 31 de enero de 2012

LA IGLESIA DIJO QUE NO


LA IGLESIA DETRAS DE LA DESAPROBACION DE MAURICIO MACRI AL CONGRESO PEDAGOGICO.
Desde el PRO y la oposición señalan que se hizo caso al lobby del vicario para la Educación del Arzobispado porteño, Juan Torrella, a quien le preocupaba que se discutieran contenidos o los subsidios a la educación privada.
Por Werner Pertot
Mauricio Macri vetó el Congreso pedagógico, que era el primer paso para tener una Ley de Educación porteña. Detrás de ese veto, según confirmaron fuentes del PRO y de la oposición, estuvo el lobby del sector más conservador de la Iglesia. Todas las fuentes apuntan al vicario para la Educación del Arzobispado porteño, Juan Torrella, conocido por oponerse a los Consejos de Convivencia en los años noventa y a diversos contenidos educativos. La ley, que era apoyada por otros sectores de la Iglesia, había sido consensuada entre la Coalición Cívica (CC) y el ministro de Educación, Esteban Bullrich, que no firmó el veto. Desde la oposición, sostienen que a la Santa Madre le preocupa que se discutan los contenidos y que se pueda revisar el régimen de subsidios a la educación privada, que este año alcanza los 1550 millones de pesos.Estaba previsto que en el Congreso pedagógico participaran “estudiantes, padres, cooperadoras, docentes, vecinos, gremios” como una forma de generar las bases para una ley educativa de la ciudad. Esto es lo que no habría querido avalar Torrella. El presbístero es una presencia permanente en la educación porteña. Sus acciones se remontan al gobierno porteño de Fernando de la Rúa, cuando presionó para que no se aprobaran los consejos de convivencia de los que participaban estudiantes. “Formas de participar hay muchas –le explicó en esa oportunidad a este diario–. Si uno va a un concierto y escucha, está participando. No hace falta ser el director de orquesta.” En esa oportunidad también le planteó a De la Rúa que, como jefe de Gobierno, “si lo que sale es un mamarracho es su responsabilidad vetarlo”. Idéntico reclamo le repitió a Macri ante el Congreso pedagógico, según advierten los opositores y confirman en la gestión PRO.Torrella, quien fue el enviado a darles “la unción a los enfermos” a Néstor Kirchner sin el consentimiento de la familia, tiene una importante influencia en el Ministerio de Educación porteño al punto de que le atribuyen la designación de la directora de Educación privada, Beatriz Jáuregui, la funcionara que controla el presupuesto que les destina a las escuelas privadas. En 2011, esa dirección administraba 1008 millones de pesos. En el presupuesto de este año, la cifra de “transferencias” del Ministerio de Educación asciende a 1550 millones de pesos.El proyecto de ley del Congreso pedagógico fue presentado por el entonces legislador de la CC Sergio Abrevaya. La aprobación del Congreso pedagógico se dio en plena polémica por las Juntas de Calificación y Disciplina que el PRO quería reemplazar por una oficina en manos del Ejecutivo. El macrismo apoyó un proyecto de Abrevaya que reducía las juntas. Por eso, cuando Abrevaya fue designado esta semana frente al Consejo Económico y Social –que se iba a ocupar de organizar el Congreso– el titular de UTE-Ctera, Eduardo López, señaló que “se confirmó el acuerdo Abrevaya-Macri. Había legisladores que tenían precio”.Por su parte, la legisladora ibarrista María Elena Naddeo estimó que “es irónico que Macri haya vetado esta ley, que Abrevaya consensuó con Esteban Bullrich, en el marco del acuerdo por la derogación del régimen de Juntas de Clasificación docentes. Hubo un consenso entre el PRO y la CC. No-sotros votamos en contra del Congreso pedagógico porque consideramos que no era el momento de discutir esta convocatoria y menos aún en el marco de una reforma negativa del Estatuto del Docente”. Lo que temían en el ibarrismo es que el Congreso fuera copado por sectores eclesiásticos, como ocurrió en el de 1985 a nivel nacional. “Las juntas no tienen nada que ver con el Congreso. Se empezó a discutir seis meses antes”, se defendió Abrevaya.El Santo VetoEl decreto del veto al Congreso pedagógico fue publicado en el Boletín Oficial del viernes. Una vez más, se trata de un veto a una ley que había votado el bloque del PRO. Lleva las firmas de Macri, Horacio Rodríguez Larreta y del ministro de Cultura, Hernán Lombardi, en reemplazo de Bullrich, quien se encontraba de vacaciones. La ausencia de la firma del ministro de Educación no es casual en este veto: el fue uno de los impulsores del Congreso pedagógico, que había sido avalado por el sector de la Iglesia ligado a la Pastoral Social y la vicaría de villas. Incluso hay fuentes que señalan que Jorge Bergoglio había dado el visto bueno y estaba dispuesto a resignar subsidios a escuelas católicas con altas cuotas, como el colegio Esclavas del Sagrado Corazón. El veto de Macri representó una victoria de la derecha eclesiástica y confirmó su influencia permanente en determinadas decisiones del jefe de Gobierno.Como argumentos en el texto del veto, Macri señaló que la realización del Congreso podía atentar “contra la agenda educativa y el cumplimiento de los 190 días de clases” y que su gestión no cuenta “con equipos técnicos” necesarios para dar los talleres ni con “los recursos necesarios para implementarlos”. El legislador de la CC Maximiliano Ferraro los desarmó: indicó que se podría haber regulado los recursos en la reglamentación del decreto mediante una partida especial, que el uso de días para el Congreso implicaba “la reflexión y el debate del modelo educativo, que es un acto pedagógico en sí mismo” y que la Ciudad tenía los equipos técnicos disponibles o podía utilizar los de la Escuela de Capacitación CEPA, los del IIPE-Unesco o de Flacso.“Nos preocupa que el gobierno de Macri pueda recoger los planteos de los sectores más conservadores de la Iglesia, impidiendo el progreso de iniciativas para el desarrollo y el crecimiento socio-educativo de la ciudad”, consideró Ferraro. “Con el veto del jefe de Gobierno, se cierra la posibilidad de conformar un espacio amplio de reflexión y discusión de ideas, por el cual se viene trabajando desde diferentes sectores políticos, sociales, educativos e incluso desde el ala más progresista de la propia Iglesia católica”, señaló. Por su parte, Abrevaya dijo que “Bullrich debería haber parado esto. Un sector de la Iglesia todavía cree en un atraso increíble en la educación. Son casi fundamentalistas. Se apropian de los contenidos de la educación y creen que pueden controlar a la sociedad”.

DIALOGO CON RAMONET


Periodista y escritor, Ignacio Ramonet dijo a Página/12 que la mayoría de los gobiernos de Sudamérica cumple la función de los socialdemócratas europeos en los ’50 y que si no cometen errores pueden aspirar a un ciclo largo de gobierno.
Por Martín Granovsky
Desde Porto AlegreNacido en Pontevedra y emigrado con su familia a Francia, Ignacio Ramonet dirige hoy Le Monde Diplomatique en español. Fue uno de los animadores del primer Forum en 2001 y es uno de los periodistas que más recorren el mundo y observan sus distintas realidades.–Sobre el final del Forum hay derecho a preguntarse si fue útil y qué cambió respecto del primer foro, el del 2001.–Cuando el foro se creó, no había en América latina otro gobierno de los que yo hoy llamo neoprogresistas que no fuera el de Hugo Chávez, que además vino al foro. Al año siguiente, en 2002, por primera vez Chávez se declaró socialista. También vino Lula cuando aún no era presidente, sino candidato. Ahora en cambio los gobiernos neoprogresistas están llevando a cabo las políticas de inclusión social y al mismo tiempo el foro es menos un foro de los movimientos sociales. Es un foro en el que se discutió la crisis europea, el movimiento de los indignados en general (los chilenos, Wall Street, etcétera) y la cuestión de la memoria. La jornada de Flacso del viernes, el día de conmemoración del Holocausto, fue una de las actividades centrales. La organizaron el Forum Social Temático y el Foro Mundial de la Educación. Hasta ahora ésos no eran temas del foro. Los indignados son un tema que no lleva más de un año, y el debate sobre la memoria no se había planteado de esa manera. Dominaban el antiimperialismo y la denuncia de las guerras de los Estados Unidos en Irak o en Afganistán. Se está llegando a un nivel diferente. Los gobiernos aquí en Sudamérica lo están haciendo globalmente bien. Pero ojo, llega una nueva etapa y hay que mejorar ciertos aspectos cualitativos.–¿Qué habría que mejorar en América del Sur?–No creer que esta bonanza que está viviendo América latina va a ser duradera. Depende del éxito norteamericano y europeo y de si hay baja o no en la economía china que afecte a potencias agrícolas o mineras.–Uno de los puntos es cómo aprovecha América del Sur su actual ventaja por los precios beneficiosos de los productos primarios que vende para que otra vez el rédito principal no sean palacios franceses en medio de la pampa húmeda.–La economía funciona por ciclos. En Europa no podemos hablar de palacios en medio de la nada pero sí de grandes aeropuertos modernísimos que ahora casi no funcionan u óperas en medio de ciudades pequeñísimas. La riqueza ha pasado y no siempre se ha sabido aprovechar. Aquí, en Sudamérica, la solución es crear más y más mercado interior. Y mercado interior protegido. Y también ampliar los intercambios en el marco de la solidaridad latinoamericana. Ahora el mercado latinoamericano tiene que articularse para que haya masa crítica para todos. Si no, Brasil se desarrollará pero Uruguay no. Ahora que desaparecieron 80 millones de pobres hay una clase media que consume. Brasil introdujo la tasa sobre la producción de automóviles frente a China y aumentó esa tasa en un 30 por ciento. Es protección y es correcta.–¿Qué discusión mundial nueva apareció en el Forum?–Por lo pronto, muchos constataron que, más allá de las opiniones, la globalización existe. Si existe hay que analizarla y ver cómo evitar los inconvenientes de la globalización. A escala mundial en una mesa sobre la crisis del capitalismo, una de las opiniones fue que había que pensar quizás en desglobalizar y reducir la globalización. No hay solo una crisis económica. Hay una crisis de la política, de la democracia, alimentaria, ecológica. Muchos países latinoamericanos no están pensando en las otras crisis, en particular en la ecológica. Boaventura de Souza Santos subrayó que no es normal que se acuse a comunidades indígenas y se las acuse de terroristas cuando quieren proteger el medio ambiente. Las realidades van cambiando. El Movimiento de los Sin Tierra de Brasil, que antes ocupaba tierras, no lo hace porque no las tiene. Cualquier pedazo de tierra es soja. Y como el MST cuando se asienta realiza producciones ecológicas, el agronegocio se lo reprocha.–La discusión ecológica es clave también porque habrá una cumbre mundial en Río en junio.–La precaución ecológica es algo que se ha recordado y que en cierta medida hace que los gobiernos estén pensando en hacer las cosas bien. Dilma dijo que quería dar casas a la gente. A mí me parece muy bien, realmente muy bien. Pero tengamos cuidado de no llegar al pragmatismo chino, que en nombre del desarrollo destruye lo que se oponga a esa idea, y terminemos entrando sin necesidad en una gran contradicción.–Dilma diría: “Está bien, Ignacio, pero yo tengo que gobernar Brasil y terminar con la miseria”.–Es que la preocupación ecológica y la social no se oponen. El Forum apreció mucho que Dilma haya decidido venir aquí y no haya viajado al Foro de Davos. Cuando Lula vino y dijo que luego se marchaba a Davos, alguien le dijo: “No se puede servir a dos amos a la vez”. Es una frase bíblica. “Hay que escoger.”–Quizá Lula necesitaba ir a Davos porque también eso ayudaba a la consolidación política de su gobierno y en cambio hoy Brasil no necesita de Davos.–Claro, las condiciones cambian. Y el foro debe cambiar también. Antes muchos dirigentes o presidentes venían a nutrirse. Chávez y Lula, a quienes ya nombré. También Evo Morales, Rafael Correa y Fernando Lugo. Para algunas discusiones, una reunión del foro puede tener hoy un mayor sentido en Europa, para discutir allí mismo la tremenda crisis. El año próximo está previsto que tenga lugar en un país árabe, porque los movimientos sociales no sólo se están desarrollando, sino que han conseguido ganar en dos países. Y hay nuevas discusiones, por ejemplo entre movimientos sociales laicos y movimientos sociales islamistas.–¿Qué podría discutirse en Europa?–En Europa hay ya algunas discusiones que se producían en América latina. Una idea de que la política está gastada y hace falta una renovación política. Que la sangre y la vitalidad nueva van a venir por el movimiento social. De esa vitalidad puede surgir un cambio. Este foro no tendría el mismo sentido organizado en Madrid, Atenas o Barcelona, donde hay sociedades que sufren y a la vez registran en algunos sectores gran voluntad de cambio. Aquí, en Sudamérica, por suerte para ustedes, hay situaciones donde la preocupación es seguir creciendo y cómo hacerlo mejor.–¿No hay un riesgo de endiosar a los movimientos sociales como factores de cambio? Si no hay construcción política, ¿no se diluyen?–Sí, es importante ver cómo se pasa de un momento a otro. Todavía no estamos en esa etapa en Europa, me parece. Aún no. Nadie expresa mejor el sufrimiento social que el movimiento social. Pero si no se da el paso a la política, todas las grandes crisis siempre sirven a la extrema derecha, que aparece como bajo la forma de movimientos y partidos antisistema. Prometen los cambios más radicales, demagógicos, transformacionales. Es importante que el sufrimiento social se encarne en movimientos que tengan vocación de implicarse en la política.–¿Por qué todavía no ocurre ese paso?–Entre otras cosas, en mi opinión, porque hacen falta líderes. Hasta el momento el movimiento social incluso rechaza tener líderes. Son muy igualitaristas desde el punto de vista del funcionamiento democrático. Es como la enfermedad infantil del movimiento social. Ya llegará el momento de la adolescencia o la madurez, cuando seguramente se generarán líderes. No líderes salvadores. Hablo de dirigentes democráticos que puedan entender al movimiento social y ayudarlo a encontrar respuestas. Después de la crisis del sistema político venezolano, el final de lo que se llama el “puntofijismo”, ¿habría habido cambios sin Chávez y lo que él representaba? Y me hago la misma pregunta con Ecuador y Correa, Bolivia y Evo, Brasil y Lula, la Argentina y Kirchner.–¿Y cómo funciona la relación entre los líderes, los movimientos y los partidos en esos países de Sudamérica?–Mi percepción es que hoy los partidos tienen menos influencia que hace diez años y los movimientos sociales también porque los gobiernos están haciéndolo todo. Los líderes de los gobiernos conducen el cambio. Hubo una energía social que produjo el cambio pero el cambio está tan encarrilado que a veces hay una desvitalización de la política que paradójicamente no molesta demasiado.–Tal vez con las construcciones políticas ocurra lo mismo que con los ciclos económicos. Quizá deban o puedan ser realizadas antes de que el ciclo actual de gobiernos sudamericanos termine.–La función de estos gobiernos es muy semejante a la de los gobiernos europeos de los años ’50 que, esencialmente, fueran conservadores o progresistas, tenían como funciones construir el Estado de bienestar, reconstruir cada país después de la guerra y aumentar el nivel de vida de la gente. Eso les dio 40 años de estabilidad política. Pero se terminó. Si los neoprogresistas sudamericanos no lo hacen demasiado mal, quizás haya por delante varios decenios como si fueran la socialdemocracia nórdica. Hoy mejoran estructuras, el nivel de vida, crean trabajo. No es casualidad que sean gobiernos neoprogresistas los que están trabajando bien. Así ocurrió con los viejos partidos socialdemócratas. Además, la construcción del Estado de bienestar y el aumento del nivel de vida termina con cualquier tipo de recurso para las oposiciones tradicionales conservadoras. Ahora la gente percibe cómo los países reconstruyen sociedades derruidas. Las favelas eran pensadas como una fatalidad. Para la derecha, era así porque es así. Pero la fuerza de la derecha desapareció, y también el elemento militar. Las leyes de la memoria son las que deben culpabilizar –sin venganza, con documentos y base histórica sólida– y establecer responsabilidades. No vengarse, sino terminar con la impunidad. A pesar de que lo que voy a decir parece escandaloso, estamos en el momento más fácil de Sudamérica. Si no hay errores y una gestión tranquila, los gobiernos de signo neoprogresista pueden quedarse en el poder mucho tiempo. Por eso hay que pensar bien las sucesiones políticas. En la Argentina eso funcionó bien. En Brasil, lo de Lula fue ejemplar. Es una lección. Y por eso hoy Dilma tiene más aprobación popular de la que tenía Lula en su primer año de gobierno

