jueves, 29 de septiembre de 2011

DE ESCÉPTICOS A CÍNICOS



Por Emir Sader *


El escepticismo parece un buen refugio en tiempos en que ya se decretó el fin de las utopías, el fin del socialismo e incluso el fin de la historia. Es más cómodo decir que no se cree en nada, que todo es igual, que nada merece la pena. El socialismo habría devenido en tiranía, la política en corrupción, los ideales en intereses.
La naturaleza humana sería esencialmente mala: egoísta, violenta, propensa a la corrupción.
En ese escenario, sólo restaría no creer en nada, por lo que es indispensable descalificar todo, adherir al cambalache: nada es mejor, todo es igual. Ejercer el escepticismo significa tratar de afirmar que ninguna alternativa es posible, ninguna tiene credibilidad. Unas son pésimas, otras imposibles. Algunos medios, como ya fue dicho, son máquinas de destruir reputaciones. Porque si alguien es respetable, si alguna alternativa demuestra que puede conquistar apoyos y protagonizar procesos de mejoría efectiva de la realidad, el escepticismo no se justificaría.
En realidad, el escepticismo se revela, rápidamente, en la realidad, ser un cinismo, tanto el uno como el otro, una justificación para la inercia, para dejar que todo continúe como está. Aún más que el escepticismo-cinismo está al servicio de los poderes dominantes, que acostumbran emplear a esos otavi-nhos (1) dándoles espacio y empleo.
Su discurso es que el mundo está cada vez peor, al borde de la catástrofe ecológica –todo se desmorona– y otros cataclismos. Promueven esa visión pesimista, incitan al escepticismo y a sumarse a la inercia, que permite que los poderosos sigan dominando, los explotadores sigan explotando, los engañadores –como ellos– sigan engañando.
Por más que digan que todo está peor, que el siglo pasado fue un horror –como si el mundo estuviera mejor en el siglo XIX–, que nada merece la pena, no pueden analizar la realidad en concreto. Para no ir más lejos, basta contemplar América latina, tema sobre el cual la ignorancia de esa gente es especialmente acentuada. Imposible no considerar que el siglo XX fue el más importante de su historia, el primero en que la región comenzó a ser protagonista de su historia. De economías agroexportadoras se avanzó a economías industrializadas en varios países, a la urbanización, a la construcción de sistemas públicos de educación y de salud, al desarrollo del movimiento obrero y de los derechos de los trabajadores.
Pero bastaría concentrarnos en el período reciente, en el mundo actual, para darnos cuenta de que las sociedades latinoamericanas –el continente más desigual del mundo– o por lo menos la mayoría de ellas, avanzaron mucho en la superación de las desigualdades y de la miseria. Aún más en contraste con los países del centro del capitalismo, referencia central para los escéptico-cínicos, que giran en falso en torno de políticas que América latina ya superó.
Las poblaciones de Venezuela, Bolivia, Ecuador, están viviendo mejor que antes de los gobiernos de Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa. La Argentina de los Kirchner está mejor que la de Menem. El Brasil de Lula y de Dilma está mejor que el de Fernando Henrique Cardoso.
Pero el escepticismo-cinismo desconoce la realidad concreta, no conoce la historia. Es pura ideología, estado de ánimo, que da cabida a los poderosos, partido que escogieron, al optar por dejar el mundo como está.
Trata de difundir sentimientos de angustia frente a los problemas del mundo, pero es sólo un cebo para transmitir mejor su compromiso para que el mundo no cambie, continúe igual. Incluso porque la vida está bien buena para ellos que comen de la mano de los ricos y poderosos.
Ser optimista no es desconocer los graves problemas de todo orden que vive el mundo, no porque la naturaleza humana sea mala por esencia, sino porque vivimos en un sistema centrado en el lucro y no en las necesidades humanas: el capitalismo, en su fase neoliberal. Desconocer las raíces históricas de los problemas, no comprender que es un sistema construido históricamente y que, por lo tanto, puede ser desconstruido, que tuvo un comienzo, tiene un punto medio y puede tener un final. Que la historia humana es siempre un proceso abierto a alternativas y que triunfan aquellas que logran superar ese escepticismo-cinismo que lleva agua a su molino para dejar todo como está, apuntando a la acción consciente, organizada, solidaria de los hombres y mujeres concretamente existentes.
(1) Brasil, personajes típicos del neoliberalismo que promueven el desencanto de la izquierda para intentar imponer la idea del tango “Cambalache”: Nada es mejor, nada todo es igual.






* Sociólogo. Secretario ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso).
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LOS SUEÑOS, EL HAMBRE Y LA GUERRA



A 75 años de la Guerra Civil Española.


Por Jack Fuchs *


Los 75 años que han pasado desde el inicio de la Guerra Civil Española me hacen reflexionar, aunque se mezclan en mi mente los recuerdos de lo vivido en aquella época en que era adolescente, mi mirada de entonces con mis vivencias unos años después, una vez comenzada la Segunda Guerra Mundial, y lo que sugiere el mundo en el que vivimos hoy. A mediados de los años ’30, yo vivía lejos de España, en mi Polonia natal, pero los acontecimientos me conmocionaban.
Yo siempre percibí la Guerra Civil Española como una especie de antesala de la guerra mundial. Allí, el ejército alemán probó sus nuevas armas y prestó ayuda al que, en un futuro no muy lejano, sería el dictador de España Francisco Franco. Ante tales movimientos, ningún país (excepto la Italia de Mussolini, con un régimen fascista como el que intentaba instalar Franco) intervino en la Guerra Civil Española por miedo a la declaración de una nueva guerra por parte de Alemania.
En las Brigadas Internacionales que lucharon apoyando a los republicanos españoles se congregaron hombres de 54 nacionalidades distintas. La nacionalidad más numerosa era la francesa, con una cifra cercana a los 10.000 hombres, buena parte de ellos de la zona de París. La mayoría no eran soldados, sino trabajadores reclutados por los partidos comunistas voluntariamente o veteranos de la Primera Guerra Mundial. Entre las demás, estaban también los norteamericanos, integrando la llamada Brigada Abraham Lincoln. Se trataba de una organización de voluntarios que se integraron a unidades de las Brigadas Internacionales, en apoyo de la República Española. Gran parte de sus integrantes eran miembros del Partido Comunista de los Estados Unidos o de otras organizaciones obreras socialistas. La Unión Internacional y la URSS enviaron asimismo hombres a luchar contra el franquismo. La diferencia era que estos últimos eran mandados oficialmente por el gobierno central.
En aquellos tiempos, yo tenía 14 años y vendía estampillas en Lodz para ayudar a los republicanos en su lucha. Para nosotros, con nuestra formación socialista, en mi caso pertenecía al Bund (Partido Socialdemócrata judío de Polonia), el gobierno republicano representaba claramente a la clase obrera y luchaba por la justicia social, por un mundo en paz, de fraternidad entre los hombres. Era lo que habíamos aprendido: debíamos ayudar al gobierno que representaba la lucha contra el fascismo de Franco, Mussolini y de Hitler.
En esos años, más precisamente en 1939, mientras Alemania firmaba el pacto Ribbentrop-Molotov, una paz artificial que todos sabían duraría poco, muchos jóvenes judíos de hogares muy practicantes decidían ir de Polonia a luchar a España en apoyo de los republicanos, cosa completamente incomprensible para sus padres y abuelos, para quienes, por otra parte, España constituía un territorio prohibido para los judíos a partir de la Inquisición en 1492. El gobierno polaco no permitió la salida de aquellos que deseaban ir a luchar a España, pero, a pesar de ello, muchos viajaron clandestinamente.
En los mismos años, sucedían matanzas terribles en la entonces URSS. Numerosos comunistas que habían escapado de Polonia cuando allí se prohibió la existencia de su partido habían sido recibidos con todos los honores en Moscú. Luego de un par de años, fueron juzgados, declarados espías y finalmente asesinados. Todo ello ocurría mientras también se producían los enfrentamientos y los miles de muertos en España.
En 1941, luego de la invasión de Rusia a Polonia, y con Alemania ocupando la otra mitad del país, dos líderes del partido socialista Bund son ejecutados por los rusos, acusados de haber sido espías nazis.
Todos los recuerdos me brotan, desordenados. Fechas, hechos, vivencias que bombardean mi cabeza ya anciana. En todo este caos encuentro un hilo conductor: la crueldad del hombre, su ensañamiento con él mismo. Ello no me tranquiliza. Todo lo contrario, me confunde cada día más. Trato de entender las diferencias entre las revoluciones, las guerras civiles. Sé que hay personas que se dedican a clasificar los hechos históricos, a ponerles nombres a los distintos conflictos humanos. Esa tarea se las dejo a ellos. Yo me resisto a creer que se pueden explicar las guerras, las matanzas y las crueldades. Las justificaciones siempre me incomodaron.
Empiezo a darme cuenta, a los 87 años, de que lo que extraño de mi infancia y mis primeros años de adolescencia es el sueño de un mundo sin guerras, un mundo de libertad, sin fronteras, sin hambre. Todo eso se esfumó y contemplo cómo nuestra civilización, mientras sigue avanzando científica y tecnológicamente, no ha podido resolver problemas básicos como el hambre y las guerras. Me asusta afirmar que, después de la Segunda Guerra Mundial, casi nada cambió. Las muertes en guerras civiles, revoluciones y conflictos entre países no cesaron. Los nacionalismos y los distintos tipos de discriminación se multiplican, brotan, y, ante ello, la humanidad no parece sorprenderse. Siempre excusas para matar, siempre guerras dentro de otras guerras, “justificadas” por los hombres en nombre de ideologías.
Cada vez hay más fronteras. Cada vez hay más conflictos. Todo parece demostrarme que mi sueño adolescente se apagó.






* Escritor, pedagogo.
Sobreviviente de Auschwitz.
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PERIODISMO QUE INVISIBILIZA



Darío Aranda reflexiona sobre el comportamiento de los grandes medios de comunicación y los periodistas acerca de la invisibilización de la opinión de campesinos e indígenas.

