miércoles, 5 de diciembre de 2012

EUROPA DEBE REVISAR SUS PRINCIPIOS

Las ideas e instituciones que modelaron la integracion europea tuvieron detras el pasado de la guerra y la fragmentacion, pero no contemplaron debidamente otras falencias y desequilibrios en la relacion entre el capitalismo y la democracia.
 
Por Lorenza Sebesta.
 
El capitalismo está globalmente aceptado no por producir ganancias y más riqueza, sino por producirlas con modalidades que garantizan eficiencia económica y legitimidad política . La presente crisis europea nos muestra graves falencias al respecto.
La primera tiene que ver con el riesgo, concepto central del capitalismo . Antonio, en El mercader de Venecia (una obra centrada en este concepto), construye su riqueza sobre su disponibilidad a aceptar que sus barcos cargados de preciadas mercaderías de Oriente se hundan en una borrasca o asaltadas por piratas.
La legitimación de su ganancia deriva de este riesgo, aceptado y repetido. La falta de regreso de sus barcos puede destruir su negocio – y su propia vida en el caso de la tragedia de Shakespeare.
Hay quien dice que el origen del capitalismo se vincula al surgimiento, y a la legitimación social de un nuevo modelo de hombre, volcado hacia el futuro, un hombre de coraje.
¿Por qué en el caso del capitalismo financiero, los bancos, que traen ganancias altísimas de su disponibilidad al riesgos, se rehúsan a aceptar las consecuencias de que un barco pueda hundirse y pretenden trasladar sus pérdidas a la sociedad en su conjunto? ¿Cuál sería el elemento legitimador de sus ganancias, si no corren riesgo alguno? La segunda falencia se refiere a la centralidad del mercado en la visión moderna de la economía, es decir la representación del mercado como lugar neutral donde, a través del encuentro entre demanda y oferta, se regulan los intercambios no solamente económicos, sino sociales, en los ámbitos cruciales de la producción y de la distribución.
Pero, ¿quién controla si los bienes que se ofrecen en dicho mercado no son fraudulentos? ¿Y quién tiene que pagar las consecuencias en caso de verificarse una crisis como producto de la inmisión en el mercado de, pongamos, los fondos buitres? Al propiciar el mercado la difusión de este tipo de productos, ¿no iría perdiendo su original legitimidad, basada sobre su supuesta capacidad de regular más racionalmente la producción y distribución de riqueza? La tercera falencia tiene que ver con la relación entre capitalismo y sociedad igualitaria. Siempre nos dijeron que entre los beneficios más patentes de la modernización capitalista estaba la difusión de un modelo de sociedad más igualitario.
Si miramos a Europa, esto es lo que pasó, no sin idas y vueltas. El desarrollo industrial se fue acompañando de una evolución de la sociedad hacia un modelo más igualitario y más móvil, donde se marginaron los grupos de poder antiguos, “ineficientes”, cuyo poder estaba radicado en la tradición y/o en la represión.
Crucial en este proceso fue la difusión de altos niveles de educación, lo que, a su vez, brindó progreso científico y técnico y más innovación, que es el motor del desarrollo económico. Lo que propicia el modelo de desarrollo actual es, todo al revés, la protección de los grupos que no producen riqueza sino préstamos (algo muy diferente), además de una sociedad cada vez más desigual donde, dada la cada vez menor posibilidad de acceder a una educación pública de calidad, se estanca la capacidad de innovar.
La cuarta falencia se refiere a las relaciones entre mercado y democracia. Talcott Parsons decía que la democracia es el mejor sistema para mediar entre los conflictos de una moderna economía capitalista . El mercado, por sí solo, no ayuda a fijar el mejor nivel de inversión en las áreas que no producen ganancia inmediata (la seguridad por ejemplo), ni ayuda a resolver temas cruciales como la calidad del aire o los niveles salariales.
Estas elecciones necesitan una arena neutral, donde se confronten las varias opciones de salida del conflicto sobre una base paritaria y de argumentos razonables (es decir que ningún grupo, a priori, tiene el monopolio de la verdad).
Esta es la esencia de la democracia sustancial.
Resolver estos casos en base a una supuesta eficiencia económica puede ser, en el mejor caso, peligroso, en el peor, fatal para la democracia y para el propio capitalismo. El funcionamiento de dicho sistema, como bien lo sabía el señor Ford, depende de la buena disposición de los trabajadores a trabajar y de su posibilidad de comprar , algo que no se consigue con la represión de sus niveles salariales o con el descuido de sus exigencias básicas.
Ojala pueda la crisis retomar la discusión sobre estos puntos tan sencillos que no necesitan premios Nobel para ser entendidos y discutidos, sino hombres y mujeres con educación básica y sentido común.
 
Fuente: Clarin

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