"NO FUE UN CASO PRIORITARIO"


Los abogados del CELS, querellantes en la causa de Luciano Arruga evalúan que los pocos resultados en la investigación evidencian la “absoluta incapacidad del Estado para investigar este tipo de hechos”. Están sospechados efectivos de la Bonaerense.
Por Nahuel Lag
A tres años de la desaparición de Luciano Arruga, quien fue visto por última vez la noche del 31 de enero de 2009, la causa continúa siendo investigada como averiguación de paradero. Luego de 36 meses, la hipótesis más firme continúa siendo la responsabilidad policial, como lo reconoció la fiscal de la causa, Celia Cejas, hace dos años. Pero ninguno de los efectivos del destacamento de Lomas del Mirador, que en la noche de la desaparición de Arruga estaban en funciones, está imputado y todos continúan en funciones. En el último año la investigación no sumó nuevas pruebas, en ninguna línea. “La fiscalía no supo encauzar la investigación y tampoco hay voluntad autónoma del Ministerio Público Fiscal para avanzar. Si no es por el impulso de las partes, la causa no se mueve”, señaló Maximiliano Medina, integrante, junto a Eva Asprella, del equipo de abogados del CELS, que hace poco más de un año es querellante en la causa.La única novedad es la apertura de una investigación conexa por apremios ilegales –cuando Arruga fue detenido irregularmente y golpeado en el destacamento policial, cuatro meses antes de desaparecer– y otra, por la omisión de una denuncia. Las pruebas para abrir esas causas se incorporaron entre 2009 y 2010.“Hay que avanzar en las causas conexas, agotar las medidas de prueba pendientes y explorar y profundizar indicios que surjan de los testimonios registrados o de otros nuevos que se acerquen a la familia o a los abogados”, adelantó Paula Litvachky, directora del Area de Seguridad y Justicia del CELS.–¿Cómo evalúan ustedes el rol de los investigadores? –preguntó Página/12.Eva Asprella: –En los primeros meses de la investigación, la fiscal Roxana Castelli hizo intervenir directamente a la policía y provocó que se pierdan elementos de prueba, mientras que la actual fiscal mostró intención de investigar, pero de una forma en la que dejó que el tiempo transcurra y sin seguir una línea clara. Cuando se investiga una desaparición, la demora juega en contra.Paula Litvachky: –El caso está abandonado a la inercia de las trabas burocráticas, mientras las partes tratan de insistir con medidas de prueba que quiebren el tan increíble manto de silencio que hay sobre el caso.–¿Ese silencio también alcanza al barrio?E. A.: –Sí, el barrio no fue bien explorado. Cuando la fiscal fue a tomar testimonio a los vecinos, lo hizo con la Gendarmería. El barrio no va a brindar testimonio de esa forma. Son vecinos a los que hay que cuidar, son gente humilde que siempre está expuesta a los abusos policiales y no se los puede exponer.–¿Los vecinos aún pueden aportar información clave para la causa?P. L: –En la causa ya aparecen declaraciones de vecinos o amigos de las que surge claramente cuál es la modalidad de intervención de la Policía Bonaerense respecto de los jóvenes varones de clase baja. Al Ministerio Público Fiscal recibir esos testimonios le tendría que dar la pauta de cómo se vinculaba la policía con los jóvenes del barrio, algo fundamental para entender lo que pudo haber ocurrido con Luciano.–Al menos este año se logró avanzar en la causa conexa por apremios ilegales a Luciano durante su detención irregular en el destacamento de Lomas del Mirador, en septiembre de 2008.E. A.: –Se logró después de una larga discusión con la fiscalía, que no reconocía el estudio médico del Policlínico de San Justo, que indica que Luciano presentaba golpes después de la detención. Incluso la fiscalía no tuvo en cuenta testimonios que denunciaban que Luciano llegó al barrio golpeado. Son cosas que generan una sensación de que hay falta de voluntad o inoperancia.Maximiliano Medina: –La causa se inició por impulso nuestro, pero por ahora no es más que algo simbólico. A la vuelta de la feria judicial vamos a insistir para que se profundice en esa investigación e intentar que se inicie otra por la adulteración de los libros del destacamento y la comisaría 8ª, de la que depende el puesto policial.–¿Por qué aún no se cambió la calificación del hecho como desa-parición forzada, que implicaría pasar la causa a la Justicia federal?P. L.: –Más allá de la discusión sobre la federalización o no del caso, la experiencia indica que el fracaso judicial ante este tipo de hechos termina en el Sistema Interamericano de Derechos Humanos, lo que es muy problemático porque el Estado no puede descansar su responsabilidad en que la causa pase a una instancia superior. La causa de Luciano puso en evidencia que el Estado federal y el provincial tienen absoluta incapacidad para investigar este tipo de hechos.–¿Qué rol cumplió el gobierno provincial para reparar esa falta?P. L.: –No hubo un mensaje fuerte, no fue tomado como los casos de inseguridad, que alcanzan muchísima conmoción pública, y no fue prioritario en la agenda de derechos humanos. Eso hace que no haya incentivo para investigar.