Medios de comunicación “independientes” y opositores, de un lado. “Militantes” y oficialistas, del otro. En ese maniqueísmo se ha transformado buena parte de los grandes medios de comunicación. Ambos denuncian, y silencian, según sus conveniencias económicas y políticas.
El proyecto de ley para regular la venta de tierras a extranjeros se suma a la lista de ejemplos que deja en evidencia a los grandes medios. El primer grupo publica editoriales y otorga espacios a quienes se oponen a regular la extranjerización porque, afirman, se estaría por “violar” la Constitución nacional. Desde la otra vereda se resalta el proyecto de ley como una gran cruzada nacional, casi presentada como si fuera la reforma agraria.
Es llamativo que, salvo excepciones, los periodistas de los grandes medios no consulten a un actor fundamental del territorio: campesinos y pueblos originarios.
Dirigencia política y formadores de opinión invisibilizan a los sectores populares de la Argentina rural. Influyen el desconocimiento o la discriminación de clase (o un poco de ambos). O, quizá, se los evita porque campesinos y pueblos originarios son quienes más claramente pueden dejar al descubierto que la extranjerización de tierras no es un problema central de Argentina, sino que el origen de sus pesares está en el modelo extractivo que es política de Estado, y donde agronegocios, megaminería, forestales y petroleras (sólo sus caras más famosas) cuentan con permanente apoyo mediático y gubernamental.
Pocos pueden oponerse a legislar sobre la venta de tierras a extranjeros. Mucho menos se opondrán quienes impulsan el actual modelo agropecuario, porque una ley de ese tipo no afecta ningún interés de los ganadores del modelo.
Regular la extranjerización de tierras no combate el corazón de la injusticia rural: la concentración de la tierra. Datos duros del INTA: el 2 por ciento de las explotaciones agropecuarias controla la mitad de la tierra del país. Mientras que el 57 por ciento de las chacras cuenta sólo con el 3 por ciento de la tierra.
Empresarios y gobiernos extranjeros no necesitan comprar tierras de Argentina para explotarlas según su necesidad.
El gobierno de Río Negro firmó en octubre de 2010 un acuerdo con China para sembrar 240 mil hectáreas. El gobierno de Chaco firmó un acuerdo en febrero último con un “fondo inversor” de Arabia Saudita para que explote 200 mil hectáreas del Impenetrable.
También son extranjeros, y no verán afectados sus intereses, empresas mineras, petroleras y forestales que controlan amplias extensiones de territorio nacional.
El principal problema de campesinos e indígenas no es la extranjerización, sino el modelo agropecuario. En 2001 se sembraron en Argentina 10 millones de hectáreas con soja. En 2010 se llegó al record de 19 millones de hectáreas, el 56 por ciento de la tierra cultivada.
El Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI-Vía Campesina) estima un piso de 200 mil familias rurales expulsadas por el avance sojero. Las topadoras suelen estar al servicio de empresarios que –la gran mayoría de las veces– son argentinos.
El Plan Estratégico Agroalimentario (PEA) planifica la política agropecuaria para los próximos nueve años. Y logró lo que ninguna otra iniciativa kirchnerista había logrado: obtuvo el apoyo (o al menos la ausencia de críticas) de medios opositores y también de medios oficialistas.
El PEA impulsa aumentar la producción granaria un 60 por ciento en los próximos nueve años. Llama la atención que los periodistas que durante la 125 tanto cuestionaron la sojización ahora no hayan alertado sobre el aumento de desalojos, desmontes y del uso masivo de agrotóxicos que provocará lo pautado en el PEA. Una premisa básica del periodismo es no ocultar la realidad. Los “daños colaterales” de la “Argentina líder agroalimentaria” (eslogan del PEA) recaerá sobre los sectores populares del campo argentino. A pesar de ello, la gran mayoría de los periodistas de grandes medios publicitan el PEA como un hecho auspicioso y, como de costumbre, ignoran a campesinos y pueblos originarios.
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CRÍMENES IMPUNES EN HONDURAS



La semana pasada fueron asesinados un referente social cercano a Zelaya y un periodista, ambos miembros del Frente Nacional de Resistencia Popular. Ninguna de las muertes de periodistas ha sido esclarecida.

Por Gustavo Veiga


El crimen político avanza en Honduras con la precisión quirúrgica de un cirujano. La última semana asesinaron a un referente social cercano al ex presidente Manuel Zelaya en la capital, Tegucigalpa, y a un periodista en Puerto Cortés, al norte del país. Los dos tenían en común que integraban el Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP). Los dos también terminaron agujereados a balazos. “Es una declaración de guerra, éste es un asesinato político que trae un mensaje para mí, para los que están alrededor mío con el fin de detenernos”, dijo Mel Zelaya sobre la muerte de Mahadeo Roopchano Sadloo, un ciudadano de Surinam nacionalizado hondureño y al que se conocía popularmente como Emo. Había acompañado al mandatario depuesto desde el golpe de Estado del 28 de junio de 2009 e incluso se refugió con él en la Embajada de Brasil durante su asilo de cuatro meses. Medardo Flores trabajaba en la radio Uno de San Pedro Sula y administraba las finanzas del FNRP. Es el decimosexto periodista que pierde la vida desde febrero del año pasado.
Guillermo Amador Padilla, un exiliado hondureño en la Argentina, afirma que en su país existe una lista “con los nombres de diez dirigentes del FNRP que van a matar. Mi hermano gemelo René y yo estamos en ella”. La denuncia comenzó a ser corroborada hace tiempo –se calcula que asesinaron a unos doscientos opositores desde el derrocamiento de Zelaya– y cobró fuerza con los crímenes de Sadloo y Flores. “Es hora de que pongamos atención a todo lo que está pasando. Parece que hay un plan, pero hay que desarticularlo...”, dijo el ex presidente desde Tegucigalpa, ratificando las palabras de Padilla.
Emo, según el propio Zelaya, “era una de las diez personas más significativas del Frente y una de las más reconocidas a nivel mundial”. Ataviado con una bandana de color rojo chillón, de larga barba canosa y encendida oratoria, el militante asesinado el martes 6 solía compartir actos y palco con el presidente derrocado. Cuando lo mataron, de cinco balazos, en su gomería del bulevar Suyapa, había llegado momentos antes de exigir la libertad del ex ministro zelayista Alberto Flores Lanza, quien se encuentra bajo arresto domiciliario acusado de fraude y abuso de autoridad. En el FNRP lo defienden con el argumento de que es un preso político del gobierno de Porfirio Lobo Sosa.
Al crimen del dirigente de 55 años se sumó el de Flores, un periodista de 62, graduado en la Escuela de Locutores del Instituto de Ciencias de la Comunicación de Radio Uno, en San Pedro Sula. Agricultor y ganadero también, es la segunda víctima del FNRP en una semana. Lo mataron de nueve balazos en Río Blanquito, departamento de Puerto Cortés, donde vivía “cuando lo emboscaron en el automóvil de regreso a su casa”, informó el director de la emisora donde trabajaba, Arnulfo Aguilar. Flores se ocupaba de las finanzas del Frente en la zona norte del país y en la década del 80, durante la dictadura militar, se había marchado al exilio. No había pasado mucho tiempo desde el último caso de un periodista asesinado. El 19 de julio mataron a Nery Orellana en la frontera con El Salvador. Era director de una radio rural.
A pesar de que el presidente Lobo Sosa señaló que “los responsables de estos crímenes serán castigados” y de que “hemos tomado la decisión de poner toda la fuerza del Estado para dar con el paradero de los asesinos de Emo Sadloo”, ninguna de las muertes de periodistas ha sido esclarecida, según los cables de agencias internacionales. Tampoco otros crímenes políticos cometidos por sicarios que han gozado de una gran impunidad desde que asaltó el poder el ex dictador Roberto Micheletti.
En Honduras esto resulta posible, entre otros motivos, porque la policía está involucrada en el delito en una proporción elevadísima. El 2 de septiembre, el subdirector de la Policía Nacional, Santos Simeón Flores, informó que entre 1999 y este año hubo 5270 denuncias contra efectivos de la fuerza por actos ilícitos. El director nacional de Investigación Criminal, Marco Tulio Palma, aportó otro dato alarmante el último viernes. En lo que va de 2011 ya hubo 4412 muertes, cuando en igual período de 2010 la cifra había llegado a 4391. Los especialistas hondureños en seguridad vaticinan que este año podría terminar con una tasa de 86 homicidios sobre 100 mil habitantes, una cantidad superior a la de México, país donde la lucha del ejército en las calles contra el narcotráfico elevó los índices de asesinatos hasta las nubes.
Con estas estadísticas, la Dirección Nacional de Investigación Criminal (DNIC) maneja la hipótesis de que el asesinato de Emo se trató de un hecho de delincuencia común y desde el gobierno se ofrece una recompensa de 100 mil lempiras para dar con el o los autores. En ese sentido se expresó Palma: “Es un crimen de delincuencia común lo que está tomando más fuerza y es hacia allí a donde están apuntando los investigadores”.
Muy distinta es la posición del FNRP. En un comunicado denuncia que “este nuevo acto de terror es un crimen político con el que se intenta desmovilizar y desmoralizar al Frente Nacional de Resistencia Popular. Responsabilizamos a la oligarquía y a las fuerzas represivas del Estado y exigimos que se esclarezca y se castigue a los autores materiales e intelectuales”.
En el velatorio de Sadloo, sus compañeros del Frente detectaron a un agente de inteligencia infiltrado y lo entregaron a la Policía Nacional. Reydi Arturo Ardón Sánchez tenía en su poder una carta con su nombramiento como miembro de los servicios hondureños. Además de este detalle que evidencia su incompetencia, los integrantes del FNRP comprobaron que su rostro coincidía con una imagen que había distribuido su propia fuerza del presunto asesino. El periódico El Libertador publicó la fotografía del espía y el retrato hablado de quien sería el autor material de los disparos contra Emo. Y en efecto, hay cierta coincidencia entre los dos.
“La lucha está empezando, díganles a los sicarios que si quieren sangre hay gente aquí dispuesta para entregarla, porque ya estamos cansados y no van a pararnos con la muerte de ninguno de nosotros”, señaló Zelaya, quien recordó a las casi doscientas víctimas de la represión política provocadas desde el golpe de junio de 2009. Otra cantidad similar de hondureños tuvo que exiliarse, como el gemelo Padilla. Para él todo comenzó después de que Micheletti, con respaldo del Congreso, el empresariado y las fuerzas armadas, destituyó al ex presidente. En el cuartel general de Casamata, en Tegucigalpa, la policía y el ejército se pusieron a “elaborar los perfiles de quienes integrábamos el Frente y de sus líderes. Ellos tienen cientos de personas identificadas como estudiantes, dirigentes sindicales y militantes sociales. A mí me advirtieron que mi fotografía y la de mi hermano estaban ahí. Están intentando provocar a la resistencia con estos crímenes. Quieren llevarnos a una guerra civil”, concluyó el exiliado hondureño que por ahora sobrevive en Buenos Aires.
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CUANDO LA RELIGIÓN INTERFIERE EN LA SALUD



PROHIBEN ENTREGAR ANTICONCEPTIVOS Y PRESERVATIVOS EN CENTROS SANITARIOS DE LA RIOJA

Son cinco centros sostenidos por el Estado provincial, pero gestionados por una entidad católica. La condición de no distribuir anticonceptivos fue impuesta por el Obispado local.

