domingo, 12 de febrero de 2012

ESCUDOS, LANZAS Y TRAPOS ROJOS


Por Hernán Invernizzi
Beatriz Sarlo volvió, desde las páginas de La Nación, a entregar su particular visión sobre la historia del peronismo.
El último artículo de Beatriz Sarlo también es polémico. En un fragmento utiliza una figura polisémica –varios sentidos simultáneos– que produce inquietud y confusión. Cuando un autor acude a ese procedimiento, a veces no queda claro qué quiso decir pero le queda la posibilidad de sostener: “Pero si yo no dije eso...”En Juventud y viudez, sus escudos y sus lanzas (La Nación, 16/8/11) dice: “Eva Perón murió en 1952. Hubo paredes en Buenos Aires donde se escribió la frase repulsiva: “Viva el cáncer”. La fatalidad se entreteje con la historia del peronismo. En 1974, la muerte de Perón, mientras ejercía la presidencia, abrió el camino de la violencia dentro y fuera de su movimiento. En 2010, la muerte de Néstor Kirchner, por el contrario, le da a la línea que él armó dentro del justicialismo una dimensión que su viuda ha sabido aprovechar”. A partir de allí sostiene que la clave del éxito electoral de la Presidenta es su capacidad para aprovechar la herencia de su marido (ya sea por algunas de sus políticas mientras vivía, ya sea por las consecuencias políticas de su muerte). (ver: http://www.lanacion.com.ar/1398138-juventud-y-viudez-sus-escudos-y-sus-lanzas).El fragmento articula cuatro hechos –Evita, Perón y Kirchner fallecieron, y se pintó una leyenda– con una serie de opiniones intercaladas: “La fatalidad se entreteje…”, “abrió el camino de la violencia…”. Al principio parece una construcción retórica inocente, pero cuando se tira del piolín… aparecen otras cosas. Los cuatro hechos son tres muertes inolvidables y un graffiti miserable –que sugiere al sujeto los gorilas–. Menciona a cuatro personas: una muerta que no enviudó (Evita), un viudo muerto (Perón), un muerto que no enviudó (Kirchner) y una viuda viva (Cristina). Dos mujeres. Dos hombres. Un texto sugerente. Empieza con una mujer y termina con otra, pero Isabelita no aparece. Y uno se pregunta qué nos quiso decir. Se podría sugerir que es el borrador de una teoría de la viudez en la política argentina o que quiso señalar que Perón nos legó a Isabelita y que Kirchner la gentileza de dejarnos con Cristina…No caben acá todos los análisis posibles acerca de un fragmento en el cual, después del adjetivo “repulsiva” –que “evita” el estigma del gorilismo–, la primera opinión tiene sentidos múltiples. Dice: “La fatalidad se entreteje con la historia del peronismo”. “Fatalidad” tiene dos sentidos: o bien refiere a un acontecimiento inevitable o bien a una desgracia. Quizá quiso decir que las desgracias están siempre presentes en la historia del peronismo. O tal vez que esa historia está marcada por la presencia de acontecimientos inevitables. No es lo mismo. Cada cual lo puede interpretar como quiera. Hasta se puede suponer que se refiere a ambas cosas.A continuación combina un hecho con una interpretación del mismo hecho. Dice: “En 1974, la muerte de Perón, mientras ejercía la presidencia, abrió el camino de la violencia dentro y fuera de su movimiento”. El hecho ocurrió. La interpretación es falsa. Y además de falsa es insólita en la autora de La pasión y la excepción (Siglo XXI, Buenos Aires, 2003). Sarlo sabe que no es cierto que “la muerte de Perón… abrió el camino de la violencia…”, pero publica en La Nación un texto que contradice no sólo a uno de sus libros, sino buena parte de su biografía político-intelectual. Quizás quiso decir otra cosa.Para cuestionar esa falsedad no es necesario retroceder al fusilamiento de Dorrego. Vamos a limitarnos a la coyuntura que se abrió con la asunción de Cámpora. Perón murió el 1º de julio de 1974: la Masacre de Ezeiza ocurrió un año antes… El PRT/ERP cometió el trágico error de mantener la lucha armada contra las fuerzas represivas del Estado: no esperamos a la muerte de Perón y en septiembre de 1973 atacamos un cuartel del Ejército… El año terminó con un atentado contra el senador radical Hipólito Solari Yrigoyen a manos de la Triple A –por dar sólo tres ejemplos entre cientos de sólo ese año–. El primer semestre del ’74 fue peor: el Navarrazo, las listas negras de la Triple A, la persecución sistemática contra el sindicalismo opositor, el asesinato del padre Mugica…Diversos autores sostienen que la muerte de Perón significó la desaparición de un árbitro que trataba de controlar los enfrentamientos del movimiento peronista. Y es obviamente cierto que su muerte facilitó y aceleró la llegada de la dictadura militar. Pero de ahí a sostener que su muerte “abrió el camino de la violencia dentro y fuera de su movimiento” hay una distancia muy grande. Porque ese camino ya estaba abierto, porque Perón no lo había clausurado ni encausado y, sobre todo, porque el camino de la violencia política en el país obedecía a complejas razones político-culturales que no admiten ninguna explicación reduccionista. Y mucho menos oportunista.Hace unos días el ex presidente Duhalde volvió a hablar de los que quieren cambiar la bandera celeste y blanca por el sucio trapo rojo. También se refirió a los imberbes de ayer que son los barbudos boludos de hoy. Bajo el amparo de comentarios semejantes sufrimos divisiones, crímenes y tragedias abrumadoras. Ahora Sarlo habla de “escudos”, de “lanzas”, de una violencia política mal definida, y en el párrafo siguiente al que comentamos, dice en La Nación: “Cristina Kirchner se rodeó de un escudo protector juvenil (los ‘pibes’ que el domingo cantaban por ‘la liberación’)”. En esta coyuntura, algunos intelectuales podrían ser más cuidadosos con las palabras. Como decía Dante en La Divina Comedia, el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones.

No hay comentarios:

Publicar un comentario