DE LA PERLA A LA ESMA


EL TESTIMONIO DE TERESA MESCHIATTI EN EL JUICIO POR EL PLAN SISTEMATICO DE APROPIACION DE BEBES
La sobreviviente del centro clandestino que funcionó en Córdoba contó que allí vio a María del Carmen “Pichona” Moyano de Poblete embarazada y que en algún momento de abril o mayo de 1977 la trasladaron a la Escuela de Mecánica de la Armada.
Por Alejandra Dandan
“Yo nunca me hubiera imaginado que se podía tener a una mujer a término del embarazo, robarle el hijo y después matarla; y eso que estuve dos años, tres meses y tres días en un campo de concentración.” Teresa Celia Meschiatti declaró en el juicio por el plan sistemático de apropiación de bebés de la dictadura. Sobreviviente del centro clandestino de La Perla, ubicado en la provincia de Córdoba, Meschiatti recordó a las embarazadas de La Perla a quienes los detenidos-desaparecidos empezaron a nombrar como “las panzonas”. En especial habló de María del Carmen “Pichona” Moyano de Poblete, uno de los casos de este juicio, a quien en algún momento de abril o mayo de 1977 trasladaron de Córdoba a la Escuela de Mecánica de la Armada. Las preguntas sobre por qué llegó a parir a Buenos Aires, los alumbramientos en el Hospital Militar de Córdoba y el nombre de quién pudo haber sido el contacto entre el centro clandestino del III Cuerpo del Ejército y los marinos forman parte de las cosas sobre las que Meschiatti se sigue preguntando.Teresa Meschiatti se presentó como divorciada, nacida en el ’43, jubilada en Suiza, el país al que se fue y donde trabajó hasta 2007 antes de volver a la Argentina. Cuando uno de los jueces del Tribunal Oral Federal Nº 6 se lo preguntó, explicó que militó en Montoneros. Cayó secuestrada en una cita el 25 de septiembre de 1976. Durante más de un año pensó que iban a matarla porque así se lo dijeron en La Perla. Sobrevivió y declaró ante la Conadep, en España, en Italia y en los juicios que se fueron abriendo en el país: Córdoba, Rosario y ayer en Comodoro Py. Cuando la presidenta del TOF Nº 6 le preguntó protocolarmente si tenía algún interés en el resultado de la causa, dijo por qué estaba ahí: “Solamente conservar la memoria de los treinta mil desaparecidos es lo único que me mueve a seguir testimoniando”.Mientras el juicio oral ingresa en la última fase de testimonios, con su relato, Meschiatti planteó por primera vez –en el marco del debate– lo que sucedió en el centro clandestino más importante de Córdoba. Las distintas fuerzas de la dictadura concentraron ahí, como dijo ella, a la mayor parte de los militantes políticos de la zona, sin distinguir si eran prisioneros de una o de otra de las armas. En el contexto del juicio, La Perla es el espacio por donde pasó Pichona Moyano de Poblete antes de llegar a parir a la ESMA. Ella y su hija siguen desaparecidas.Las razones por las que Pichona llegó a la ESMA son parte de los secretos que todavía guardan los represores. El traslado a Buenos Aires podría ser parte de la forma en la que la dictadura hacía mover a los prisioneros para sacarles información. O puede reforzar la certeza de que la ESMA funcionó como “caja receptora” de parturientas de otros centros clandestinos del país. Eso de todas formas en este caso no está claro, porque cuando Pichona llegó a la ESMA aún no funcionaba la maternidad clandestina a la que los marinos llamaron “la pequeña Sardá” y fue el lugar donde concentraron a otras prisioneras. El suyo fue el primer parto en el que estuvo Sara Osatinsky. Se hizo en la enfermería y Sara todavía se acuerda de los ruidos de las cadenas mezclados con los gritos del bebé que nacía.En La Perla, en tanto, Teresa Meschiatti llevaba seis o siete meses secuestrada cuando supo de la presencia de Pichona. Era abril o mayo del ’77. No la vio, pero supo que estaba por otra de las secuestradas encargada de la limpieza y de atender a los que estaban con problemas. “Pichona estaba embarazada a término –dijo Teresa–, con una panza muy elevada, de unos ocho meses. Yo sé que estaba con el marido, los dos habían sido traídos de Mendoza y no sé cuánto tiempo estuvieron, pero estaban detenidos entre los biombos.” Los biombos eran una forma de tabicamiento. Un espacio cerrado en el que introducían a ciertos detenidos que no podían ver ni ser vistos: iban a parar ahí, según Teresa, los que serían trasladados a otro campo o a otro lugar, como para que no pudiesen saber dónde habían estado. O los que se estaban muriendo. A Pichona la iban a trasladar.“Yo estuve repasando el caso de la panzona, Pichona le decían –dijo Teresa–. Parece que se la llevaron el 1º de abril del ’77, aunque yo en mi primer testimonio digo mayo”, explicó y aclaró lo que dicen muchos testigos. Que no podía ser precisa con las fechas porque “un secuestrado no es un empleado público que da entrada y salida a lo que ve”. Un secuestrado, dijo, sólo recuerda momentos muy precisos. El día que la secuestraron. Las torturas que le dejaron las marcas del III Cuerpo en las piernas. O cuando los militares se aparecieron vestidos con sus capas de gala para saludar a cada prisionero por el Día de la Patria; les dijeron: “Buenos días”, y después salieron a fusilar a dos.Además de Pichona, Meschiatti habló de otras “panzonas”. Entre ellas, en abril vio a Dalila Bessio de Delgado y en diciembre, a Rita Ales de Espíndola. A Dalila le decían “la panzona número uno”. La habían secuestrado con su pareja, eran de La Falda. A él se lo llevaron por un tiempo a la ESMA. A ella la llevaron a parir al Hospital Militar: “No había posibilidades de tener en La Perla una maternidad Sardá como en la ESMA –dijo Teresa–, no daba el espacio. Nunca trascendió en todo el tiempo que estuvimos, nunca salió la cuestión de que efectivamente hubiera una maternidad en algún lado”.Tiempo después, apareció Rita Ales con su marido. “El marido salió rapidito, y ella estaba muy preocupada por él, pero ahí hubo una cosa que nos traumatizó muchísimo”, explicó. “El responsable en ese momento era el capitán González, miembro del Comando Libertadores de América. Para la época del parto de Rita nos obligó a limpiar una oficina, que limpiáramos las paredes con lavandina porque la querían hacer tener el bebé en La Perla. Trascendió el dato de que después la iban a tener que matar, cosa que nos llenó de horror: le querían poner una inyección de aire en las venas... Nosotros habíamos visto gente agonizante, pero matar a una persona, jamás. González decidió al final llevarla al Hospital Militar, lo cual al parecer les producía muchos problemas: ya había trascendidos de que no querían ocuparse de ellas porque estaban en un lugar clandestino al que tenía acceso el personal del hospital.”A lo mejor ésa es una explicación de por qué una de las parturientas llegó a la ESMA. En tanto, las defensas siguieron de cerca durante el resto de la audiencia los datos sobre qué pasó con los niños de cada una de esas mujeres que siguen desaparecidas. Por alguna razón, los militares devolvieron a los dos niños con sus familias biológicas. A las defensas, el dato les permite encontrar supuestas grietas en la idea de un plan total y sistemático de apropiación de niños. A la querella de Abuelas de Plaza de Mayo, sin embargo, esto no la tomó por sorpresa: todo proyecto totalizador tiene sus fisuras, excepciones, que no modifican la regla.“En Suiza –contó Teresa Meschiatti– se hablaba de tráfico de niños como de un botín de guerra, porque algo así no se regala, se cobra.” Otro dato del que habló fue sobre el represor Héctor Vergés. Lo vio dos o tres veces en La Perla. Y Sara le dijo alguna vez que lo había visto en la ESMA. Meschiatti sabe que en algún momento a Vergés lo trasladaron de Córdoba a Buenos Aires, y ayer dijo que “al no haber (en Córdoba) una estructura de ‘maternidad Sardá’, creo que Vergés ha sido el lazo de la Marina y el Ejército”.de Teresa Meschiatti en el juicio por el plan sistemático de apropiación de bebés.