Por Mariana Carbajal


En La Rioja, en cinco centros de salud que brindan atención y asistencia a poblaciones de escasos recursos, los médicos tienen prohibido entregar preservativos y anticonceptivos. Se argumenta que es condición que impuso el Obispado local para donar las tierras donde se construyó una de las salas. Se trata de los centros de atención primaria de la salud conocidos como San Pío Pietrelccina. Hay tres en la capital riojana y otros dos en localidades cercanas. Tienen la particularidad de estar administrados por una entidad católica, pero funcionan en la práctica como centros públicos ya que el gobierno riojano les entrega un monto mensual para el pago de sueldos del personal y a la vez los San Pío son referentes locales de los programas sanitarios oficiales –provinciales y nacionales– como los de vacunación, medicamentos y entrega de leche para bebés y niños. Cumplen con todos los planes, con la única excepción de entregar gratuitamente preservativos y anticonceptivos, que se envían a todo el país a través del Plan Remediar desde el Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable.
“El tema es grave porque están discriminando a mujeres y varones que se atienden allí porque les corresponde ir ahí por el área geográfica en la que viven. Está mal y vulnera los derechos fundamentalmente de las mujeres”, consideró en diálogo con Página/12 Myriam Toscano, referente en La Rioja del Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable.
“Es un convenio firmado hace años por el gobierno provincial y la entidad que los administra. Fueron construidos por una familia que tiene una convicción religiosa muy acentuada”, señaló a este diario Marisel Paredes, secretaria de Salud de la provincia. Según dijo la funcionaria, el gobernador Beder Herrera heredó el acuerdo de la gestión de su antecesor, Angel Mazza. Pero Beder Herrera lo ratificó. Además, fue vicegobernador de Mazza, hasta que asumió en 2007.
Los cinco centros atienden a unas 12.400 personas. Toscano se reunió hace unos días con autoridades de la ONG San Pío Pietrelccina, que encabeza el bioquímico Germán Suárez, para intentar destrabar este punto, pero no lo consiguió.
La denuncia sobre la prohibición de entrega de anticonceptivos y preservativos la hizo el portal de noticias local DataRioja. Algunos vecinos ya expresaron reclamos al gobierno. Un grupo de habitantes del barrio Yacampis, en la capital provincial, envió una nota dirigida al mandatario provincial, donde le piden que no entregue un terreno de la zona a la ONG católica para la construcción de otro centro de salud. Se oponen –aclaran– “porque no se entregan métodos anticonceptivos, por lo que se verían perjudicados las mujeres y adolescentes del barrio”.
Todos los centros San Pío fueron construidos por el empresario riojano Hugo Mercado. Según explicó su esposa, Marta Serio de Mercado, a Página/12, el primer centro fue levantado seis años atrás en el barrio Panamericano de la capital provincial, en tierras donadas por el Obispado riojano. En ese momento, quien era obispo de La Rioja, Fabriciano Sigampa, les hizo firmar un convenio por casi cien años, donde habría quedado asentado que la donación se hacía bajo la condición de que los centros no entregaran anticonceptivos ni asesoramiento sobre los cuidados para evitar un embarazo no deseado, con excepción de los métodos naturales que permite la Iglesia Católica. “El obispo Sigampa nos cedió el terreno con la condición de que no se dieran preservativos ni anticonceptivos”, afirmó Serio. “Mi marido es muy católico. No es que les quitemos atención a las personas que quieren anticonceptivos. Los derivamos a otros centros de salud”, señaló la mujer. Esa situación, sin embargo, genera trastornos ya que muchas veces las personas carecen de recursos o tiempo para movilizarse y obtener los métodos en otro lugar, advirtió Toscano. En ese ir y venir de un lugar a otro, muchas veces se puede producir un embarazo no querido, agregó. “Es cierto, no deja de ser un freno a la accesibilidad. Tendríamos que rever algunas cosas”, concedió la secretaria de Salud provincial al ser consultada por este diario.
La esposa de Mercado aclaró que su familia ya no administra los centros de salud: su gestión está a cargo de la ONG San Pío Pietrelccina. “Dos años pagamos los sueldos del personal nosotros, pero ahora los paga el gobierno, tras firmar un convenio con el gobernador Beder Herrera. La ONG recibe un subsidio de 155 mil pesos por mes. Hay que aclarar que la atención es totalmente gratuita y cada centro está cuidado como si fuera privado, no hay papeles en el suelo, las paredes están pintadas sin manchas”, explicó Serio.






Promesa privada, daño público



El gobernador riojano, Beder Herrera, inauguró en marzo de 2010 el cuarto centro de salud San Pío de Pietrelccina de la provincia, que se abrió en Aimogasta, a 109 kilómetros al norte de la capital: “Que sea un centro primario de salud público, gerenciado por un particular, hace que funcione muy bien, donde la gente es la beneficiada”, destacó Herrera. El beneficio se corta cuando quieren obtener métodos anticonceptivos. Monseñor Sigampa, actual arzobispo de Resistencia, Chaco, estuvo en el acto de inauguración del San Pío de Aimogasta, y bendijo las instalaciones. Poco después, en julio de 2010, se abrió el quinto centro San Pío en Sanagasta, a 20 kilómetros de la capital.
El empresario Hugo Mercado señaló en aquel acto: “Junto a mi familia llevamos a cabo la obra física que después se la donamos al Estado y el gerenciamiento lo hacemos nosotros, contando con el aporte de recursos por parte del gobierno”. La idea del empresario Mercado de construir una red de centros de salud en La Rioja la impulsó luego de sufrir una grave enfermedad, según contó su esposa.
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"EL CELULAR ESTA ACABANDO CON LA TELEVISIÓN"



El celular como lugar de relajación: el mismo que hasta ahora ocupó la televisión. Ese es uno de los ejes del análisis sobre las nuevas tecnologías que plantea Omar Rincón, director del Centro de Competencia en Comunicación de la Fundación Friedrich Ebert, en Colombia. Aquí, reflexiona también sobre los medios en el nuevo contexto latinoamericano, el papel de los periodistas y las dificultades en la implementación de la nueva ley en Argentina.

