jueves, 28 de junio de 2012

"SERIA HERMOSO SI LOS PIOJOS NO VUELVEN MAS"

Al frente de La Franela, el ex guitarrista de Los Piojos,Piti Fernandez, sigue su camino: ahora como cantante, hit-maker y con nuevo disco, “Hacer un puente”.

Por Ezequiel Ruiz

"Los piojosos de la valla te extrañamos”, escribió alguien, a trazo urgente, en la fachada de la casa de Piti Fernández. Está a pocas cuadras de la estación Caseros y pasa desapercibida entre otras vivendas bajas y comercios que nunca más abrirán. De hecho, antes de ser lo que es (su hogar, sala de ensayo, estudio, búnker) era un local que su padre le cedió porque veía difícil poder alquilarlo otra vez. La historia de este lugar tiene que ver con la de La Franela: nacida en formato zapada en 2004, en medio de un parate de Los Piojos, fue presentada en sociedad en la primavera del 2008, en esta casa, para amigos & periodistas que se sirvieron vino y empanadas. “Cuando me fui de Los Piojos, no tenía la intención de que la banda pare, así que les alquilé la parte que me corresponde de la sociedad y con esa guita acondicioné esto, donde hicimos el primer disco”. Sus compañeros Diego Módica, Lucas Rocca, Diego Chaves, José María de Diego y el Tucán Bosa están arriba de un barco que capitanea Piti: “A los pibes, que salvo el Tucán vienen todos del under, les doy soluciones para que se suban al proyecto sin poner una moneda y puedan vivir de la música”, explica.
De la banda de estadios que supo fundar también se llevó monitores, micrófonos y otros instrumentos, pero la solución más sustancial que tiene para la banda es su oficio cancionero. Lo primero que ve y tiene a mano para tocar cada mañana que baja de su dormitorio es un piano al pie de las escaleras. Tararea melodías al caminar; de repente, agarra un cuatro y lo toca. Se dice autodidacta y, aunque arriba del escenario cada tanto suelta la guitarra y se aferra al micrófono, reconoce una carencia: “No iba a aprender a cantar y después, recién ahí, salir a hacer música. Así que para arrancar tuve que convencerme de que mis canciones estaban buenas. Si salía con covers o con temas que no me dicen nada, no hubiera podido sostener el crecimiento de la banda”. Y luego de hits como Vine hasta aquí y Bicho de ciudad , logró rotación radial y ser viral en YouTube con Lo que me mata , incluído en el debut Después de ver (2009). Ahora, volvió al éter con Hacer un puente del disco homónimo editado a fines del año pasado. Y aunque no registre métodos para pensar y hacer canciones, sí hay procedimientos e influencias: “Veo la música en colores, como si fuera una paleta y me gusta que esos colores varíen. Diciéndolo de manera exagerada, yo te escucho un reggae, dos reggaes, tres reggaes y cambio. Al cuarto del que sea, me aburro”. Y redondea las historias que canta con relaciones humanas, secuencias urbanas y el barrio: factor que puede ser positivo o negativo, según quién lo vea. Piti dice: “Si yo te saco la foto de la esquina, pero con la calidad de Gondry, ¿qué te importa que es la esquina? Te la cuento lo mejor que puedo y la grabo todavía mejor. Podés estar más cerca de la esquina o más cerca de la peluquería, pero si está bueno lo que decís, punto y aparte. Además, ser de barrio no quiere decir ser sordo”.
–Y vos sos un pibe de barrio...
–Soy un pibe de barrio porque nací en Caseros, pero desde los 16, día por medio, me tomaba un colectivo para ir al Viejo Correo, Cemento, Caras más Caras, fui telonero de Fabiana Cantilo, fui millones de veces al CC Recoleta, cuatro años seguidos a la Bienal de San Pablo… ¿sabés cómo me movía? La esquina es linda pero porque me gusta vivir acá, pero después hay que ir a buscar tu data y el audio.
–En los 90’s sonar en la radio era “sacrílego” para una banda y, sobre todo, para sus fans. ¿Ahora?
–Con Tercer arco vendimos más de 200 mil copias; y con el último vendimos 3000. Es mucha diferencia, entonces tenés que hacer shows para vivir. Imaginate si te vas a poner a renegar porque tu tema suene en la radio. ¡De rodillas te ponés para que suene!
–¿Cómo llevás la presión o los “reproches” del público?
–Es maravilloso que 70 mil en River aplaudan tus canciones, te hace sentir vivo. Pero cuando el público se apodera de la obra, es una locura. Algunos me dicen: “Eh, ¿cómo que te separás?”. ¡Porque se me canta el culo, porque es algo que yo armé y ahora me siento incómodo! ¿Cómo no me voy a separar? “A mi hija le puse Azul, ¿qué hago?”. Hay cosas de las que no tengo por qué hacerme cargo. ¿Qué hacés mirando todos los días un póster de tipos que no se bancan entre ellos? ¿Es culpa de ellos o culpa tuya, que tenés el póster ahí? Es una banda de rock. ¿Se termina la vida y no se va a terminar una banda de rock?
–¿Es posible una vuelta?
–Sin Tavo en el medio, la veo difícil. Era el único que sabía lo que tocábamos todos. Fuimos una cosa seria, siempre lo hicimos lo mejor posible y nos quisimos mucho, aunque hoy no me hable con Ciro. Me haría mal haber estado tanto tiempo con gente que pueda hacer un circo con el nombre, pero no creo que suceda. Para mí sería hermoso que Los Piojos no vuelvan nunca más, que quede bien alto el recuerdo. Por ahí puede pintar un tributo, de casualidad, en el show de alguno, un festival, cuatro temas, algo así. Pero salir de gira, no.