EL SIGNIFICADO DE MALVINAS


Por Horacio González
Cualquier lectura de la historia de las islas Malvinas –la más recomendable es, sin duda, la de Paul Groussac, escrita en 1898, que a su ponderada visión histórica le agrega el condimento sutil de la ironía– arroja un resultado palmario. Son una pieza fundamental de la historia marítima, comercial, militar y científica de esta región del planeta. No puede haber dudas sobre los títulos de la potestad argentina sobre el archipiélago, y ellos surgen de ningún otro lugar que de la irreversible geología que las ata al continente y del combate por su pertenencia, que ocupó varios siglos, multitud de informes y escaramuzas, cambios de mano y escritos diplomáticos de las más diversas especies. Entre éstos se destaca el del doctor Johnson, uno de los mayores críticos shakespeareanos, que implícitamente valida en 1771 los derechos de España. Un océano de papeles y hasta de debates filológicos permite realizar una pregunta casi impertinente por su obviedad. ¿Por qué las Malvinas se tornaron tan esenciales, una pieza clave de la historia moderna, que es la historia de las guerras económicas expansionistas desde el siglo XVII, a pesar de tener ellas una posición marginal y aparecer tardíamente en los mapamundis? ¿Por qué su nombre permanece enigmático, y el que adoptamos como inescindible con nuestro idioma proviene, más allá de inagotables discusiones, de los navegantes bretones de Saint-Malo?Hay un elemento utópico en todo proyecto de ocupación territorial, un sesgo inevitablemente literario que a los efectos de una historia severa de la poesía no dejan de componer una estética colonial. El expansionismo mercantil, el filibusterismo, los corsarios, las históricas usanzas de las empresas de piratería, que supieron encumbrar imperios, asimismo buscaron su validación por las grandes escrituras. Se acompañaron de distintas consideraciones utópicas, que siquiera precisaron llegar a las cumbres poéticas como las de Kipling –“Llevad la carga del Hombre Blanco”–, quien pensó el imperialismo como un sufrimiento y una necesidad. Hasta mediados del siglo XIX la fabulosa Isla de Pepys, que tuvo un supuesto avistamiento en el siglo anterior, figuró en muchos de los codiciosos cálculos científicos o políticos de las potencias de la época, y también en la publicística de Pedro de Angelis, el gran polígrafo napolitano al servicio de Rosas, que se interesó por ella. Pepys Island no existía, pero era indudable que hacía las veces de contrafigura espectral de las Malvinas, dado que su ubicación imaginaria tenía homólogas coordenadas oceánicas.No es posible, por muchas razones, ignorar el papel que jugó Bouganville en el proyecto de poblamiento de las islas, que es el más importante antecedente del reconocimiento de la pertenencia de Malvinas a España –por consecuencia de las negociaciones posteriores para el abandono de esa colonización francesa en la segunda mitad del siglo XVIII–. Bouganville era también un gran naturalista; no solo queda en la historia como un antecedente de la atribución argentina en la posesión de Malvinas, sino como estudioso de una flor que lleva su nombre, la buganvilla –o Santa Rita–, que figura entre las preferidas por el trágico cónsul inglés Geoffrey Firmin (personaje ficcional de la gran novela Bajo el volcán, de Malcolm Lowry), que citamos no para dispersar el tema, sino para introducirle un elemento cultural que, sin dejar de ser un detalle, tiene su importancia antropológica.Es que Gran Bretaña es una cuerda interna de las historias de nuestros países, desde las célebres y lamentables negociaciones del pacto Roca-Runciman, y si se quiere abundar en la genealogía de las grandes y complejas escenas imperiales, desde el empréstito de la Baring Brothers –que lo lleva a Rosas a dar un paso en falso cuando propone canjear la deuda por un gesto político argentino en torno de la cuestión Malvinas–. Aunque, como es sabido, su embajador en Londres, Manuel Moreno –el hermano de Mariano–, es autor de documentos importantes presentados ante Lord Palmerston, por más que Groussac prefiere señalar que eran un tanto ingenuos. Como sea, estamos hoy mucho más cerca de esos escritos de la diplomacia argentina del siglo XIX –en el momento en que se produce la ocupación británica– que del desempeño moral y militarmente desastroso de la Junta Militar que actuó en 1982. El detalle de la flor preferida por Firmin, el cónsul inglés debajo del volcán, significa que hay una “veta inglesa” a explorar.No es ningún secreto: brota de todo aquello que compone el lenguaje y su historia real, que es la fibra interior, resistente, de la democracia efectiva argentina. Se trata de la existencia no solo de una opinión interna de un sector no desdeñable de la tradición inglesa anticolonialista. A veces se halla oculta bajo los pliegues de un interés por lo extraño, por lo “bárbaro” como equivalente de una seductora inversión del refinamiento –de ahí el coronel Lawrence “de Arabia”–, o por una civilización hindú que lejos de mostrar la dudosa eficacia del Commonwealth, dejaría ver su tozuda incomprensión cultural, tal como aparece en recordables novelas, como la muy célebre de E. M. Forster, Pasaje a la India.Durante más de dos siglos, las cancillerías de España, Francia e Inglaterra se disputaron los mares, guerrearon entre sí, hicieron y deshicieron tratados, y se hicieron cargo también de otro convidado, el naciente poder norteamericano, que trazó también su plan de ocupación en Malvinas en 1831 –el incidente bien conocido de la fragata Lexington–, donde Estados Unidos esboza pretensiones sobre las Islas con argumentos que demuestran su falta de sustento cuando tiempos después los declina a favor de Inglaterra: era el colonialismo nuevo rindiendo homenaje al colonialismo viejo.En eso se parecen al premier Cameron. Pero la conciencia colonialista ha dado ahora un paso tortuoso, sumida en la incapacidad de pensarse a sí misma. Este calificativo, que señala la vasta saga colonial, se les escapa de las manos. Culpabiliza, no se sabe ya a qué emplearlo, qué inédito espejo se forja para que la nación inglesa no pueda mirarse a sí misma. ¡Qué diferencia con la oscura, pero profunda conciencia que los estudios de Carl Schmitt le atribuyen a Inglaterra, a partir de una frase shakespeareana de Ricardo II: “Esta joya en un mar de plata engarzada”! Por cierto, estos estudios sobre el poder infinito del mar y el destino marítimo inglés que se desprende de muchas obras de Shakespeare –de ahí la importancia de que uno de sus mayores estudiosos, el ya mencionado doctor Johnson, a la vez lectura favorita de Borges, tomara una posición “argentinista” en el siglo XVIII– no pueden ser ahora interpretados a través de los fascinantes, pero tremendos –en verdad: riesgosos– estudios de Schmitt. Pero dan cuenta del paso que ha dado este viejo país en una parte de su clase política, desde la época de la tragedia isabelina hasta sus actuales dirigentes, desprovistos de una visión más profunda sobre el mundo que heredamos, en gran medida por la acción que durante siglos ellos mismos desplegaron.Debemos tener en cuenta pues a la “otra” Inglaterra, la de Raymond Williams, de Eric Hobsbawn, de Daniel James, de John Lennon y de John Ward. Sí, este último es el personaje de la poesía de Borges sobre Malvinas, que traza un rumbo para el pensamiento crítico, y que hay que hacer el esfuerzo de entender. Lejos de ser Borges el “escritor inglés” que equivocadamente vio Ramos en Crisis y resurrección de la literatura argentina –en un lejano año 1952–, es portador de un criollismo universal que es necesario considerar e incorporar como pieza urgente de nuestra materia. Conocía como nadie, como argentino universal que era, la singularidad histórica inglesa. Su John Ward, lector del Quijote, y su Juan López, lector de Joseph Conrad, quedan ambos muertos en la nieve uniendo sus grandes mitos literarios, sin comprender por qué, como en una lejana escena bíblica. Son juguete de los “cartógrafos” al servicio de las fronteras creadas por los poderes bélicos y mercantiles. Ahora indican otro destino para la estrategia y significado de las Malvinas argentinas, cuyo remoto nombre holandés –acaso sus verdaderos descubridores– era islas Sebaldinas.Recobrar las Islas presupone reinterpretar la historia moderna a la luz de una crítica al colonialismo, que debe ser nueva y original, y eso implica muchas connotaciones culturales que aun deben ser descubiertas. No es posible que este gran acto recuperatorio que cambiaría la historia misma de Latinoamérica se produzca meramente en el marco de la globalización, con acuerdos que apenas le provea la estructura abstracta de las grandes empresas tentaculares, con sus nuevas Ligas Hanseáticas. Un sentimiento público latinoamericano y emancipador, no los viejos y nuevos intereses generales referidos al petróleo y la pesca, debe ser en primer lugar el alimento de la juridicidad político-histórica que enmarque el caso. La Argentina que recibe a Malvinas debe ser a la vez una Argentina más lúcidamente internada en su proyecto de democracia colectiva, con inspirada justicia social, con originales visiones sobre su propia historia, con sus propias políticas extractivas y agropecuarias de cuño no contaminante, no depredatorias de nuestras propias montañas ni distante de la creación de una nueva lengua social para hablar profundamente con los antiguos habitantes de nuestro territorio, con una nueva empresa petrolífera estatal reconstruida, con instituciones públicas de financiamiento a través de nuevas doctrinas sobre incorporación de rentas petrolíferas y financieras, con originales construcciones políticas que revitalicen socialmente las instituciones de la representación cívica y con nuevas concepciones históricas y antropológicas no simplemente emanadas de un desarrollismo lineal.Sabemos que la población hoy viviente en las Malvinas –descartando la Base de la Otan, que no es novedad respecto de lo que proyectaron los gabinetes europeos desde hace cuatro siglos– no puede ser un tercero necesario en la negociación que más temprano que tarde deberá establecerse por imperio de una opinión mundial cada vez más consciente del cambio que hay que operar en las condiciones universales de vida. “Donde hubo guerra hay ahora lenguajes nacionales nuevos, aptos para crear nuevas comunidades de vocación asociativa.” Ese puede ser el mensaje mundial de las Malvinas recobradas en términos de un autonomismo nuevo, también reinventado por las culturas nacionales. Pero debido a eso mismo, no nos puede ser indiferente ese asentamiento humano angloparlante de las Islas, que hoy es casi multisecular. Para interpretarlo adecuadamente Argentina debe extraer de su memoria nacional sus mejores linajes y su vocación de alteridad, con redescubiertos componentes universalistas, antropológicos y democráticos.Recibir a los actuales habitantes de Malvinas será propio de un país que a su vez cambie al recibirlos, al meditar sobre los ámbitos receptivos de su propio idioma, sus renovaciones culturales y sus revisitadas tradiciones folklóricas. Cierto, son pocos aquellos distantes vecinos de gamulán con sus chalecitos prolijos; están enojados, tienen planes de vida de un hedonismo irreal en una factoría militarizada que emite certificados y licencias; son ínfimas piezas de poderes mundiales que los trascienden. La Argentina, con su no desmentido corazón de país de compromisos humanísticos –a pesar de los oscuros períodos vividos, que muestran las antípodas de este linaje que sin embargo hemos mantenido– los debe recibir cambiando al mismo tiempo ella, por el simple y extraordinario hecho de recibirlos. Trazar una línea de reflexión activa, de una diplomacia nacional que beba hasta el último sorbo de sus propias posibilidades expresivas –para lo cual, leer una gran novela limítrofe que piensa la guerra y el idioma al mismo tiempo, como Los Pichiciegos, de Rodolfo Enrique Fogwill, tanto como el debate sobre Malvinas que recoge León Rozitchner, es esencial–, significa que las Islas pueden ser recobradas recobrándose a la vez una nueva energía democrática nacional, siendo ambas cosas causa y complemento de la mutua posibilidad de la otra.

sábado, 28 de enero de 2012

DOMINGOS DE SUPER ACCION


Por Miguel Russo
El 30 de octubre de 1938, Orson Welles causaba pánico con La guerra de los mundos por radio. En 2011, los medios concentrados lo intentan con el país.
Desde diciembre de 1937, la sociedad norteamericana trataba de olvidarse del posible peligro de una nueva guerra en Europa y deliraba con el programa furor –35 puntos de rating– de la radio: el cómico y ventrílocuo Edgar John Bergen y su muñeco Charlie McCarthy, a quien los escuchas suponían una persona real. El domingo 30 de octubre de 1938 no fue la excepción. La audiencia reía a carcajadas, mientras esperaban la cena, con las ocurrencias de Charlie y las preguntas disparatadas de Bergen, pero aprovecharon el bache provocado involuntariamente por una anodina cantante de jazz para girar el dial. Habían pasado doce minutos de las ocho de la noche. Y la alegría viró violentamente a angustia cuando escucharon la alarma emitida por la CBS desde sus pobres cuatro puntos de rating.Siete minutos antes, la CBS había brindado un parte meteorológico extraño: “Ligeras perturbaciones atmosféricas con causa desconocida. Ampliaremos”. Luego, hubo una brevísima pausa musical que apenas redondeó los ocho segundos y que fue interrumpida para informar sobre la comprobación de varias explosiones de gas incandescente en Marte. Casi de inmediato, el parte dio paso a las noticias en la voz de Carl Phillips (periodista) y los comentarios de Richard Pierson (astrónomo) y Montgomery Smith (general del Ejército): lo que se suponía un meteorito caído en una granja de New Jersey era un vehículo espacial cilíndrico de poco menos de 30 metros. En directo, el equipo de exteriores de la CBS enviado al lugar hacía escuchar el extraño zumbido que emanaba de ese objeto que había sido rodeado por fuerzas del orden. Todo ocurrió en quince minutos de transmisión ininterrumpida: una puerta del vehículo que se abre, llamaradas, explosiones y un número no determinado de seres que salen del objeto. Relataron los reporteros, las voces descontroladas, el terror en cada palabra, la masacre realizada mediante armas desconocidas y de poder sobrenatural de siete mil hombres (bomberos, policías, soldados) que habían acordonado el área. La invasión marciana era un hecho.Ya nadie volvió el dial a las gracias de Bergen y su muñeco. La audiencia de la CBS se multiplicó por los enloquecidos llamados telefónicos entre familiares y amistades y vecinos. La voz del secretario del Interior llamaba a la calma, pero, al mismo tiempo, informaba que los marcianos, desde decenas de naves, iban destruyendo puentes, rutas, vías férreas y centrales eléctricas. Las cifras de muertos eran incalculables, siguió el secretario, llamando a una urgente evacuación de Nueva York. El periodista Carl Phillips recogía los partes de sus colegas para informar de la ingente aglomeración en las principales vías de salida de la ciudad, cosa que comprobaron, horrorizados, los miles y miles de oyentes que salieron de sus casas en busca de la salvación.Los ciudadanos que habían sintonizado a las ocho en punto la CBS (ese escaso cuatro puntos de rating traducido en personas reales), cómodamente sentados en el living de sus casas, esperando la cena, siguieron el decimosexto programa dominical del Mercury Theatre que, producido por John Houseman y dirigido por el jovencísimo Orson Welles (23 añitos norteamericanos), realizaba la adaptación radiofónica de La guerra de los mundos, la novela que el inglés Herbert George Wells había escrito en 1898.Los que habían clavado el dial a las 20.12, descubrieron la realidad luego de 40 minutos de pánico.Hubo reacciones de todo tipo: H. G. Wells dijo, desde Londres, que no era responsabilidad suya el haber escrito una novela cuarenta años atrás. La compañía de sopas Campbell, atenta a la audiencia lograda por los actores, decidió patrocinar de manera exclusiva al programa del grupo Mercury, que cambió su nombre por Campbell Playhouse. Los radioescuchas indignados, todavía temblando por el terror de la noche anterior, hicieron llover demandas por daños morales y materiales sobre el Mercury Theatre. La cuestión fue resuelta por Houseman: al comienzo de la transmisión y promediando el programa, se habían realizado los anuncios correspondientes de la obra ficcional que se representaba. Desde Hollywood, ni lerdos ni perezosos, llegaron las ofertas en busca de futuros éxitos: contrataron a Houseman, a Welles y a todo el elenco del Mercury (Joseph Cotten, Agnes Moorehead, Everett Sloane, entre otros jóvenes). El equipo respondió casi de inmediato: dos años y medio después, estrenaban la película Citizen Kane destrozando taquillas.Orson Welles atendió a una sola demanda, la de un campesino de New Jersey que había gastado en un pasaje de micro el dinero ahorrado para comprarse un par de zapatos. Y, sonriente, envió el par: negros, abotinados, 43, impecables en su caja de cartón.Desde mayo de 2003, la sociedad argentina trataba de olvidarse del posible peligro de una nueva debacle institucional y deliraba con los medios que –por tradición, por publicidad, por errores de la competencia o por desánimo forzado– venía leyendo y escuchando y viendo desde mucho tiempo atrás.Casi era costumbre un diario preestablecido en la mesa de los bares, el televisor clavado a toda hora en determinado canal de noticias, el deterioro disfrazado de entretenimiento en los mismos canales de aire de siempre. La táctica era el descreimiento. Y si, por ahí, despertaba una creencia, por mínima que fuera, el bombardeo mediático se apresuraba a batir parches para “desenmascarar la mentira”.Así, fueron pasando los meses y los años, las realidades teñidas de ficción y las ficciones disfrazadas de realidades. Los candidatos que sí, pero los candidatos que no, los apocalipsis cotidianos y las amenazas flagrantes, los conflictos que seguro vendrán y las tendencias tendenciosas, los desánimos prestados y las ilusiones envueltas para la ocasión.Y así se fueron sumando palabras tras palabras para la construcción de un relato a la medida de los poderosos de siempre: las denuncias contra los intelectuales por conveniencia, la certeza de manipulación de la memoria, la idea de que sin artimañas no hay política, el vértigo de que una democracia sin equilibrio es un error, la necesidad de poner un freno al autoritarismo, las valijas de Antonini Wilson, la soberbia de un voto no positivo como emblema de la coherencia, las crisis económicas internacionales que ya van a ver, las sequías y las lluvias como castigos divinos, las elecciones legislativas de 2009 como principio del esperado fin, la muerte como coartada, el luto como maquillaje, la corrupción como estrategia de una Madre de Plaza de Mayo y hasta la insólita sospecha de que la solidaridad popular era producto de una tragedia emblematizada en el uniforme de la viudez. La maldad por la maldad misma, la maldad como ideología, enfatizada por voces, imágenes y textos que se regodeaban en un desenlace fatal. Sólo faltaba que los poderosos de siempre escribieran el nombre de quien se haría cargo de un país que, después de ocho años de encaminarse hacia el mal, retomaba el rumbo preciso hacia otro país. La invasión terrestre era un hecho.Pero el 23 de octubre de 2011, un domingo, la gente, el pueblo, la sociedad, el país dijo qué es ficción y qué es realidad. No hubo, a pesar de los que pronosticaban los poderosos de siempre, una lluvia de demandas como aquellas de hace hoy exactamente, otro domingo, 73 años. Tampoco están Orson Welles, ni el elenco de la Mercury Theatre, ni los zapatos 43 negros y abotinados en una caja de cartón.Quedaron, sí, algunos personajes pregonando que se avizoran nuevas amenazas. Y uno, voz emblemática entre todas, refunfuñando sospechas en forma de preguntas, que tiene cuatro años por delante para aprender a pronunciar, de una vez por todas, el apellido Kirchner.