Por Natalia Aruguete y Adriana Amado


–¿Por qué cree que hoy se habla tanto de medios?
–Los medios hacen parte de la cultura general de la sociedad. Antes se hablaba de la lluvia porque era lo que al campesino le preocupaba. En un mundo hipermediatizado como el nuestro, hablar de medios es nuestro referente cotidiano para poder hablar del mundo. Alguien decía que lo importante de una sociedad es encontrar los lenguajes para hablar del mundo. El fútbol, los medios y, sobre todo, la televisión son lenguajes para hablar del mundo. Hablamos del mundo a través de un programa de televisión.
–Así planteado suena banal.
–No, no. El grave problema de la sociedad contemporánea es que cada vez tenemos menos en común. Entonces, que haya alguna cosa común donde nos encontremos y en la que podamos conversar sin inequidades, sin ilustradas o políticas de poderosos, es bueno. Sin ponerle términos morales, sino como condición adecuada para conversar en la vida pública y tener algo en común, me parece que los medios son maravillosos. El gran mérito de gobiernos como el de Argentina, Ecuador o Venezuela es que encontraron dónde ubicar un lenguaje común con la sociedad. Creo que ésa es la salud mental pública de una sociedad, tener de qué hablar, poder criticar. Mientras que frente a la democracia o a los políticos no tenemos nada que proponer, frente a los medios, ¡todo el mundo sabe cómo sería un programa de televisión mejor, cómo haría un periódico mejor, un programa de radio mejor!
–Los tres países que menciona tienen sus particularidades, ¿cree que esos gobiernos han logrado instalar el tema de los medios en un escenario social más politizado?
–Creo que tiene que ver con un proyecto político. La convivencia entre medios y poder ha sido histórica, pero por alguna razón lo que han descubierto los gobernantes de las sociedades latinoamericanas –y también Berlusconi y Sarkozy– es que el tema mediático les da la posibilidad de conexión con la sociedad y de luchar un relato colectivamente, sin perder legitimidad. Es como debatir sobre un tema que es popular, pero que no tiene tantas implicancias a la hora de gobernar, bien o mal. Creo que encontraron un tema que permite lucirse pero que, al final, es una forma de no cuestionar el poder.
–¿Por qué no cuestionaría el poder?
–Hay tres condiciones para que suceda esto. Una es que la libertad de información dejó de ser propiedad de los dueños de los medios y de los periodistas, es un valor social, un derecho humano que empezó a ser luchado. Cuando se descubre el derecho de comunicación, en el 2003, todo el mundo empieza a decir: “Ah, es que el derecho a la comunicación no les pertenece a los periodistas ni a las empresas, sino a la sociedad” o “El Estado no tiene que declararse impedido, sino promover que la gente se comunique”. Esa es toda una ganancia alucinante que vuelve más político el asunto. Por otro lado, las tecnologías han cambiado el mundo y la comunicación no es lo mismo que antes. Las leyes de medios hay que hacerlas porque el contexto tecnológico cambió y hoy la gente siente que “ya no hay derecho de que yo no me exprese”.
–Sin embargo, la brecha tecnológica sigue siendo muy importante, porque decir “todo el mundo” supone, en los hechos, referirse sólo a los que tienen voz.
–Estoy de acuerdo en que hay una brecha tecnológica, pero mi discusión va por otro lado. Nos quieren obligar a pensar, desde la agenda pública ilustrada, que la gran virtud es Internet. Pero Internet es una revancha del mundo ilustrado escritural. En lo escritural va a haber brecha, no sólo económicamente sino por alfabeticidad. Donde la brecha se está rompiendo es en el celular. En casi todas las sociedades hay más celulares que televisores. Internet está acabando con la prensa escrita, pero el celular está acabando con la televisión...
–Usted ha planteado que la televisión está hecha para tontos, que no hay necesidad de pensar. ¿Cuál es la diferencia con el celular?
–Cambiando de discurso, yo pienso los medios desde las narrativas y el ritual que generan, más que desde los contenidos y las estéticas. Lo más importante para poder diseñar un medio es qué ritual le asociamos. ¿Por qué hemos fracasado en todos los intentos de hacer una televisión inteligente? ¿Por qué hemos fracasado en todos los intentos de formar televidentes críticos y activos?
–¿Por qué?
–Porque el televidente crítico no está inscripto en el ámbito de ver televisión, no está inscripto en el medio. La condición de la televisión no amerita estudiar televidentes críticos porque la promesa que da la televisión es “señora y señor, joven y niño, cuándo usted ve televisión le prometo que usted se va a relajar”. Todos estos teóricos, como no ven televisión, no saben que uno no quiere ser activo al momento de ver televisión. Ahí es donde fracasan las alternativas: porque no luchan contra el espacio de relajación al televidente. El celular, como la televisión, es hogareño, es del mundo íntimo. En cambio, la Internet es activa, por alguna razón extraña que yo no entiendo bien uno prende el computador y comienza a oprimir botones. El ritual que genera la televisión es el de la relajación, y ¿quién le pelea ese lugar? El celular. Tú eres una persona estresada pero ni bien te entra una llamada sonríes. Y vas en el subte sonriendo y hablando por celular y o sacas el celular y juegas, te devuelve a ese espacio donde no te están exigiendo ser productivo ni eficiente. Me acuerdo de un comercial de MTV en que se encuentra una niña de 15 años con una de 17 y la de 17 le dice “esa música que tú oyes es una música sin sentido”, entonces le responde la niña de 15 “¿y quién dijo que todo tiene que tener sentido?”. Y decía “MTV, el significante sin sentido”. Creo que es eso: no queremos significar. Nos piden significar como amantes, como esposos, como políticos, como profesores, ciudadanos, todo el tiempo nos exigen y hay un punto en que queremos desconectarnos.
–¿Cómo se articula esa función de “cháchara” con el modelo que plantea que la televisión está para enseñar?
–Lo mejor que le ha pasado a la gente que hace televisión es que los que la critican no la entienden. Es grave porque mientras no entendamos qué es lo que hace la televisión, no la podremos transformar. No nos gusta la televisión que vemos, eso también es verdad. No podemos celebrar que uno vea un programa de Tinelli dos horas donde el homenaje al sinsentido es total. Pero yo quisiera averiguar quién fue el que inventó que la televisión tiene que entretener, educar e informar. ¿Por qué no se dijo lo mismo de la escuela?, ¿por qué no se dijo que la escuela está hecha para entretener, educar e informar? ¿Por qué sí la televisión?
–¿Qué le deberíamos exigir a la televisión como sociedad?
–El espacio en que se ubicó la televisión, el ritual social... debemos exigirle que nos entretenga en la diversidad del entretenimiento. Lo gravísimo es la monopolización del entretenimiento, que la forma de ser entretenido sea la farándula, la estupidez, el exceso de risa y de griterío. Un intelectual es entretenido si su discurso nos pone a pensar, eso es entretenido para la cabeza también. Una buena novela es entretenimiento, un buen cuento es entretenimiento. En la música nos va tan bien, porque a la música nunca le exigimos contenido. Entonces, uno es capaz de escuchar “La cumbiera intelectual” de Kevin Johansen, pasarla bien y no es que después dice “Qué contenido tan banal el de esa canción”. Hay que comenzar a reivindicar que pensar también es entretenido. Milan Kundera critica a la televisión porque dice que es “pasar primero por lo emocional para llegar luego a la cabeza”. Yo digo ¿qué, ahora resulta que todos vamos por el mundo con el radar racional para que sea bueno? Tenemos que intervenir el concepto de entretenimiento y no decir que para hacer televisión tenemos que educar, porque para eso está el sistema universitario y la escuela.
–¿Qué está ocurriendo con la noción de entretenimiento en la sociedad actual?
–Hemos llegado a tal perversión de valores que le exigimos a la universidad que sea divertida, que sea como la televisión. Pero claro, la matriz del entretenimiento está atravesando toda la sociedad en todos los espacios, en todas las cosas. Si de verdad queremos hacer algo por la televisión, debemos intervenir el concepto de entretenimiento. Entonces somos valientes para hablar en clase pero inofensivos para el mercado del entretenimiento. Lo admirable de la propuesta comunicacional argentina es que están produciendo contenidos para los diferentes entretenimientos. Por ejemplo, canal Encuentro, que es entretenimiento para los ilustrados, y Fútbol para todos, que es entretenimiento para lo popular. Tienes Incaa TV para el mundo que cree que el cine es lo máximo, un mundo pequeñísimo, pero con mucha incidencia política. Tienen otro para los niños porque los niños también están aburridos de ver esas estupideces de Walt Disney, no porque sean críticos sino porque están aburridos de ver a tres niñas que se mueren toda la película por un tonto, en cambio ver a alguien que habla como uno les parece más simpático. Tienen Fútbol para todos y humor en 6,7,8, que es devolverle el humor popular al público. Y está fomentando que la gente haga contenidos por todo el país con sus gustos. Eso como agenda política puede tener problemas, pero es lo que había que hacer. Ahora toda la televisión pública de América latina quiere educar al pueblo, incluido Chávez. Ocho canales, todos para educar revolucionariamente. No tiene sentido.
–¿Cree que en el escenario actual cambió la relación entre medio, gobierno y opinión pública?
–¿Qué es la opinión pública? Los columnistas que escriben en medios ¿son los representantes de la opinión pública? Entonces, la opinión pública es ilustrada. Si eso es lo que hemos entendido por opinión pública, la opinión pública está en contra de todos los modelos de comunicación, incluido el de Cristina, el de Uribe... no importa que sea de izquierda o de derecha. Pero lo que creo que está pasando es la multiplicación de pequeñas esferas públicas que no se tocan. Ahí el periodismo tiene que volver a funcionar. No tenemos una opinión pública sino mil esferitas públicas que no dialogan, eso sí es grave para el periodismo. En este momento los que se pelean por la prensa son un club privado de ilustrados peleándose entre ellos. Por eso no tienen nada que ver con la opinión pública que oye radio y ve televisión, que es la opinión pública popular, que es la que vota, la que decide la democracia. Y eso está demostrado en el caso colombiano.
–¿De qué manera se expresa en Colombia?
–Si fuera por la prensa escrita, Uribe sería el presidente más impopular de Colombia, pero como pasa por la foto, tele y la radio, es el presidente más popular de Colombia. Si a eso le agregas que la escena de Internet, twitter, Facebook y blogs está creando pequeñas esferitas públicas en las que uno sólo participa en los twitter, en los Facebook y en los blogs de la gente que piensa como yo, entonces no estamos juntando a los que piensan diferente. Allí, el papel del periodista se vuelve fundamental, porque es el que puede hacerlo diferente. Según Juanita León, una colombiana experta en Internet, hay que ser un curador de opinión como un curador de arte. Se arma un concepto del mundo como un curador del arte y dice el concepto es un bien público. El nuevo periodista es como un DJ que mezcla sonidos de todo el mundo, esto de un blog, esto de la televisión, esto de la radio, esto de la prensa y te propone subirte y comprender el mundo.
–En términos políticos, ¿cómo es el nuevo periodista?
–Hoy vivimos donde todos generan una experiencia de paso, entonces, el periodista toma la información del mundo y te lleva a otra experiencia. Antiguamente, era el que informaba y ahí terminaba. Hoy, uno no entra a un sitio ni entra a un periódico sólo para informarse, entra porque eso lo conecta con un grupo humano, lo lleva a una experiencia. Lo político es a qué experiencia quiero llegar. Siempre digo: “La gente no va a una conferencia sólo para escuchar conceptos, también va porque el tipo le parece agradable, porque se va a encontrar con amigos, porque dan un refrigerio maravilloso, va por un valor agregado”.
–¿El periodista puede evitar tomar posición en el escenario político-comunicacional que se está conformando en Sudamérica?
–No puede dejar de tomar posición, es imposible. Lo triste es que para casi todos los estudiantes de periodismo, los periodistas son de izquierda y los medios de derecha. Es ridículo. Si tú haces una encuesta, la mayoría de los periodistas se creen “progres”, mientras que trabajan en medios “retro”. Yo no insistiría tanto en que tengan o no tengan posición política, sino en que hagan bien el oficio, con calidad periodística, que es el invento más clásico que hay de todos y es elemental. Yo tengo mayor calidad periodística si tengo más de una fuente. Simple. Si mi nota tiene contexto, tengo calidad sobre una nota sin contexto. Si, además, narro bien, uso bien el género y el lenguaje, tengo mayor calidad. Y si ofrezco criterios para comprender la realidad, soy todavía mejor periodista. El oficio del periodismo es muy simple.
–Esos aspectos que menciona para hacer un periodismo de calidad suponen también una posición ideológica y política. No me refiero sólo a la cuestión de las fuentes, contextualizar o no hacerlo supone una decisión política.
–Ojalá fuera por posición política, una conspiración. Yo creo que los periodistas no hacen bien su oficio por ignorancia o pereza. Porque la posición política estaría en qué contexto le pongo a la noticia, ahí sí hay posición política. Respecto de las fuentes, puedo entrevistar a tres fuentes de izquierda, tres de derecha y una de centro, puede ser que yo elija las tres más asquerosas de la izquierda y yo las juzgue políticamente, pero las puse. Hay un juicio de interpretación, eso los doy para el mundo. Si narro con lenguaje elitista o no, también es una posición política. Hemos logrado un periodismo tan malo que la mejor forma de leer una noticia es de abajo para arriba. Lo vemos al revés porque en el último párrafo, el periodista se atrevió a decir algo. Una cosa que me parece malísima del periodismo es que llegaron muchos “opinadores profesionales” que ponen su opinión sin ningún dato, sin ninguna referencia... y opinan. ¿Por qué me debe interesar su opinión?
–¿Por qué cree que sucede eso?
–El 99 por ciento de las opiniones no tiene ningún fundamento. En cambio, si dieran datos, dieran contexto, uno podría decir que le interesa... las mejores opiniones, generalmente, son las de los periodistas porque hacen el oficio. El periodismo no se hizo para los expertos, el último humanismo que nos quedaba es para comprender el mundo, no para los expertos. Pero nos dejamos tomar por ellos. Aquí, en Argentina, todo está basado en lo popular y lo que yo menos veo es lo popular.
–¿A qué se refiere con “lo popular”?
–Vemos lo popular usado como criterio de variedades ilustradas pero no hay estéticas populares, no hay reconocimiento de lo popular de verdad, con sus estéticas, sus morales sus formas de pensar. Entonces habrá que hacer nuevamente una descripción de lo popular, de la opinión pública, de la esfera pública, porque nos estamos metiendo goles muy fuertes en nombre de la opinión pública, en nombre de la sociedad civil.
–¿Cómo se observa esta tendencia que usted describe en los medios con mayor capacidad de fijar agenda?
–Estos nuevos debates desenmascaran el interés netamente empresarial de los medios. Eso que antes era evidente pero no se debatía públicamente. Ahora, cuando todos salen a defender que libertad de empresa es igual a libertad de información, asumen posturas contundentes frente a eso. Creo que en ello, los medios se están dando cuenta de dos cosas: que es un negocio y que, en ese negocio, nunca les ha ido tan bien como ahora. Nunca han tenido tanta pauta porque hay una solidaridad del gremio empresarial. Entonces en nombre de la crisis política echan a los mejores periodistas, contratan periodistas pobres, los vuelven multimedios y todo se abarata. Uno piensa: “¿por qué no cambian de programación y experimentan?”. Porque el negocio va bien, lo que va mal es el periodismo.
–¿Y la legitimidad?
–La legitimidad no importa, ellos no están interesados en la legitimidad sino en el negocio. El problema fue que perdieron el aspecto clásico de un periodismo que apostara a la democracia, eso ya no importa. Los medios de comunicación deben volver a ser manejados por periodistas, porque si no, seguirán siendo manejados por empresarios que sólo quieren aumentar la productividad sin importar la calidad periodística o por políticos que sólo quieren hacer partidismo. Si miras históricamente, cuando hubo directores o presidentes de compañías de medios que fueran periodistas, la calidad ha aumentado políticamente. Es más fácil que un periodista aprenda de gerencia que el que un gerente aprenda de periodismo.
–¿Cree que la ley de medios argentina puede contribuir a revertir este escenario mediático que usted describe?
–Mucha gente ve con mucha alegría los medios ciudadanos, comunitarios. La sociedad no ve con gran agrado que se haga tanto para los medios públicos, porque no han demostrado ser eficientes en ninguna parte del mundo, parecieran ser gubernamentales. En la perspectiva de responder a las tecnologías, al derecho a la comunicación y los derechos ciudadanos es buenísima. Creo que la ley de medios de Argentina tiene dos problemas: uno, que no se puede resolver, es el de la implementación. El otro, el de la autoridad regulatoria. Tú la puedes blindar: tres de la sociedad civil, tres de la academia, cero del gobierno. Pero qué funciones dependen de los seres humanos con saberes, el que tiene el dinero siempre va a manipular. En Argentina cometieron el mismo error que en Colombia.
–¿Cuál?
–Pensar que porque vienen en representación de sectores sociales son automáticamente buenos. Una figura más interesante para América latina sería, por ejemplo, un fiscal nombrado para ser la autoridad de medios para Argentina pero que tuviera responsabilidad política pública. En este caso, son diez o doce, y ninguno tiene responsabilidad política. Entonces, si se equivocan, ¿a quién le echamos la culpa? Se diluye la responsabilidad. En cambio, si se eligiera el fiscal o la autoridad de medios del pueblo por una terna de académicos, medios, etc. y se erige en público ante el Senado. Que tenga responsabilidad política, y si lo hace mal puede ir a la cárcel.
–Hasta la implementación de esta ley teníamos una única autoridad y algunos expertos decían que no es lo mismo negociar y cooptar a uno que cooptar a doce.
–Pero estás pensando en un sistema democrático que nosotros no tenemos. Como decimos en Colombia, nosotros creamos leyes para Dinamarca cuando estamos en “Cundinamarca”. Es que creamos leyes sin ver cómo nos comportamos políticamente. Tenemos que crear leyes que estén de acuerdo a nuestra cultura política, es pésimo importar leyes porque no van a funcionar. En Colombia, la Comisión de Televisión tenía cinco miembros: dos elegidos por el presidente de la República. Llevan más de 15 años y nunca los gobiernos han elegido una persona que sepa de televisión o de comunicación. Tenemos un representante de los canales regionales de televisión, nunca se eligió a nadie que supiera de televisión ni de canales regionales. Tenemos uno elegidos por las facultades de ciencias sociales y comunicación, que tampoco eligieron a un experto en comunicación. Y uno de los televidente, de los críticos de TV, que tampoco eligieron a una persona que hiciera eso. A mí me parece que en esa ilusión que hay sobre la autoridad está gran parte de la frustración de la ley actual. Y el otro elemento para pensar a futuro es de los medios comunitarios.
–¿Por qué?
–¿Con qué van a financiar todo eso? En un sistema económico, yo pongo uno a producir que sabe ganar dinero y con sus impuestos hago producir al resto. En conclusión, la ley argentina plantea lo que hay que plantear: soluciones que en la mayoría de los casos me parecen correctas, creo que es la ley modelo desde la cual pensar otras leyes. Pero cada sociedad puede convertir esa ley en una posibilidad de futuro o ese ilusionismo mediático que no lleva a ninguna parte.
–¿Cómo ve el hecho de producir una multiplicidad de señales que no necesariamente vayan a tener audiencias?
–En la televisión va a ocurrir lo que pasa en el periodismo: que el valor de la comunicación está en expresarse, no en verla. El gran cuello de botella que hubo históricamente es que unos pocos leían, unos pocos hablaban y muchos veían. Ahora pasa que muchos emiten y nadie ve. Es el derecho a expresarse. Cada vez leemos menos y cada vez escribimos más. Está bueno que la gente esté escribiendo, el acto de comunicación humana es expresarse, no que lo lean a uno. Las buenas noticias es la multiplicación de las voces, la diversidad de expresión, pero la mala noticia que les tengo es que no tenemos más tiempo para ver televisión, no tenemos cómo leer tanto. Vamos a llegar al momento de la comunicación expresiva masiva, no hay audiencia masiva sino expresión masiva. Otro momento de la historia.
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CINCO AÑOS DE LA SEGUNDA DESAPARICIÓN DE LÓPEZ