Pappo y la Les Paul negra

“Ustedes son impresionantes, suenan como Led Zeppelin”, elogió Pappo a Los Piojos después de una zapada compartida. El Carpo, además, codiciaba una Les Paul completamente negra de Piti, quién recuerda un dicho del gran guitarrista: “El que tiene una de éstas, es mi amigo”. Cuando Los Piojos se preparaban para tocar en Vélez, Pappo cayó en los ensayos: iba a ser uno de los invitados de aquellos shows. Y al verlo a Piti con esa guitarra conectada a un Marshall, le pidió tocarla. “Había arrancado el ensayo con una Telecaster y un Matchless, pero cuando le dí mi set decía ‘qué bien suena’. Ese amplificador se lo había comprado a un loco que antes se lo había comprado a Boff. ¡Era un Marshall de Riff! Le dije que lo mirara bien y cuando leyó que decía ‘Riff’, desenchufó la viola y arrancó para la puerta (risas). ¡Se lo quería llevar en el momento! Era mío, pero también de él, en definitiva. Así que negociamos”.
–¿Cómo?
–Le tuve que prestar la Les Paul que tanto le gustaba para que se la llevara de gira...

Los regalos de Tavo

Cuando Piti se fue de Los Piojos, Tavo Kupinski le regaló una reliquia: un bandoneón alemán de colección con el que, tiempo después, grabó el firulete tanguero que cierra Hacer un puente.
“Era para un tema, pero al Tucán (productor del disco) le parecía que no iba. Así que lo dejamos al final, como homenaje”, aclara Piti. Lo registraron pocos días antes del fatal 4 de enero de 2011, cuando Tavo perdió la vida en un accidente automovilístico (también murieron su mujer Flavia y Bianca, una de sus dos hijas). Fue la última vez que estos dos amigos se vieron las caras.
–¿Qué te acordás de ese día?
–Vino con Flavia a visitarnos porque hacía 15 días que había nacido Danilo, mi segundo hijo. Le trajeron un montón de regalos, mucha ropa. Lo extraño es que le compraron ropa más grande, que recién ahora le estoy estrenando. Como que le hicieron todos los regalos que después no le pudieron hacer. Y me vuelvo loco pensando en todo eso, parece muy premonitorio. Es normal que viniera, grabara algo, que mientras tanto nuestras mujeres charlaran... el detalle es que no vuelvan más. No te imaginás que un amigo se va a ir así.

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