CUANDO EL SUEÑO DE LA CASA DIGNA QUEDA PASADO POR AGUA


Vecinos de El Pueblito denuncian que el Instituto de Vivienda de la Ciudad los quiere mudar a departamentos con graves problemas de infraestructura y servicios. Los del asentamiento Luján, ya reubicados, dicen que les falta luz y gas. Sospechas de corrupción.
Por Francisco Yofre
Son las ocho de la mañana y Carminia Muglia está contrariada, sus cejas la delatan. Como ella, algunas de sus vecinas miran la escena calladas, paradas en ronda. Cuatro hombres van y vienen cargando muebles en un camión rojo de gran porte, de esos que son cuadrados en su frente. En la vereda hay un sofá de dos plazas impecable, una tostadora vieja, un ventilador de pie, cajas de madera, pibes inquietos, polvo, humo, perros curiosos y ruido de mazas que demuelen paredes. Una virgen de Luján de yeso despierta suspiros cuando parece escabullirse de las manos de uno de los hombres de casco amarillo. La gente del Instituto de la Vivienda de la Ciudad carga los muebles de la Gringa. La Gringa es Marcela, que a diferencia de Carminia, está contenta porque la mudan: “Y sí, está bueno irse a un lugar mejor. Vivir al lado de esta cloaca no está bueno”. Marcela se va de El Pueblito, una villa que tiembla cada vez que un camión pasa por el Puente Alsina, ubicado a metros de sus casas, en Pompeya. Aquí, el Riachuelo se siente en la garganta.Desde el viernes pasado y hasta el martes próximo, 32 familias de El Pueblito serán relocalizadas en un complejo habitacional del Bajo Flores como parte del plan de saneamiento de la cuenca Matanza-Riachuelo ordenado por la Corte Suprema de Justicia de la Nación hace tres años y cuya jurisdicción corresponde al juez federal de Quilmes, Luis Armella. El viernes se fueron 11 familias de un total de 130. Todas se quieren ir de El Pueblito, pero no todas se quieren ir así. “Nos arrastran”, dice Carminia ofuscada. “El lugar al que nos llevan no tiene medidor de luz, no tiene gas. ¿Por qué no se puede esperar unas semanas más hasta que hagan esas refacciones? Yo tengo cuatro chicos y me da incertidumbre ir a una casa con la promesa de que van a arreglar las cosas que faltan porque cuando nos vamos demuelen nuestros hogares y no podemos volver si los arreglos no están hechos”, apunta Carminia. “Mi casa no está tan mal para irme a un lugar que no sé cómo está”, agrega Pelipina Ramos, que vive allí hace 20 años y cuya vivienda aparenta solidez a pesar de que está construida sobre un antiguo relleno de basura.“Es lógico que haya resistencias al principio, siempre pasa, pero después, cuando llegan a sus casas nuevas están felices”, dice una mujer que ya ha participado de varios operativos del Instituto de Vivienda de la Ciudad.Pero Delia Pérez no está feliz. Vivía en el asentamiento Luján, en Barracas, y ahora está en el tercer piso de uno de los edificios del complejo de avenida Fernández de la Cruz y Lacarra, en Villa Soldati. Fue relocalizada hace dos meses. Desde el comedor de su hogar apunta: “El IVC nos dijo que cuando nos mudáramos iba a tener todo lo de una casa. No nos dijeron nada de que, tal como sucede desde que llegamos, nos iban a cortar la luz todos los días de ocho a diez y de cuatro a seis, que las instalaciones eléctricas iban a estar mal hechas y que por culpa de eso se queman los artefactos. Yo compré una heladera de 2.000 pesos que se rompió por la mala instalación eléctrica y arreglarla es muy caro para la economía de mi familia. Vivo en el piso más alto, el tercero. Cada vez que llueve se me inunda todo. Los balcones no tienen rejas, los pisos no tienen cerámica y son de portland. ¿Si es mejor que donde estaba? Y sí, ¿pero qué necesidad había de mudarnos tan rápido? Además, yo voy a pagar durante años esta casa, no me la regalaron. Si compro un auto me parece que es correcto que me den el auto bien, no sin ruedas”, apunta mientras su hija de cuatro años juega con una netbook.La ejecución de las relocalizaciones en la Capital Federal es llevada adelante por el IVC con acompañamiento de Acumar, el organismo tripartito creado para la limpieza de la cuenca. El objetivo es liberar el llamado camino de sirga, una franja de tierra de 35 metros de extensión entre el curso de agua y la primera edificación. Los relocalizados firman un crédito con el IVC a 30 años, cuyas cuotas varían entre 400 y 600 pesos de acuerdo con la calidad de los departamentos y que se empiezan a cancelar un año después de realizada la mudanza. Obtienen un título intransferible de “tenencia precaria”. Todos los consultados por este medio, tanto en El Pueblito como los que vivían en el asentamiento Luján, ven bien la relocalización pero se sienten menoscabados en sus derechos. “Al IVC sólo le interesa mudarnos como sea. Pero somos familias, tenemos nuestros derechos”, apunta Pelipina. Para Silvina Penellas, miembro del área de Derechos Sociales de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad, “el IVC está avasallando a la gente y llevándosela puesta con el único objetivo de cumplir los plazos que fijó Armella. En el caso de El Pueblito, se la está mudando sin que las viviendas que serán su destino estén reacondicionadas. Los vecinos saben de los problemas que hay con los relocalizados del asentamiento Luján y por eso están alertas”. La necesidad de reacondicionar las casas del Bajo Flores a donde irá la gente de El Pueblito surgió cuando en marzo de este año fueron ocupadas por vecinos de la 1.11.14. En ese momento, Miradas al Sur informó acerca de cómo los ocupantes habían sido engañados por los punteros del PRO Blanca Arce y Miguel Ángel El Comandante Rodríguez–que también fueron punteros de Telerman, Ibarra y siguen firmas–, exigiéndoles coimas de 10 mil pesos por incluir a esos vecinos en el censo por una casa. La ocupación duró casi tres meses y en junio las viviendas quedaron vacías pero dañadas como consecuencia de la bronca de la gente estafada. Sin embargo, recién en septiembre se comenzó con el reacondicionamiento y ya en ese momento se sabía que las obras durarían por lo menos tres meses. “El apuro –agrega Penellas– obedece a que el IVC quiere mostrarle a Armella que está haciendo algo porque si no tiene multas procesales. Debía mudarlos antes del 24 de octubre. Pero los vecinos estaban –están– muy desinformados. Por ello se armó una mesa de diálogo con todos los sectores involucrados que durante el primer mes funcionó muy bien y donde se planteaban los problemas. Sin embargo, en un momento, el IVC se retiró”.Emir Norte, el funcionario del IVC a cargo de las relocalizaciones en el terreno señaló a Miradas al Sur que las casas a donde irán los vecinos de El Pueblito están “en perfecto estado” pero admite que las del complejo de Soldati, a donde fueron los del asentamiento Luján, tienen falencias y hay incumplimientos. A las relocalizaciones ya citadas se agregan las del barrio Ucrania de Avellaneda, El Amanecer de Lomas de Zamora y Mi Esperanza y Don Juan de La Matanza.
Un Pueblito con dudas.
Sabino Ramos vive en la manzana 1 de la villa de Pompeya relocalizada y está furioso: “Yo me mudo en los próximos días pero nadie me dio ni un papel. Ni siquiera sé qué casa me va a tocar. Nos mostraron uno de los edificios a los que vamos a ir y ése estaba bien. Pero somos muchos y nos van a mandar a varios edificios que no vimos, no sabemos cómo están. Por eso nuestras dudas. Sabemos de familias numerosas que van a viviendas chicas y también a la inversa. Eso depende de si te hacés más o menos amigo de los del IVC”. Los vecinos de El Pueblito denuncian que cuando fueron a ver las viviendas a donde irían, notaron que en el censo había gente que figuraba como que eran de esa villa pero que no habían visto nunca. Penellas, desde la Defensoría, agrega que “el censo de El Pueblito es el único que no estuvo auditado por ningún organismo del Estado”.Ángel Oga, dirigente de la CTA y referente del asentamiento Luján, coincide con lo positivo de las relocalizaciones pero señala que se hacen muy mal. “En nuestro caso fue traumático. No sabían a dónde iban a ir hasta último momento. Además, según la resolución de la Corte, hay que indemnizar de acuerdo al valor de la casa que se demuele. Muchas no valen nada, es cierto, pero hay otras que se habían valorizado con años de esfuerzo. Y esa partida para que se les indemnice existe, son del Plan Federal pero el IVC no la ejecuta. También, según la resolución de la Corte, a los vecinos que se quedaban se les iba a extender la red de cloacas y de luz, se iba a poner baños para el mejoramiento habitacional en el marco del llamado Plan Húmedos. De todo esto, no se hizo nada”, apunta el dirigente.Pero las denuncias no sólo alcanzan a los vecinos de Barracas o Pompeya. Las primeras tareas de demolición de las casas de la gente relocalizada estuvieron a cargo de la cooperativa de cartoneros Reciclando Sueños. Desde hace meses, el IVC desistió de sus servicios y contrató a una empresa privada. Desde la cooperativa señalan que sólo le pagaron el 30 por ciento del total. Valentín Herrera, referente de Reciclando Sueños señala: “Al principio estaba todo bien, pero después vino un ingeniero llamado Carlos de La Vega que se hacía el pesado y que no nos pagó el trabajo que realizamos. Sabemos que la partida de 180 mil pesos salió del IVC pero a nosotros nunca nos llegó. Ahora contrataron a una empresa para que haga esta tarea. Que contraten lo que quieran, todo bien, pero que nos paguen lo que nos deben. Hicimos muchísimos reclamos pero hasta ahora no hubo ninguna respuesta”. Miradas al Sur dejó varios mensajes en los dos celulares de Omar Abboud, director del IVC, para que pudiera contestar las críticas, pero no recibió respuesta alguna.Además de los problemas edilicios, ex vecinos de la Luján denuncian varios incumplimientos del IVC. Angélica Somoza que vivía en esa villa de Barracas y ahora está en Soldati enumera: “Se nos complicó mucho la situación de los chicos y el colegio. Ellos están inscriptos en Barracas y nos habían dicho que habría transporte escolar. Pero fue mentira, nunca vino el transporte. Tampoco trasladaron las fichas médicas del hospital de Barracas al de Soldati, tal como prometieron. Está bien que los de El Pueblito se planten y exijan que si los van a mudar lo hagan en casas que estén en buenas condiciones. No es justo que porque yo antes vivía en una casa muy humilde me digan que no me puedo quejar y tenga que aceptar una vivienda con cortes de luz y gas. Yo voy a pagar por esta vivienda. Somos pobres pero con dignidad”.Hay que señalar que más allá de la justeza de las denuncias, muchas familias relocalizadas sienten que su vida cambia con el nuevo hogar. Es el caso de Catalina que junto a su marido y sus dos hijos vivía en una casa de un ambiente y ahora están en una de tres. O el de Liliana, que era vecina de Catalina en El Pueblito y se emocionó cuando ingresó a su nueva vivienda. Estos casos también existen, tanto como los de los vecinos cuyas denuncias aquí se consignan.