Los familiares y compañeros de la Asociación de Ex Detenidos reconstruyen la vida de Jorge Julio López. “Me pareció perfecto lo que hizo, más allá de las consecuencias que tuvo”, dice su hijo Ruben sobre la declaración del testigo en la causa Etchecolatz.


Por Adriana Meyer


La angustia se había apoderado de Irene luego de la primera desaparición de Tito, durante la dictadura. Ese vacío, como si le faltara una parte de sí misma, aumentaba de noche al punto de quitarle el sueño. Desde entonces sólo se dormía con pastillas y por eso la segunda vez no escuchó nada. “Me da bronca, me queda ese dolor de decir cómo no lo sentí porque la cama estaba abierta, como que se iba a acostar, y yo no sentí nada”, dice Irene durante una larga charla que Página/12 mantuvo con ella y su hijo mayor, Ruben, en la casa de Los Hornos. Esta mujer de pocas palabras pone énfasis, casi por única vez, para expresar su impotencia por lo irreparable, por el cierre trágico de un ciclo que empezó en 1976. Así como desapareció dos veces, la última hace casi cinco años para nunca más aparecer, Jorge Julio López vivió varias vidas. Sus compañeros de la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos (AEDD) le rindieron homenaje con una edición especial de su revista, en la que reconstruyeron los detalles de su militancia y su cautiverio, y que completan el relato familiar de quien sobrevivió a los sicarios del Estado hace más de treinta años, y desapareció en democracia tras acusarlos por los delitos de lesa humanidad que cometieron.
Era callado, tranquilo, cuidaba sus plantas, no sólo los malvones que se veían en el jardín, también cultivaba tomate, acelga, orégano y perejil. En sus últimos días tenía que comer sin sal, Irene le preparaba pescado y pollo. “Típico de albañil, comía la carne vuelta y vuelta, así que de chico aprendí yo a hacer asado”, dice Ruben. Y se ocupaba de sus perritas, a las que había enseñado a salir solas a la calle.
Jorge Julio López era hijo del español Eduardo López y de Consuelo Rodríguez. Había nacido el 25 de noviembre de 1929 en Elordi, un pueblo cercano a General Villegas. “Ahí pegó mucho la desaparición, cuando fui sin avisar se armó un revuelo enorme”, cuenta su hijo mayor sobre uno de los tantos operativos de búsqueda de los que participó, en ese caso con la Policía Federal y la Secretaría de Inteligencia. Sus padres eran cuidadores de un campo de la zona, y Jorge Julio dejó los estudios primarios en cuarto grado para ayudarlos. Tenía cuatro hermanas y un hermano. Hizo el servicio militar en San Martín de los Andes y cuando terminó se fue a las afueras de La Plata, a trabajar en la zona de quintas. Allí conoció a quien sería su mujer, Irene, al parecer en un baile. Tras dos años de noviazgo se casaron en 1962 y tuvieron dos hijos, Ruben y Gustavo. Para entonces ya trabajaba en la construcción, oficio que aprendió de su primer patrón, el dueño de una empresa que hacía remodelaciones. Irene también tiene cinco hermanos y, al igual que su marido, trabajaba en las quintas. Pero sus habilidades iban más allá, cosía y tejía por encargo. “Tejí toda mi vida, a mano, me traían la revista con ese punto y así salía. Ahora se ríen, pero en ese momento se usaba mucho, tuve que dejar porque no me daba la vista. Me entretenía, por aquellos años no había televisión, no había nada. Sólo la radio”, dice Irene. “No era muy conversador, no contaba cosas del trabajo, era muy cerrado. Después de que le pasó eso empezó a renegar más, a enojarse con la situación, pero no mucho, yo no quería que me hablara de esas cosas, de política nunca supe nada, y menos después de que pasó eso”, cuenta sobre su esposo. En esa zona había por entonces apenas tres casas, Julio compró una pequeña en 68 y 140 y la fue ampliando con sus propias manos, luego con sus hijos.



Primera desaparición




López tenía 47 años cuando se acercó a la Unidad Básica Juan Pablo Maestre, en Los Hornos. Un grupo de jóvenes platenses de la Juventud Peronista y de Montoneros, entre ellos Ambrosio de Marco y Pastor Asuaje, la habían creado en junio de 1973 con el nombre de ese militante de las FAR, secuestrado y asesinado. Un día López planteó que “esos que gritan Perón, Evita, Partido Socialista, no son peronistas”, y a partir de entonces lo apodaron “Partido Socialista”. Pero esas diferencias se saldaron rápido, como muestran sus palabras sobre Patricia dell’Orto, compañera de De Marco. “Llevó a chiquitos desamparados a Mar del Plata a conocer el mar, ella y otras chicas andaban en bicicleta para ahorrar, para darles de comer a esos chicos, eran mujeres de oro”, describió López en uno de sus testimonios, reproducido en la edición especial de Tantas voces, tantas vidas, la publicación de la AEDD. Para Irene, “no era una unidad básica de otra cosa, por lo que yo sé, nunca fui, aunque a lo mejor era política, él iba un rato los fines de semana, cuando podía”. El recuerdo de su hijo es que “iba a una unidad de ayuda social, hacían carreras de embolsados y daban chocolate y juguetes para el Día del Niño”. Ruben agrega que “de ahí se llevaron a 10 o 12 personas la misma noche y los días siguientes”. Se refiere al 27 de octubre de 1976, cuando López fue secuestrado por primera vez. “Serían las 10 de la noche, los chicos, que tenían 11 y 8 años, estaban durmiendo. Entraron por la puerta a la fuerza”, dice Irene. Ruben le vio la cara a uno de la patota del represor Miguel Etchecolatz. La mujer cuenta que la pusieron contra la pared, que les pidió por los chicos y le dijeron que se quedara tranquila, que no les iba a pasar nada. “No sé por qué se lo llevaron, era un hombre de trabajo”, agrega.
La familia fue al ex Regimiento 7, a Tribunales, a la comisaría de Los Hornos, pero no tuvo noticias de López durante seis meses. Según Ruben, cuando pasó por la comisaría 8ª, “donde los ponían bien para blanquearlos”, supieron que estaba vivo por el cuñado de un vecino que era policía. El hijo apela una vez más a sus vivencias. “Cuando lo pasaron a la Unidad 9 lo visitábamos, era una sensación horrible ir a la cárcel, sólo nos daban media hora.” Irene acota que su familia la ayudó durante esos tiempos, que hizo tareas de limpieza en una panadería porque “había que comer”. Una vez que lo liberaron, dice, los patrones lo recibieron como si nada hubiera pasado. “Yo tenía miedo de que volviera a pasar lo mismo, entonces no quería que hable, así que muchas cosas se las guardó. Por eso muchas cosas no las sé, lamento haber sido así porque quizá tenía cosas para contar. Nosotros tampoco preguntábamos, era como un acuerdo”, resume.
Los 160 días que estuvo detenido-desaparecido pudieron ser reconstruidos a partir de sus testimonios, que tenían un alto nivel de detalle. López estuvo en silencio muchos años, pero cuando se jubiló empezó a escribir lo que había vivido en papeles sueltos, hojas de publicidad, boletas y hasta bolsas de cal. Así armó carpetas que su familia sabía que existían pero no dónde estaban, hasta su segunda desaparición. Eran tres y las había guardado en una caja, en el doble fondo de una valija. Ruben confiesa que pudo leer apenas una parte porque le resultó “muy doloroso”. Irene nunca quiso siquiera mirar el material con que López había hecho su catarsis. El paso que va del rompecabezas de textos y dibujos de su puño y letra, con las caras de represores y detenidos, hasta la decisión de declarar ante la Justicia lo pudo dar cuando lo contactaron los familiares de Patricia dell’Orto, a fines de los años ’90, y por la motivación de la promesa que le había hecho a ella cuando ambos estaban en cautiverio: si López salía tenía que decirle a su hija, Mariana, que su mamá la quería.