TORTURADO EN LA CAMA DEL HOSPITAL


Denuncia contra la Bonaerense.
Por Sebastian Hacher
Jhonatan Damián Alí llegó al hospital de San Pedro, en la provincia de Buenos Aires, con una herida de bala. Allí lo detuvieron acusado de querer robarle a un policía, y días más tarde lo trasladaron al Hospital Fiorito de Avellaneda para una intervención compleja pero de rutina. Menos de una semana después, cuando le estaban por dar el alta, amaneció al borde de la muerte. La versión oficial es que fue atacado por una bacteria que le reventó un ojo y le dañó varios órganos. Pero los propios médicos que lo atendieron hicieron la denuncia y aseguran que podría haber sido torturado por los policías que lo custodiaban.El lunes 10 de octubre fue feriado. La versión oficial es que a las cinco de la madrugada, un grupo de hombres pescaba en la laguna de San Pedro y tres encapuchados intentaron asaltarlos. Uno de los pescadores era el comisario de la bonaerense Jorge Espíndola, de 55 años y oriundo de Mercedes. Durante el intento de robo –siempre según la versión oficial– Espíndola disparó, los encapuchados respondieron y luego huyeron.A la mañana, desde el hospital de San Pedro llamaron a la familia de Jhonatan para decir que el chico, de 19 años, estaba internado y a punto de ser operado. Lo había llevado su mujer luego de encontrarlo casi desangrado en la puerta de su casa, con una herida de bala con orificio de entrada en el glúteo. El proyectil estaba alojado en la zona lumbal, entre la cuarta y la quinta vértebra. Nadie de su familia pudo verlo: además de herido, Jhonatan estaba incomunicado.El jueves, los médicos decidieron que lo mejor era trasladarlo al Hospital Fiorito, en Avellaneda. A la familia le dijeron que necesitaban doce dadores de sangre. Los voluntarios viajaron a Buenos Aires y se sometieron al pinchazo reglamentario. El viernes lo operaron. El parte posterior fue alentador.–Ya se puede volver tranquila, señora– le dijeron a Liliana Medina, la madre, el lunes, 72 horas después de la operación–. Su hijo ya está para ser trasladado.La mujer volvió a San Pedro en el micro de las 14.30. Jhonatan quedó internado en un sala común, dentro de un box y custodiado por al menos dos policías. Uno de ellos era de San Pedro. El otro, de la comisaría 1ª de Avellaneda, que está a pocas cuadras del lugar. Además de estar débil, el chico estaba esposado a los barrotes de la cama de una mano y un pie. Era imposible que intentara escapar de ahí.El martes no se hizo el traslado que estaba previsto. El miércoles 19 de octubre, un día después, la madre de Jhonatan recibió un llamado.–Su hijo está grave –le anunció una voz del otro lado del teléfono–. Venga urgente.Eran las cuatro de la tarde. Liliana llegó a Buenos Aires lo más rápido que pudo. El nuevo parte era completamente desalentador: estallido del duodeno, hemorragia hepática, pulmón desinflado, ojo hinchadísimo con hematomas y rasguños.–En doce horas –reconoció uno de los médicos– teníamos un paciente completamente distinto al que habíamos visto antes.La madre se desesperó. Las versiones que recibía eran escuetas, a veces contradictorias.–Es un germen– aseguró un médico.–Capaz que se cayó de la cama– especuló otro. O una esquirla de la bala le produjo un desorden en la zona lumbal.–No podemos dar información– reconoció un tercero.El martes por la noche Jhonatan había sufrido una descompensación, y el médico que lo atendía decidió hacer la denuncia en la comisaría 1ª. Pero eso se sabría tres días después. Aquel miércoles, la familia sólo tenía una certeza: Jhonatan estaba siendo operado de vuelta, y peleaba por su vida.–No puede ser que tenga el ojo hinchado y cerrado– se quejaron los familiares cuando intentaron convencerlos de que todo era producto de una infección.El clima del hospital era tan espeso que podía cortarse con un bisturí. Los pasillos estaban llenos de policías de gestos nerviosos. El viernes 21, la familia se contactó con los abogados de la Coordinadora contra la Represión Policial (Correpi). Para entonces, en el hospital ya se corrían rumores de que Jhonatan había sido torturado y de que varios testigos escucharon sus gritos de dolor. Patrocinados por la abogada María del Carmen Verdú, los padres del adolescente presentaron la denuncia directamente en la Justicia. La causa cayó en manos del fiscal Alejandro Rojas, de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) N° 3 de Avellaneda. Luego de la presentación judicial, los abogados se enteraron de que la primera denuncia que hicieron los médicos nunca había llegado a destino. La denuncia es por una figura fuerte: torturas.–Pensamos que quisieron darle una especie de escarmiento porque en teoría se enfrentó con un policía –explicó a Miradas al Sur un vocero de Correpi–. Fue de noche y hay personas que escucharon como le pegaban. El fiscal ya entrevistó a los médicos y hay varios testigos. Los pronósticos son reservados. No se sabe si Jhonatan va a sobrevivir.–Ahora parece que le está sangrando el páncreas –aseguró a Miradas al Sur un profesional de la salud que pidió reservar su identidad–. El ojo seguramente lo va a perder. Nunca había pasado algo así en el hospital. Entre los médicos hay un clima de miedo, de mucha inseguridad.La Cicop, la organización sindical que nuclea a los médicos de la provincia de Buenos Aires, sacó un comunicado donde afirma: “Todo lleva a pensar que el paciente fue sometido a una feroz golpiza mientras se recuperaba de la primera intervención”. Y que “por acción u omisión, la Policía Bonaerense aparece como la responsable directa del hecho”. La organización gremial también recordó que en agosto, los ministerios de Salud y Justicia y Seguridad anunciaron un convenio para que los detenidos fueran sometidos a reconocimientos médicos en los hospitales provinciales, al momento de su ingreso y egreso de comisarías. En aquel momento, desde el gremio declararon que si bien compartían el objetivo de la medida –que en los hechos significa relevar a la Bonaerense de esa función– les parecía que se estaba tomando de manera inconsulta y apresurada, sin que los hospitales tengan forma de hacerle frente a esa nueva demanda.Los hospitales, decían los médicos, además de “no contar con el personal ni la capacitación necesaria, y de no poder garantizar tanto para el personal sanitario, como para la persona detenida, como para el resto de los pacientes las condiciones mínimas de seguridad”, tampoco podían garantizar “la inviolabilidad de la documentación surgida de dichos procedimientos” y la “imparcialidad requerida para estos procedimientos”.Los hechos de la semana pasada, reflexionan los médicos en su comunicado, parecen darles la razón. Jhonatan, mientras, sigue en terapia intensiva y en estado de coma. Los médicos que lo atienden volvieron a pedir doce dadores de sangre. En el pedido de un transfusión, el diagnóstico dice una palabra clave: politraumatismo.–Tenemos la esperanza de que se despierte y cuente su versión– dijo anoche su tío a Miradas al Sur.Es duro decirlo, pero los profesionales de la salud no comparten su ilusión.

EL ARSENAL DE DIOS


La Concentración Nacional Universitaria guardaba sus armas en la Parroquia San Roque de La Plata.
Por Daniel Cecchini y Alberto Elizalde Leal
La Parroquia de San Roque, en 7 entre 39 y 40, es la única iglesia ubicada sobre la avenida más importante de La Plata. Allí, durante más de tres décadas, desarrolló sus actividades un cura extraño que combinaba su pasión por la música sacra –era un verdadero erudito– con encendidos sermones que, por lo general, se centraban en advertir a la feligresía sobre el riesgo que encarnaba la mujer para la salvación de las almas de los santos varones.El padre Enrique Eugenio Bartolomé Lombardi –vástago de un matrimonio cuyos tres hijos varones habían abrazado la vocación sacerdotal y sus tres hijas mujeres se habían hecho monjas– era un cura de convicciones firmes. Hombre cercano al arzobispo de La Plata, monseñor Antonio Plaza, Lombardi consideraba que el Concilio Vaticano II era una conspiración diabólica contra la Santa Madre Iglesia y que la misa como Dios manda debía pronunciarse en latín. En eso coincidía no sólo con su arzobispo, sino también con el latinista Carlos Alberto Disandro, que bajaba la misma línea en el Instituto Cardenal Cisneros, donde captaba a jóvenes estudiantes para enrolarlos en la lucha contra la sinarquía internacional que se estaba apoderando de Occidente, en general, y de la Argentina en particular. Allí, en el Instituto Cisneros, a fines de la década de los ’60, Disandro pariría una de las unidades de ese ejército llamado a salvar a la civilización occidental y cristiana, la Concentración Nacional Universitaria (CNU).Plaza, Disandro y el padre Lombardi coincidían también en unas sombrías tertulias donde el purpurado y el latinista –luego se les sumaría el jefe del Distrito Militar La Plata, coronel Mario Sila López Osornio– adoctrinaban a jóvenes integrantes del núcleo duro de la CNU como Patricio Fernández Rivero, Martín Salas, Félix Navazzo y Juan José Pomares (a) Pipi sobre la guerra santa que era necesario librar contra la conspiración judeo-marxista internacional.Claro que para librar cualquier guerra –más aún si es santa– son necesarias las armas. El padre Enrique Lombardi sería uno de los encargados de custodiarlas. Armas en la Iglesia. A principios de los ’70, de aquellas tertulias participaba también otro joven proveniente de una familia ultracatólica muy cercana a monseñor Plaza, tanto que el padre del joven había sido socio y testaferro del arzobispo en el Banco Popular de La Plata, una institución financiera que cerró sus puertas de un día para el otro y se quedó con los dineros de los incautos ahorrista que habían confiado en el banco de monseñor. Poco después fue asesinado en el marco de un confuso negociado con el equipamiento del Hospital del Turf. Enrique Rodríguez Rossi, el joven en cuestión, aunque no lo decía, pensaba de manera muy diferente que los otros participantes de las tertulias. Estaba allí con una misión precisa: obtener toda la información posible sobre el accionar de la CNU para pasársela a la dirección regional de las Fuerzas Argentinas de Liberación 22 de agosto (FAL 22), organización revolucionaria en la que militaba sin que nadie de su entorno lo supiera.Fue Enrique Rodríguez Rossi –a quien sus compañeros conocían como El Tío– quien, luego de una reunión con otros integrantes de la CNU en San Roque, avisó que Lombardi guardaba parte del arsenal de la banda en una habitación cercana a su despacho parroquial. Con ese dato, a mediados de 1974 las FAL 22 montaron un operativo de vigilancia sobre la iglesia, con la intención de para planificar su “expropiación”. “A mí me tocó, junto con otros, hacer el relevamiento de los movimientos de la iglesia. Qué autos llegaban, quiénes venían en ellos, a qué hora. Teníamos también la información de que allí también los miembros de la CNU hacían reuniones, pero yo personalmente no los vi”, recordó para Miradas al Sur una ex militante de la organización. La operación de “expropiación” fue finalmente abortada. En abril de 1975, la CNU descubrió que Enrique Rodríguez Rossi era en realidad un infiltrado y lo asesinó. Su cadáver acribillado apareció en el camino que une Villa Elisa con Punta Lara.Poco después, las armas de la iglesia fueron trasladadas a la quinta de Carlos Ernesto Castillo (a) El Indio, en 4 entre 76 y 77. Algunas de ellas fueron encontradas durante el allanamiento realizado el 30 de abril de 1976 (ver nota del 14 de agosto, “Fierros al por mayor”). Lombardi, entretanto, seguía pronunciando sus sermones. Durante la dictadura se incorporó a la Bonaerense con el grado de oficial subinspector. Su legajo lleva el número 14.017. A principios de este siglo –ya octogenario– seguía revistando en la fuerza, como capellán de Bomberos, con el grado de oficial inspector.

UN LUMINOSO DIA DE JUSTICIA


Por Horacio Verbitsky
“Si una propaganda abrumadora, reflejo deforme de hechos malvados no pretendiera que esa Junta procura la paz, que el general Videla defiende los derechos humanos o que el almirante Massera ama la vida, aún cabría pedir a los señores Comandantes en Jefe de las 3 Armas que meditaran sobre el abismo al que conducen al país tras la ilusión de ganar una guerra que, aun si mataran al último guerrillero, no haría más que empezar bajo nuevas formas, porque las causas que hace más de veinte años mueven la resistencia del pueblo argentino no estarán desaparecidas sino agravadas por el recuerdo del estrago causado y la revelación de las atrocidades cometidas.” Lilia Ferreyra apretaba contra su cuerpo una de las copias de la Carta de Rodolfo J. Walsh que hicimos después de su secuestro y asesinato, el 25 de marzo de 1977. Su testimonio fue uno de los más conmovedores del largo juicio que terminó esta semana con la condena a dieciséis miembros del núcleo operativo de la primera ESMA, e incluyó la reconstrucción en su memoria del cuento “Juan se iba por el río”, desaparecido en el saqueo de la casa del matrimonio, por el que también fueron condenados los culpables. Además estaban en la sala familiares de los secuestrados en la Iglesia de la Santa Cruz y varios miembros del grupo que en 1979 fue llevado a la quinta El Silencio, propiedad del Arzobispado de Buenos Aires, para que no los encontrara en la ESMA la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Por esos hechos deberán pasar el resto de sus días en prisión personajes como Astiz, Pernías, Cavallo y el Tigre Acosta. Casi todos ellos habían sido detenidos por la Cámara Federal de la Capital en el verano de 1987, pero poco después fueron liberados por la ley de obediencia debida. Fue en esta causa que, conmocionado por la confesión de Adolfo Scilingo, Emilio Mignone solicitó el derecho a la verdad sobre lo sucedido con su hija y abrió así la puerta que permitiría retomar los juicios interrumpidos bajo la presión de las armas, luego de que se declararan nulas las leyes de impunidad, en 2001. Un símbolo de la persistencia de los organismos defensores de los derechos humanos es la ubicación en primera fila de las querellas de Carolina Varsky, la extraordinaria directora de Litigio del CELS, quien era apenas una adolescente cuando por primera vez los miembros de esta banda de marinos criminales fueron detenidos. Que la sentencia se leyera horas antes del primer aniversario de la muerte de Néstor Kirchner es otro acto de justicia. Cuando él llegó a la presidencia ya había casi un centenar de altos jefes militares y de fuerzas de seguridad detenidos y procesados. Desde 1998 estaban bajo arresto Videla, Ma-ssera y otros jefes de la dictadura por el robo de bebés y el saqueo de bienes, dos delitos que las leyes de impunidad no perdonaron. Entre marzo de 2001 y mayo de 2003 varios jueces y cámaras federales, la Cámara de Casación Penal y la Procuración General afirmaron que los secuestros, torturas y desapariciones forzadas de personas constituyen delitos contra la humanidad y, como tales, no están sujetos a amnistías ni prescripción. Pero faltaba la confirmación de la Corte Suprema de Justicia, donde un cardumen de incompetentes y corruptos mantenía abierta esa página sólo por temor a las consecuencias. La jerarquía eclesiástica, Duhalde y Brinzoni creyeron llegado el momento oportuno luego de las elecciones de 2003. Pero Kirchner se opuso y al asumir adoptó la simple fórmula Memoria, Verdad y Justicia. De inmediato decapitó a esa cúpula castrense que volvía a inmiscuirse en las cuestiones políticas que no le corresponden, promovió el juicio político a los jueces indignos de la Corte Suprema y pidió al Congreso que declarara nulas aquellas leyes y ratificara los tratados internacionales sobre la imprescriptibilidad de aquellos crímenes. Un poco después desconoció al obispo castrense que había abogado ante la Corte por sus feligreses de manos ensangrentadas y rompió con el viejo cómplice de la Triple A que se imaginó que lo manejaría como un ventrílocuo. En un manuscrito presentado a los jueces, Acosta dijo que la carta de Walsh era “un arma de la guerra civil revolucionaria terrorista” y que la admiración que aún suscita demuestra que “la guerra no terminó”. Walsh entendió que no tenía sentido pedir a los jefes de aquella empresa criminal que meditaran. Pero impresiona que quienes entonces fueran jóvenes oficiales a sus órdenes, hoy entre su séptima y novena década de vida, muestren la misma incapacidad para reflexionar sobre las atrocidades que cometieron. Astiz bufoneó acariciándose una escarapela tamaño Billiken y algunos familiares y amigos de los marinos entonaron el Himno Nacional. Pero los hijos de varios de los condenados lloraban y se abrazaban en busca de consuelo. Sus padres son los responsables del dolor que hoy los atraviesa. Ojalá algunos de ellos comprendieran lo que Walsh escribió hace 34 años. Ni la carta ni el proceso judicial son armas de guerra. Los dieciocho detenidos gozaron del derecho de defensa con todas las garantías que negaron a sus víctimas e incluso un personaje tan notorio como Rolón fue absuelto. El juicio fue así una ejemplificación insuperable de la diferencia entre una dictadura sin ley y el imperfecto estado de derecho. La encuesta realizada el día de las elecciones por el Centro de Opinión Pública de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires indicó que entre las políticas del gobierno nacional que cuentan con mayor aprobación del electorado la principal es el juzgamiento de los crímenes de la dictadura, con el 93 por ciento entre los votantes de Cristina y el 79 por ciento de quienes prefirieron a otros candidatos. La sociedad sí está a la altura de aquellas palabras de Walsh

viernes, 27 de enero de 2012

EL HORROR NAZI LLEVADO A LA GRAFICA POR UN DISEÑADOR ARGENTINO


Este año la conmemoración en Memoria de las Victimas del Holocausto se hace bajo el lema “Los niños y el Holocausto”. El trabajo de Matías Delfino fue seleccionado por la ONU como póster oficial para recordar la liberación de los campos de exterminio.
Por Sergio Di Nucci
Haber sido elegido para trabajar en esta campaña implicó una enorme responsabilidad. El hecho de que mi propuesta de póster haya resultado la elegida ha sido desde luego un gran honor. Aunque sin dudas la mayor satisfacción fue haber logrado conectarme con la gente y haber promovido un impacto que logró traspasar fronteras culturales”. Así explicó a Tiempo Argentino el diseñador gráfico argentino Matías Delfino, cuya obra ha sido elegida este año para ilustrar el poster oficial de Naciones Unidas del Día Internacional de Conmemoración de las víctimas del Holocausto, esta vez bajo el lema “Los niños y el Holocausto.” Se trata de recordar, deplorar y activar la conciencia del asesinato de casi 2 millones de niños judíos, romaníes y sintis, entre otros. ¿Por qué hoy, un 27 de enero? Porque es el aniversario de la liberación de los campos de exterminio nazis. La Ceremonia arrancará a las 11 e incluirá palabras del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, del presidente de la Asamblea General, Nassir Abdulaziz Al-Nasser, y del psiquiatra canadiense Robert Krell, que de niño sobrevivió a la barbarie nazi. El evento tendrá lugar en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, donde trabaja Delfino, funcionario en la ONU y graduado en la Universidad de Buenos Aires. –¿Qué elementos debiste atender para realizar esta pieza gráfica?–El desafío mayor ha sido tener que comunicar a una audiencia diversa y multicultural con el objetivo de llegar a todos por igual, sin excluir a nadie. Eso es lo primero que tengo en cuenta y por eso la simplicidad visual de la propuesta, en una especie de lenguaje universal. –¿Cómo abordar un tema tan doloroso sin cargar las tintas y sin banalizarlo?–Ese límite es muy sutil. Cuando trabajo en campañas que abordan temas tan delicados como el Holocausto, que causó la muerte de millones de personas, apelo a la sensibilidad y al respeto. En este caso específico, el póster debía comunicar dos conceptos a la vez. Por un lado, mirar para atrás y reflejar el dolor y la herida que dejó en la humanidad el peor de los genocidios, y por el otro proyectar un tinte de esperanza, de vida. Sin duda el Holocausto ha sido una lección para la humanidad, de la cual debemos aprender y asegurarnos el Nunca Más, el no repetirla. Cargamos con una gran responsabilidad y también lo harán quienes nos sucedan.–¿Realizaste algún trabajo de investigación sobre el tema?–A mi entender la manera más eficaz de comunicar un tema es entendiéndolo a fondo y comprometiéndose a pleno con la causa. Para eso claramente leí mucho, vi películas, documentales, y hablé con gente experta en el tema, incluso con amigos y conocidos cuyas familiares han sido sobrevivientes del Holocausto. Más allá de eso, mi primer acercamiento al tema fue trabajando en un proyecto durante la escuela secundaria, a raíz del cual di con la biblioteca de la AMIA, un par de años antes del trágico atentado. –¿Creés que el diseño gráfico es una herramienta eficaz de transformación social? –Para lograr un cambio de actitud hacia un tema, primero hay que lograr captar la atención de la audiencia. En el contexto de hipercomunicación y saturación informativa en el cual vivimos, es cada vez más difícil no pasar inadvertido. Es ahí cuando el diseño gráfico entra en acción, cumpliendo el rol fundamental de captar esa atención, para inmediatamente después conectar, sensibilizar, conmover, alertar, generar una reflexión y hasta en algunas ocasiones un cambio de actitud. Y creo que ese cambio de actitud, puede llevar en última instancia a una transformación social. –¿Cuáles son tus planes a futuro?–Si bien me siento muy afortunado de tener el privilegio de trabajar en Nueva York creando campañas de bien desde las Naciones Unidas para el mundo, mantengo la ilusión de volver a Argentina. Ojalá tenga la oportunidad de aplicar mi experiencia en campañas a nivel nacional en mi propio pais. <