La tortura




Lo subieron a un carromato, le pusieron un pulóver en la cabeza y lo ataron con las mangas y con un alambre. Fue torturado toda la noche. A la mañana sintió olor a chancho y se dio cuenta de que estaba en la antigua división Cuatrerismo de Arana, sabía que por ahí había un criadero de cerdos. En sus testimonios habló de fosas comunes, lo que se confirmó con el hallazgo de restos óseos en 2009. Allí la reconstrucción de los compañeros y el relato familiar se complementan. “Estaban calcinados, como decía mi viejo, que los mataban y los quemaban con cubiertas”, afirma Ruben. En los reconocimientos judiciales de la causa Etchecolatz, López fue muy preciso y, junto a la sobreviviente Adriana Calvo, fallecida en 2010, identificó el recorrido de su calvario. Estuvo detenido junto a Francisco López Muntaner, uno de los chicos de la Noche de los Lápices, y con sus ex compañeros de la unidad básica, Ambrosio y Patricia. López pudo ver por un agujerito de su celda el fusilamiento de ambos. “Patricia pidió que no la mataran porque quería criar a su hijita”, declararía años después. De Arana pasó a la comisaría 5ª de La Plata, luego a la 8ª y en marzo de 1977 a la Unidad 9, donde estuvo 812 días a disposición del PEN.
En 2006, cuando declaró ante el Tribunal 1 de La Plata estuvo acompañado por sus dos hijos, su sobrino y su nuera. “Ahí entendimos que aunque hubiéramos intentado convencerlo de que no declarara no lo habríamos logrado. Al haberlo escuchado me pareció perfecto lo que hizo, más allá de las consecuencias que tuvo. Cumplió su deber como ciudadano, hoy la gente tiene miedo hasta de salir de testigo de un choque”, dice Ruben. Tras aquella audiencia, que se proyecta en cada aniversario y vuelve a estremecer, López planeaba festejar su cumpleaños y la condena a Etchecolatz con una gran comida a la canasta, en la que quería juntar a la familia y los compañeros. Pero el 18 de septiembre de 2006, cuando tenía que presentarse para los alegatos, no apareció. Fue su segunda desaparición.
Entonces volvió a profundizarse la distancia entre la familia y los organismos de derechos humanos que lo sostuvieron durante el juicio. Mientras Ruben López decía en TV que su papá podía estar extraviado, Adriana Calvo, Nilda Eloy y sus abogadas supieron casi de inmediato que no estaban ante una averiguación de paradero, como se caratuló la causa durante los primeros años, sino ante una nueva desaparición forzada. López había identificado y acusado a Etchecolatz y a otra media docena de genocidas.
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miércoles, 28 de septiembre de 2011

NARCISO AHORA SE BUSCA EN GOOGLE



Por Gastón Rodríguez


Por trabajo, por despecho o simplemente por curiosidad, millones de personas escriben su nombre en el rastreador. Qué ocurre cuando el resultado no es el que se espera.


Hasta hoy había resistido con éxito al mayor gesto ombliguista de los tiempos modernos: el autogoogleo. Pero el trabajo es con lo que uno se gana la vida y debí poner el cuerpo (para ser más exacto el nombre en el buscador) para conocer sin intermediarios algo más de esta tendencia a escala mundial.La experiencia resultó dramática para el ego. La primera página de resultados sólo se ocupó de resaltar los dones de un compositor uruguayo que, según Wikipedia, además de cantante y guitarrista, es una figura destacada del teatro independiente montevideano.El tipo parece talentoso así que no tuve problemas en sedar mis ansias de protagonismo. Sí me molestó, en cambio, leer el currículo de un diseñador gráfico, los trabajos anteriores de un actor ignoto y las frases empalagosas de un homónimo quinceañero y enamorado. Recién en la página tres, una entrevista –nada memorable– aparece con mi firma. Recordé a los ludistas del siglo XIX y su odio incondicional hacia las máquinas, pero luego me reconfortó advertir que mi apellido es tan común que esperar un lugar destacado entre millones de personas sería una tontera.Sin embargo, para mucha gente esto es un problema, que incluye desde juicios a los proveedores de servicios de internet hasta depresiones y traumas.
Lo hace todo el mundo. A escondidas para no pasar por narcisista o con amigos para competir en popularidad. Por curiosidad o aburrimiento. Las maneras y las justificaciones pueden amontonarse pero lo único que importa es que al menos una vez todos se han “autogoogleado”. Hasta los especialistas, que son los que intentan explicar este fenómeno.“Lo hace todo el mundo porque vivimos en dos realidades; una donde podemos caminar, respirar, vivir y otra que nos llega a través de la pantalla. En esta última es donde necesitamos de Google, porque es el espejo donde nos buscamos, la confirmación de que existimos”, opina la psicoanalista Any Krieger.Pero la licenciada va aún más lejos, y ve en este acto casi onanista una manifestación del plano inconsciente.“Entre los 6 y los 12 meses de vida –explica–, el bebé se encuentra con la mirada de la madre, que le da por primera vez lo que se llama un Yo. Cuando crecemos, esta necesidad se reitera, sin darnos cuenta, de diversas maneras todos los días. En el auto google lo que buscamos, en definitiva, es esa mirada materna que nos constituye en sujetos humanos”.Su colega, el licenciado Enrique Novelli, ha tratado a pacientes que compulsivamente colocaban sus nombres en los buscadores de la red. Novelli llegó a la conclusión de que no era una coincidencia azarosa, muy por el contrario, descubrió que todos compartían ciertas estructuras de personalidad. “Son individuos con muy baja autoestima e inhibidos para tomar un contacto real con las otras personas”. Al igual que Krieger, Novelli confirma que el complejo viene de chico y que la baja autoestima no es otra cosa que el sentimiento de no sentirse querido. “Aparecer en Google me da la ilusión de poder entablar una relación con los demás, que en última instancia es sentirse querido, pero si los resultados me ignoran sería como reeditar una vieja sensación traumática de ser un tercero excluido”, sentencia el hombre.
Responsabilidad. En Argentina, el asunto de los buscadores tuvo su auge mediático con la lluvia de demandas iniciada por famosos que no estaban contentos con los resultados que aparecían asociados a ellos. Un caso emblemático fue el de la Dra. María Romilda Servini de Cubría, en 2005. La jueza había presentado una medida cautelar –que al final no prosperó– para que su nombre no figurara en los resultados de Google, luego de comprobar que la mayoría de la información se refería a su intento de censura del programa de Tato Bores y a su vinculación con el escándalo del Yomagate. “Nosotros hemos tenido casos resonantes donde una personalidad pública se googlea y no le gusta lo que ve y le pide al buscador que quiere ‘desaparecer’; esto, claramente, atenta contra la libertad de expresión y, por eso, cuando estas causan llegaron a la Justicia nos dieron la razón”, explica Francisco Petracco, del departamento de prensa de Google, y enseguida agrega una aclaración: “Causas como las de las modelos que demandan, porque sus nombres aparecen vinculados con sitios de contenido sexual, erótico o pornográfico no tienen tanto que ver con el googlearse a sí mismo, son más bien acciones legales que buscan resarcimiento económico porque argumentan, equivocadamente, que Google interviene en los resultados que supuestamente les generan perjuicios”. Pero la mayoría no famosa del planeta también puede verse afectada por los resultados de Google, por ejemplo, a la hora de conseguir un empleo.“Por supuesto que se googlea a las personas antes de contratarlas aunque los resultados no sean determinantes. Es otra herramienta en la entrevista de trabajo, una posibilidad más dentro del proceso de selección de nuevos talentos”, reconoce Pablo Molouny, gerente general de Trabajando.com Argentina, un portal de empleo que tiene sedes en 11 países de Latinoamérica. Molouny no tiene reparos en recomendar a la gente que se autogooglee para “saber qué se dice de ellos o averiguar cómo se presentan ante el mundo”, y se apura en aclarar que las consecuencias dependerán de la responsabilidad de cada uno. Siempre. “Hay que ser muy cuidadoso de lo que se vuelque a la red. Una foto donde se ve a una persona borracha forma parte de su momento de esparcimiento y seguro no tiene nada que ver con su comportamiento laboral; sin embargo, es innecesario que yo, como personal de Recursos Humanos, tenga acceso a esa información, porque al postulante no le suma nada, incluso, puedo formarme una opinión errada de él”.Pero no sólo las imágenes pueden minar las chances de firmar un contrato, un comentario, por ejemplo, escrito en un lenguaje grosero también es una carta de presentación no deseada. “Es empezar con el pie izquierdo”, confía Molouny y antes de despedirse regala un consejo: “Los chicos deben ser responsables con lo que suben a internet porque cualquier foto o comentario, aunque no sea categórico, puede causar una mala impresión”.

CÓMO ES VIVIR EN UNA SILLA DE RUEDAS Y NO CONSEGUIR TRABAJO



Discriminación a discapacitados


Por Soledad Lofredo


Según el último informe de la Organización Mundial de la Salud, el 15 por ciento de la población del planeta vive con alguna discapacidad. La cifra coincide con los resultados de la última Encuesta Mundial de Salud, que al mismo tiempo apunta que del total estimado de personas con discapacidades, 110 millones (2,2 por ciento del total de la población del planeta) tienen dificultades muy significativas de funcionamiento y 190 millones (3,8 por ciento) una “discapacidad grave” (el equivalente a la discapacidad asociada a afecciones tales como la tetraplejía, depresión grave o ceguera). Las cifras sirven para medir cantidades pero no alcanzan para entender la magnitud del problema de cada uno de esos cientos de millones de seres humanos.
Sin derecho. El caso de Carolina Simón es un ejemplo de discriminación, pero también de búsqueda de justicia. Ella es de Mar del Plata, estudió y se recibió en la carrera de Comunicación Social en una universidad privada en la que fue becada, en 2009, y se moviliza mediante una silla de ruedas. Desde ese entonces, se anotó en el Ministerio de Trabajo de la Provincia de Buenos Aires para conseguir un puesto administrativo.La ley 25.689, “Sistema de protección integral de los discapacitados” obliga a ocupar a personas con discapacidad que reúnan condiciones de idoneidad para el cargo en una proporción no inferior al cuatro por ciento de la totalidad de su personal y a establecer reservas de puestos de trabajo a ser exclusivamente ocupados por ellas.“Estoy anotada en un registro de la Municipalidad, pero es una miserable carpeta escrita con lápiz, en donde no está ni siquiera dividido quiénes tienen título de quiénes no”, cuenta Carolina. “Como yo sabía que iba a ser más difícil conseguir el trabajo, me hice todo tipo de estudios para presentar frente a quien corresponda, y me dieron todos bien. Es por eso que hice las entrevistas; en la prueba escrita que me tomaron, salí con una de las mejores notas. Pero después se empezó a complicar. Tuve una charla con tres personas que dijeron ser de la Municipalidad, pero nunca dijeron sus nombres; además, la conversación que debía durar media hora, duró cinco minutos”, cuenta. Su experiencia fue en la Facultad de Derecho de la ciudad balnearia.Carolina subraya que las entrevistas fueron “extrañas”. “Lo primero que me pasó de raro es que las personas no se presentaron. Yo no niego las limitaciones que tengo, pero ellos no me preguntaron siquiera cuál era mi sistema de trabajo; yo había pensado de todo, hasta en usar mi cerebro y otra persona sus brazos”, asegura. Es por eso que su sospecha es cada vez más fuerte: “Para mí, ya estaban elegidas las personas que ocuparían los puestos. Conozco a una persona que sacó 87 puntos y, sin embargo, la dejaron afuera de la segunda entrevista”, denuncia.Carolina envió una carta documento al Secretario de Salud municipal, Alejandro Ferro, pero no recibió respuesta. En ella, aclaraba: “Soy licenciada universitaria, manejo computadoras, hablo por teléfono, me relaciono con mi entorno social como cualquier hijo de esta tierra, y finalmente soy discapacitada. Todo lo hago desde mi discapacidad y con las adaptaciones necesarias que son múltiples. Reconozco que mi imagen visual no entra dentro del campo de las chicas que se presentan a la elección de la reina del mar o las que bailan por un sueño. En ese punto confieso mi discapacidad como excluyente, pues evidentemente mi perfil no se condice con el tipo humano-objeto a seleccionar”.Para Carlos Ferreres, del Departamento de Discapacidad de la CTA, “la lógica es clientelar. Si se necesita gente para ocupar cargos administrativos, generalmente se pone a alguien conocido, no se entra por concurso o idoneidad”, asegura. “Pero no es exclusivo de una persona con discapacidad”. Pero hay soluciones: “Actuar con los sindicatos nos resultó efectivo en muchos lugares. Se puede presentar un recurso de amparo y se puede ganar. Pero se sabe y tuvimos muchos casos de gente que entra y que después es maltratada, les cambian los horarios. Tenemos muchos años de pelear en contra de esto; es por eso que cumplimos la tarea de sensibilizar a los sindicatos, para que la gente pueda tener trabajo”, asegura el dirigente de la CTA. “Jugaron con mis expectativas de trabajo y con toda la gente que está intentando conseguir un trabajo”, concluye Carolina, tan sólo una de las millones y millones de historias reales abarcadas por las estadísticas.



• DATOS. Ni primarias ni secundarias Una denuncia presentada por la ONG Acceso Ya señala que, en la Ciudad de Buenos Aires, el 95 por ciento de los colegios privados y el 75 por ciento de los públicos no cumplen ni siquiera con condiciones mínimas de accesibilidad: no cuentan con rampas de acceso para que ingrese una persona en silla de ruedas y/o carecen de ascensores y/o baños adaptados, entre muchos otros obstáculos. Según el último censo realizado en Argentina, 2,2 millones de personas viven con discapacidad. En uno de cada cinco hogares argentinos vive una persona con discapacidad.

"CADA VEZ HAY MÁS CHICOS QUE SON PRIMERA GENERACIÓN DE ESTUDIANTES"



Entrevista a Alberto Sileoni, ministro de Educación de la Nación.


Por Exequiel Siddig


–Qué advertencias trae la crisis del modelo universitario chileno?–Es un modelo con cosas mostrables y siempre estamos atentos para aprender de todos. Pero hay diferencias de concepción sobre la educación. Una muestra son las expresiones recientes del presidente. Volvió a reflejar que para él, la educación es un bien de consumo. Y repitió la idea cuando dijo: “Las cosas no son gratis, alguien tiene que pagar”. Nosotros creemos que es cierto, pero que el que tiene que pagar es el Estado. Son dos modelos. El argentino tuvo tres hitos: 1) la reforma de 1918 que tiene que ver con la mejor tradición radical democrática. El segundo hito es del 20 de junio del ’49 por una decisión de Perón que suprime los aranceles universitarios y el tercer momento es el del 2003, cuando se destinaron 1.800 millones de pesos a la educación universitaria y en el 2011, 13 mil. La UBA tiene 300 mil alumnos, la Universidad de Chile tiene 23 mil alumnos. Nosotros tenemos 47 universidades públicas y 46 privadas. Chile tiene 47 universidades privadas y 20 públicas. En las públicas hay que pagar.–¿Hay coordinación de políticas universitarias en el Mercosur?–El otro día hubo una reunión justamente con rectores. Estas cosas todavía están más verdes, pero por supuesto yo me he encontrado con embajadores de países vecinos; hemos empezado a trabajar en una mayor flexibilidad en términos de la homologación de títulos.–¿De qué manera se puede ampliar el marco socioeconómico de ingreso a la universidad?–Una cosa es la UBA y las grandes universidades tradicionales. Pero hay otros casos importantes. Recién hablé con autoridades de Moreno. Más del 90 por ciento de los pibes son primera generación de estudiantes universitarios. Florencio Varela, 95 por ciento. Toda la línea de General Sarmiento, Lanús, San Martín, Tres de Febrero que también tiene una alta tasa de primera generación de estudiantes. También podría hablar de Villa Mercedes, en San Luis, que se acaba de crear. General Sarmiento, que no es una universidad nueva. Está en el medio de barriadas pobres, trabajando muy fuerte para que esos pibes se metan en la universidad y no sólo se metan, sino que no la abandonen. Entonces, ahí te doy un primer plano de trabajo que es el trabajo educativo universitario, hay otro plano que es extraescolar pero también va en la misma dirección que es cuando los padres tienen más laburo, Asignación Universal por Hijo, un horizonte de cada vez menos desempleo y más empleo seguro registrado, 50 mil becas invitando a vocaciones científico tecnológica. Todas estas cosas, algunas educativas y otras extra educativas pero que impactan en la educación, van a ser que de a poco cada vez más paguemos esa deuda; porque acá la deuda es que buena parte, lo dice la Presidenta cada vez que puede, los sectores más carecientes pagan una universidad a la cual no van. Entonces, las palabras de Paulo Freire se podrían utilizar acá. Esas palabras dicen que no sólo debe ser pública sino que también debe ser popular, y esto es un trabajo que yo no podría decir que ya está dado, pero cada vez vamos en esa dirección, es lo que buscamos todo el tiempo, que haya más primeras generaciones que accedan a una educación.

"LA POLICÍA FEDERAL NUNCA TUVO UN PROCESO DE REFORMA PROFUNDA"



Entrevista a Marcela Perelman y Damián Neustadt, del Cels. Los expertos señalan la necesidad de que las políticas de seguridad sean una cuestión de Estado. El desafío de pensar la seguridad como un ejercicio de los derechos humanos.


Por Jimena Rosli


El Centro de Estudios Legales y Sociales (Cels) publicó hace poco su 16º Informe Anual sobre Derechos Humanos en Argentina. Uno de sus capítulos se titula Sistema de Seguridad: una hipoteca para la democracia. Sus autores son investigadores del Cels: Marcela Perelman, becaria doctoral Conicet-UBA, y Damián Neustadt, integrante del Programa de Violencia Institucional y Seguridad Ciudadana del Cels. “El capítulo –explica Perelman a Miradas al Sur– lo escribimos a partir de los hechos de Ecuador, donde se puso en evidencia la relación entre la sustentabilidad del sistema democrático con los sistemas de seguridad. Habla del potencial desestabilizante que tienen las fuerzas y las agencias policiales.” Se habla de hipoteca, agrega Neustadt, “porque las Fuerzas Armadas, se subordinaron finalmente al poder político, pero una de las fuerzas de seguridad más grandes, la Policía Federal, nunca tuvo un proceso de reforma profunda”.–¿Cuáles son los lineamientos necesarios para una política de seguridad democrática?Marcela Perelman: –Las condiciones mínimas las levanta el Acuerdo de Seguridad Democrática (ASD). El primero es la reforma normativa de las leyes orgánicas de fuerzas de seguridad, porque están desactualizados, como las de personal, sus reglamentos disciplinarios; pero también los de más bajo nivel, como principios de actuación y los protocolos de uso de la fuerza. Otra es la incorporación de controles externos y civiles a las fuerzas de seguridad –independientemente de que posean unidades de investigación como Asuntos Internos–, como tiene la Policía de Seguridad Aeroportuaria.Damián Neustadt: Con la autonomía policial, las instituciones deciden qué hacer y tienen un control propio en cuestiones presupuestarias, administrativas y en el día a día de la institución.M.P.: Por eso, también, la investigación policial se debería reorientar a los delitos más organizados, como tráfico, redes de trata y robo de autos; que tienen relación con lo que ocurre en la calle. Con el tema de los desarmaderos y las acciones que se tomaron descubrimos la relación entre una lógica criminal de robo de autos y, finalmente, el homicidio en ocasión de robo de autos, que es uno de los que más preocupan. Enfocar la investigación en estas cuestiones nos parece la mejor forma de luego impactar en los delitos cotidianos. Y por último, la producción y acceso de la sociedad civil a datos del sistema de seguridad.D.N.: La construcción de la seguridad tiene que ser política de Estado, no puede estar en manos de la policía.–¿Cuáles son los avances que se dieron en ese sentido?M.P.: Aún no podemos ver resultados en la gestión nacional, pero vemos algunas medidas concretas.D.N.: Uno es el cambio de lógica en la prevención situacional, en poner más policías en las calles. El Operativo Centinela en la provincia es un ejemplo.M.P.: También estuvo presente en la decisión de quitarle la producción de pasaportes a la policía.D.N.: Se están reformando los planes de estudio de la policía y trabajando fuerte en los contenidos mínimos que tiene que tener la formación policial. Un hecho simbólico importante del Ministerio de Seguridad fue el cambio de nombre de las escuelas de policías, que se llamaban como emblemáticos represores. Otra política novedosa es la cuestión de los foros de participación que ejerce control a la fuerza policial por parte de la sociedad. La participación ciudadana es uno de los puntos que planteabamos en el ASD.M.P.: Durante 2003 hasta esta parte, había una decisión del Gobierno de no abordar los conflictos sociales en forma violenta. La vocación de no reprimir, una concepción diferente de la problemática social no se institucionalizó lo suficientemente. En 2010, la acumulación de casos resonantes que causaron muertes hizo que se agotara este modelo y comenzó una gestión donde el rasgo fundamental es recobrar el gobierno civil y político de las fuerzas de seguridad, terminar con la autonomía policial. Hay una acumulación de gestos que van en ese camino. Hay políticas específicas, algunas simbólicas, otras más sustantivas; pero todavía no hablamos de una reforma estructural.–¿Es por eso que el capítulo habla de una “oportunidad histórica” de reformar las instituciones de seguridad?M.P.: Claro, existen pocas coyunturas que te permiten avanzar en una reforma estructural y levantar esta hipoteca para la democracia. El capítulo arranca diciendo que cíclicamente situaciones críticas problematizan la cuestión de la seguridad en el centro de la agenda. El nexo entre muerte y política es vigente y no necesariamente tiene que ser regresivo como en la contrareforma de la Bonaerense o leyes Blumberg.–¿Cuál es el balance de la creación de la Policía Metropolitana?M.P.: Su diseño y creación son correctos, pero la inclusión de la expresión mínima de un mecanismo de control externo fue vetado por el jefe de Gobierno. Después, como es de público conocimiento, el escándalo de las personas de la cúpula.D.N.: Palacios y Chamorro, procesados por escuchas ilegales. La Metropolitana se integró con un 80% de mandos altos que eran de la Federal, con muchos años de actuación durante la dictadura y otros entrenados bajo leyes antisubversivas, que no tienen nada que ver con su misión, que es la comunitaria, de prevención situacional. El reglamento del Instituto de Seguridad Pública también va en retroceso.–¿Cómo analizan la participación policial en la toma de espacios públicos?M.P.: El Cels tiene una postura sobre cuál es el rol del Estado frente a la protesta social. Debe proteger a los que protestan, dar seguridad a las personas, orientar esa situación, gestionar esos conflictos de forma no violenta y dar respuesta a los reclamos. En la ocupación de tierras, la policía se mueve en cuadros organizados, es un operativo diseñado. Hay una oportunidad de sistematizar la vocación de las gestiones anteriores y que se trabaje con un principio de actuación para las diferentes fuerzas de seguridad del país.–¿Qué quedaría pendiente para una reforma en materia de seguridad democrática?M.P.: Hay que tener en cuenta que cuando se toma una orientación política en el nivel macro, repercute en lo micro, en la interacción cotidiana de la policía con las personas. Son dos dimensiones que están íntimamente relacionadas. Por ejemplo, en la detención regular de jóvenes en los barrios más pobres para investigación de delitos o reclutamiento de redes de ilegalidad. Se ven sobre todo el territorio bonaerense y el caso más grave fue lo que pasó con Luciano Arruga.D.N.: Las fuerzas de seguridad no sólo son la policía. La democratización de las fuerzas policiales es importante pero no es la única, hay instancias de participación comunitarias y la sociedad civil que se tienen que articular para dar una solución.–¿En contraposición a qué están formuladas todas estas necesidades?D.N.: Al discurso manodurista, que piensa que los problemas se resuelven aumentando las penas, construyendo cárceles. Se llevaron a cabo y fracasaron. Frente a eso, el ASD es una herramienta para poder acompañar desde la sociedad civil y evitar retrocesos y avances que se dan en materia de reformas de seguridad.M.P.: A una perspectiva donde derechos humanos y seguridad compiten entre sí. Hay que pasar de entender a la seguridad como resultado de un mayor ejercicio de los derechos humanos, vistos como un objetivo de la política y no un obstáculo.