DENUNCIA CONTRA LA POLICIA FRANCESA POR ABUSOS Y DISCRIMINACION RACIAL


Por María Laura Carpineta
La organización Human Right Watch publicó un informe, basado en decenas de testimonios, en el que asegura que las fuerzas de Nicolas Sarkozy cometen abusos y humillaciones contra las minorías de origen africano y árabe.
Cuando les preguntamos (a los policías) por qué nos pararon, nos dijeron: ‘Un árabe y un negro en una moto en París nos asustan’.” El relato pertenece a Abdi, un joven francés de 25 años que vive en Saint Denis, un suburbio al norte de la capital francesa. La localidad está pegada a la Ciudad de las Luces, a sólo unos minutos en tren, pero la frontera está allí, a la vista de todos. Apenas una estación fuera de los límites parisinos y los ciudadanos blancos desaparecen y surgen los hijos, nietos y bisnietos de inmigrantes africanos. Hace siete años Saint Denis fue uno de los escenarios de los estallidos sociales que sorprendieron a los parisinos y al mundo con las imágenes de autos y barricadas en llamas. Desde entonces, Nicolas Sarkozy, primero como ministro del Interior y luego como presidente, ha hecho de la presencia policial y, en París cada vez más militar, una prioridad.Aprovechando la atención de la campaña presidencial francesa, la organización Human Rights Watch (HRW) publicó ayer un informe sobre los abusos policiales y la discriminación racial a la que son sometidas las minorías en las principales ciudades del país. El informe “La raíz de la humillación: abusivos controles de identidad en Francia” se basa en el testimonio de decenas de niños y jóvenes negros y árabes que han sufrido en carne propia el ensañamiento de la policía francesa en ciudades como París y sus suburbios, Lille y Lyon. “Un día la policía nos paró tres veces. Salimos del subte, control. Caminamos 200 metros y otro control. Caminamos otros 200 metros y otro control”, relató Khalil a la organización, un joven de 16 años de Sainte-Geneviève-des-Bois, al sur de Paris. En los últimos meses la presencia de militares, vestidos de camuflaje y armados con ametralladoras automáticas, es una postal cotidiana de las principales estaciones de subte parisinas. Se pasean en grupo por los andenes a toda hora. En la estación Gare du Nord, el centro neurálgico del transporte público en el norte de la ciudad, las detenciones e interrogatorios en los pasillos son moneda corriente, y las víctimas de las sospechas policiales son siempre los mismos: jóvenes de menos de 30 años, negros o árabes.Los funcionarios policiales consultados por HRW no lo negaron ni lo desmintieron. “¿Qué quiere que le diga? ¿Que eso no existe?”, contestó Christophe Cousin, director de la Oficina de Asuntos Políticos y Administrativos de la Prefectura de la ciudad de Lille, cuando la organización lo confrontó. El vocero del sindicato policial Unité SGP, Yannick Danio, tampoco se indignó ante la acusación, aunque intentó defenderse relativizándola. “El estilo de la vestimenta continúa siendo el principal factor (para la detención), el origen es el segundo y el barrio es el tercero”, explicó.La impunidad de los policías y de los funcionarios franceses no se sostiene solamente sobre los hombros de un gobierno reaccionario, sino también sobre los de una sociedad racista e hipócrita, que se indigna y sorprende ante denuncias como esta, mientras convive en silenciosa complicidad con ciudades y barrios virtualmente segregados. <

ACUSAN AL GOBIERNO LIBIO DE TORTURAR


MSF acusó a las actuales autoridades de torturas a los presos y de pretender que sean atendidos en medio de las sesiones. Amnesty confirmó que varias personas fueron muertas en las últimas semanas después de tratos inhumanos.
Por Adrián Pérez
Desde la caída y posterior asesinato de Muammar Khadafi, en Libia ya no hay dictadura ni tirano a quien achacarle violaciones a los derechos humanos. Sin embargo, Médicos Sin Fronteras suspendió ayer sus operaciones en los centros de detención de Misrata, después de denunciar que las actuales autoridades torturan a los presos y pretenden que sean atendidos en medio de sesiones de tortura. Luego de que la OTAN sembrara Libia con sus bombas, su secretario general, Anders Fogh Rasmussen, aseguró que la Alianza no regresará al país norafricano. En un contexto de vacío político y anarquía, los equipos médicos de MSF, que llegaron a la ciudad libia para atender a prisioneros heridos, aseguraron que desde agosto de 2011 se produjo un incremento permanente de la cantidad de pacientes con heridas producidas en interrogatorios en los centros de detención.En el comunicado difundido, MSF advierte que trató a 115 personas con heridas asociadas a esos vejámenes. En todos los casos, informó MSF a las autoridades locales. Como respuesta hubo una reiteración de esos casos. Desde principios de enero, los equipos médicos comprobaron que varios de los pacientes previamente tratados presentaban signos de haber sido torturados nuevamente en otros centros de detención a los que fueron enviados. “Algunos funcionarios de prisiones han intentado abusar de nuestro trabajo médico”, afirmó Christopher Stokes, director general de MSF en Bruselas. “Nos traían a los pacientes, a mitad de los interrogatorios, para que les diéramos atención médica, se recuperaran y pudieran seguir torturándolos.”Como si fuera poco, la organización humanitaria fue llamada a asistir a pacientes en los centros de interrogatorio. Pero los equipos médicos se negaron, calificando ese pedido de inaceptable. “Nuestro papel es prestar atención médica a los detenidos heridos de guerra o enfermos, no tratar repetidamente a los mismos pacientes entre distintas sesiones de tortura”, manifestó Stokes. Un episodio particular se vivió el 3 de enero, cuando los médicos trataron a un grupo de catorce detenidos, a su regreso de un centro de interrogatorio ubicado a las afueras de las instalaciones de detención de Misrata: nueve de ellos presentaban numerosas heridas y mostraban signos evidentes de haber sido torturados.En esa ocasión, los médicos de MSF informaron al Servicio de Seguridad del Ejército Nacional, agencia responsable de los interrogatorios, que algunos pacientes necesitaban ser transferidos a hospitales para atención urgente y especializada. Desde la sede de MSF Buenos Aires, Carolina Heidenhain señala que por el momento “si no se modifica la situación, no podríamos volver. Todavía no sabemos cuáles van a ser los pasos futuros”, agrega. Luego de comunicarse con la sede central en Bruselas, la vocera asegura, en diálogo con Página/12, que los dos centros de detención en Misrata, donde la organización humanitaria estaba trabajando hasta ayer, albergan a un total de 1500 presos.Amnistía Internacional confirmó, a su vez, que varias personas fueron muertas en las últimas semanas tras ser torturadas. Los responsables de esa organización encontraron presos con “visibles signos de tortura y malos tratos” en las prisiones de Trípoli, Misrata y Gharian, entre otras cárceles. Mariela Belski, directora ejecutiva de Amnistía Internacional Argentina, afirmó que AI recomienda que se ordene la clausura de todos los centros de detención no oficiales y se establezcan mecanismos para poner a todos los centros de detención bajo el control de las autoridades, y que se garantice la realización de investigaciones inmediatas sobre todos los casos conocidos o denunciados de tortura y otros malos tratos.

EL BOWLING QUE TODAVIA RESISTE


Dicen en Villa Gesell que ya no se hace la previa con los bolos, que ahora se hace en los departamentos. Y que ahora van muchos a jugar en plan familiar. Tanto, que hay un local que no admite viseras ni más de una cerveza. El bowling, ese juego que resiste.
Por Soledad Vallejos
Desde Villa GesellLa playa es lo último que se pierde. Y sin embargo hay tardes imposibles, que terminan por torcer el brazo a las pequeñas multitudes valientes que se instalan en la arena aunque las nubes blancas, grises, casi negras avanzan en el cielo desde temprano en la mañana. Hay días en que, además de todo eso, el verano parece sólo un recuerdo lejano y los lugares bajo techo del centro hierven. Claro que para preservar el calor humano algunos espacios tienen reglas estrictas. A metros de la avenida 3, Kenka Bowling Club, el primer piso con seis canchas de bolos lustradísimas como si fuera el primer día, es uno de los participantes del rigor. Lo advierte un cartel en el umbral de planta baja, a centímetros de las escaleras algo empinadas: “Prohibido la entrada de motos”. Escalones arriba, antes de traspasar la puerta definitiva, otro cartel remacha: “Se prohíbe la entrada a toda persona con visera a este establecimiento”. Así y todo, una tarde de lluvia el público no se hace rogar. Eso son los ruidos sordos que emergían desde la ventana: bolos rodando por la pista, bolos golpeando palos, palos cayendo, pasitos corriendo por la pista antes de dar un saltito, bolos rodando por la canaleta.Va llegando la hora de la merienda, pero Cacho (“bueno, Damián Ferrer, pero por ese nombre no me conoce nadie”) sabe que en enero hay que obedecer a la lluvia. Por eso hoy, en lugar de al caer el sol, abre a la tarde.Porque los veraneantes en algo tienen que ocupar el tiempo y, ahora que “la sociedad cambió”, al bowling no le queda más que adaptarse. No es, todavía, un gentío el que completa laboriosamente líneas a fuerza de yerros descomunales, algún medio strike, unos cuantos yerros memorables y bastante tiempo que se va mientras afuera podría caerse el mundo.Aquí dentro basta la música (que hila, cuándo no, un hit brasileño con sonido a verano, un re-ggaetón, la cumbia sobre una vecinita pícara, y así), un bar nutrido con lo justo, dos mesas de pool, un retrato a pincel de Carlos Gesell, una tele siempre encendida en señal deportiva y fotos y cuadros y cuadritos que dan cuenta del arraigo que el bowling tiene en la Villa. En el salón, explica Cacho, las mesas son pocas porque “lo que importa es el deporte”.“Si alguno viene y quiere tomar más de dos cervezas, no le vendo. No, no. Para alcoholizarse, que vaya a otro lado”, dice, enfático, Cacho, y el flequillo gris, pobladísimo, barre de un lado a otro el marco de los anteojos. Sobre la pared, forrada con maderas, espejada por tramos, se despliegan fotos, diplomas, botellas. Afuera termina de llover. Adentro, un grupo de tres chicos termina de jugar una línea. Antes, dice Cacho, un día cualquiera de verano a esta ahora, la lluvia hubiera convertido el lugar en un mundo. ¿Antes cuándo? “Hace seis, cinco años. En los ’90 te diría fue la transición.”–¿Y qué pasó?–Bueno, ahora están las previas en los departamentos, no en los boliches. Antes venían acá, jugaban un rato, después se iban. Pero ahora los pibes ya caen borrachos al boliche. Por acá ni pasan. Las que sí vienen son las familias. Pero más del interior. El del interior es más conservador.Esta tarde tal vez no. Pero en unas horas, entrada la noche, cuando por la peatonal se entreveren artistas ambulantes, tarjeteros recién llegados a la adolescencia, familias numerosas, familias no tan grandes y adolescentes en sus primeras incursiones veraniegas sin adultos a la vista, el panorama en el primer piso será otro.Detrás de las mesitas con vista al horizonte de palos habrá grupos de chicas, de chicos, alguna familia. Allá, al final de la pista, al final de la canaleta que separa el talento deportivo de la llanura, debajo del tablero que marca los puntos, de noche también hay vida: a veces, entre las ventanitas donde los palos aguardan, estoicos, los strikes, pasan piernas, alguna zapatilla, brazos, piernas de parapalos más preocupados por mantener la efectividad de su tarea que por alentar la mística en torno de esas bambalinas.En este salón ahora atestado de grupos en torno de las mesas de pool, de observadores en las sillas ubicadas tarima arriba, detrás de las mesitas con los puntajes de cada jugada, los resultados de cada línea, también hay público. En la última mesita de jugadores, donde una chica flaquita y menuda causa estragos con cada bola ante el silencio manso de sus compañeros, alguno de los espacios ad hoc vela por un chopp de cerveza. En la anteúltima, en cambio, un grupo de chicas de quince, dieciséis, de tacos, minivestidos, maquillaje y actitud prebolichera, alternan bolos con smartphones. Juegan sin pasión, pero sin pausa.–¿Por qué está prohibido entrar con visera?–Porque es un público distinto. El que está con visera no viene por el deporte. Juega al pool como mucho, no al bowling. Entonces, las familias, si cuando suben la escalera lo primero que ven es a uno con visera, agarran y se van. Ni pasan. Si son varios, ese día tenés el bowling vacío. Así que acá, si quieren quedarse, tienen que sacarse el gorrito antes de entrar. Por el deporte.