LA NIETA 105 Y LA LUCHA POR LA IDENTIDAD



Por Mariano Abrevaya Dios


Laura Reinhold Siver fue recuperada por Abuelas de Plaza de Mayo. Su familia la buscó durante más de tres décadas.

El martes 2 de agosto, Estela de Carlotto marcó el teléfono de Adriana Reinhold. En sus manos tenía los resultados de los análisis de ADN del Banco Nacional de Datos Genéticos (Bndg). “Tengo que darte una noticia”, le avisó, con voz neutra. Adriana pensó que se trataba de una novedad sobre el juicio por el plan sistemático de robo de bebés. Hizo una pausa, y se lo dijo: “Encontramos a Laura”. Adriana, entonces, pegó un grito. Sus compañeros de trabajo se acercaron para ver qué le pasaba. Ahora lloraba, pero de alegría. Risas y lágrimas, la combinación que quizá mejor refleje esa epifanía llamada felicidad. “Cuando te tranquilices, vení que te estamos esperando”, escuchó que le decía Estela, con tono maternal.El anuncio oficial de las Abuelas de Plaza de Mayo fue el lunes pasado, en su sede central del barrio de Balvanera. Adriana, tía paterna de la nieta recuperada número 105, participó de la rueda de prensa junto a su familia. En los diarios del día siguiente se la vio junto a Carlotto, sosteniendo una añeja fotografía de su hermano Marcelo Reinhold y su cuñada Susana Siver, los padres biológicos de Laura, asesinados en la Esma. La nueva nieta recuperada tiene 34 años, está casada y tiene dos hijos. Es médica. Y todavía no está preparada para enfrentar las cámaras, y algunas cosas más.“Después del nacimiento de mis dos hijos, fue el momento más importante de mi vida”, subraya Adriana, ahora, frente a Miradas al Sur, en el bar de la Universidad de las Madres de Plaza de Mayo, en Congreso. Una pantalla la televisión pública transmite el cierre de campaña de la Presidenta de la noche anterior. Las Abuelas, sabias y respetuosas, cada vez que se recupera un nieto, lo primero que hacen es dejarlo a solas con su nueva familia, desarmada por la emoción. Fue el miércoles 3 de agosto que Adriana y su familia se abrazaron con Laura dentro de la enorme sala de reuniones de Abuelas. Apenas la vio, reconoció en su cara los rasgos de su hermano. “Y, como yo –explica–, ella también tiene rulos, pero rubios, como su madre.” Una hora y media duró el encuentro. Después, entraron las abuelas y los nietos. Y Balvanera fue una fiesta.Adriana, Augusto y Marcelo Reinhold se criaron en Haedo. Ella y Augusto militaban en el Partido Comunista. Marcelo se acercó al peronismo en el secundario, y en Derecho de la UBA, entró a la JP. “Ahí es que la conoce a Susana, mi cuñada”, relata Adriana, antes de pedirle dos cafés a la moza.Corría el año ’75. Marcelo y Susana se casan. Adriana tenía veinticinco años y una beba. En esos años a su hermano lo detienen por tres días, y este hecho implicaría una saña especial dos años después, en el ’77, cuando lo secuestraron de manera definitiva. “No soportaban que mi hermano haya vuelto a militar habiendo sufrido el secuestro del ’75”. En el ’77, Adriana trabajaba en un Pami intervenido y junto a su esposo esperban un segundo hijo.Durante la tarde del 14 de agosto de 1977 la vida de la familia Reinhold cambió para siempre. Marcelo, Adriana y otros amigos se habían juntado en la casa de sus padres, que estaban en Mar del Plata, para entretenerse con unos juegos de mesa y planificar una despedida de soltero. A las tres de la tarde Marcelo le dijo a su hermana que salía un rato, y se fue junto a un compañero, también militante de Montoneros. A eso de las siete, Adriana se va. “Tipo siete y media –cuenta Adriana–, una patota del Servicio de Inteligencia Naval (SIN) irrumpió en la casa, buscando a Marcelo.” Formaron a las mujeres de un lado y a los varones del otro. “Sobre un piano que había en el living pusieron una radio de la que recibían información desde la calle”, recuerda Adriana. “Se preguntaban entre ellos si a cambio de Marcelo se llevaban a Augusto.” Al rato, desde la radio, llega el aviso de que habían capturado a Marcelo. Más tarde secuestraron a Susana, en la casa de sus padres, en Parque Chas, embarazada de cuatro meses.“A partir de ahí, el peregrinaje”, apunta Adriana. La comisaría de Haedo, el juzgado de Morón, el Ministerio del Interior. Las guitarreadas que solían llenar de alegría el caserón de Haedo se apagaron para siempre. El padre se enfermó, y la madre no quería hablar del tema. “Nos sentíamos muy solos”, recuerda, mientras posa la mirada en el ventanal de la entrada del enorme local de las Madres.Su hermano, en noviembre del ’77, y desde la Esma, llamó a la casa de sus padres. Adriana estaba ahí. “Quédense tranquilos que en un tiempo voy a andar por allá”, le susurró con tono forzado a la madre, que temblaba frente al auricular. “Y cuando escuchó mi voz, quebró”, relata Adriana. Antes de cortar les avisó que volvería a llamar a la semana. Así lo hizo, y esa vez, también estaba la familia de Susana. “Un tío de mi cuñada, que trabajaba en la vieja Entel, trajo un aparato con el que quiso pinchar el teléfono, para saber dónde estaba Marcelo”, rememora Adriana.La primera pista acerca de Laura nació de la boca de un informante que nunca supieron quién era, confía Adriana, después de pegarle un sorbo al café. La información llegaba por medio de un amigo del padre que tenía dos hijos detenidos-desaparecidos en la Esma. Y es ese amigo el que le comunicó al padre de Adriana, en enero del ’78, y por medio de su informante, que iba a ser abuelo.En 1982, la madre de Adriana se acercó a Abuelas para denunciar la apropiación de su nieta. Ya sabían que era una nena porque contaban con una información clave aportada por Sara Osatinsky, secuestrada en la Esma, quien les confirmó, desde Ginebra, Suiza, el dato que había adelantado el informante un tiempo antes. “Es ella la que nos da en mano una tarjeta que las cuatro embarazadas que estaban secuestradas en Capuchita habían garabateado para sus familias para la Navidad del ’77, incentivadas por los marinos”, detalla Adriana. Las palabras que había escrito su cuñada decían: “El amor que no es todo dolor, no es todo amor”. Osatinsky había logrado fugarse del Centro Piloto de París, lugar al que había llegado por la fuerza con Emilio Massera para contrarrestar la “campaña” que sufría nuestra patria apostólica y romana.En el 2007, Laura –que dejaría de llamarse así desde el día que la sacaron de los brazos de su madre– se acercó a Abuelas. “Yo creo que se animó –arriesga Adriana– porque ya se había independizado y había sido madre.” En ese momento, Laura puso las patas en el barro, indagó, pero cuando le pidieron sus datos, no dijo una palabra y se fue. En abril de 2011, en Abuelas cruzaron datos de una investigación y apareció Laura, sin saber que era la misma chica de cuatro años atrás. Abuelas la contactó y la invitó a hacerse los estudios en la Conadi, la Comisión Nacional para el Derecho a la Identidad. En el mes de julio, entonces, ahora sí, Laura se tiró a la pileta.
• IDENTIDAD. “Yo conozco mi historia, pero Laura está elaborando su propio pasado” En la mitad de la conversación entre Adriana Reinhold y Miradas al Sur apareció un muchacho de unos treinta años, en muletas, padre de dos nenas, que contó que había sufrido un accidente y que no tenía ayuda de nadie. Mostró una herida debajo de la remera, y ofrecía vender pastillas perfumadas para el inodoro. Adriana le preguntó si cobraba una pensión por invalidez. Él dijo que sí, pero en provincia. “Andá a gestionar una en Nación, acá a dos cuadras”, le aconsejó. Se refería a su lugar de trabajo: la Comisión Nacional de Pensiones Asistenciales. También le preguntó si estaba cobrando la Asignación Universal por Hijo. “Sí”, confirmó él, antes de despedirse.Adriana está viviendo momentos únicos, y no sólo en el plano emocional. “Me llamaron hasta de una radio de Israel”, grafica. “Me está llamando gente no veía hacía veinte años.” La vorágine y la ansiedad se la están comiendo. “En cualquier momento me pongo en manos de los psicólogos de Abuelas porque me va a fulminar un ACV”, confía.Con su sobrina Laura se vieron el miércoles pasado en Abuelas y luego el domingo, en la casa familiar de Haedo. A partir de ese día, Adriana tiene que atarse las manos para no llamarla cada media hora. “Tengo miedo que desaparezca ella”, dice. Y recalca que la elección del verbo no es casual. Toda su generación quedó marcada hasta el final de sus días por las secuelas de la persecución. “Yo conozco mi historia, sé muy bien quién soy, pero ella está elaborando su propio pasado, me pide fotos, nombres, y yo lo que quiero es que dentro de no mucho me diga tía, y que se quede a dormir en casa.”

LA SEQUÍA Y LA HAMBRUNA HACEN ESTRAGOS EN SOMALÍA



Por Greg Beals


Abdulahi Haji Hassan observa las caras agotadas y confusas de su familia y contempla el precio que la sequía y el hambre se ha cobrado en sus vidas. Su hijo de dos años, Madey, deja caer su cuerpo sobre el pecho de su madre.Fama, la hija de cuatro años de Abdulahi, está cubierta del polvo de los 27 días de camino a través del clamoroso desierto desde su hogar cerca de Baidoa, en el sur de Somalia, hasta la frontera keniana. Sus lágrimas han formado regueros en su cara polvorienta. Haway, su mujer, aprieta los labios cuando piensa que pueden pasar años hasta que vuelva a ver su casa. Pero Abdulahi ha hecho un cálculo del cambio en su vida: “Mi casa ya no es más que polvo y hambre” dice, “no puedo volver allí”.Echar a andar para buscar refugio no era una cuestión de elección. El sustento de la familia dependía de los animales. Las 70 cabras y 30 vacas de Abdulahi enfermaron y fueron muriendo una por una a medida que la peor sequía que se recuerda les privaba de agua y comida. El ganado era considerado hasta cierto punto parte de su extensa familia, y su pérdida fue una catástrofe para ellos.Cuando murió la última vaca, todo el mundo supo que los niños serían los siguientes. La madre de Abdulahi le recomendó que abandonara la aldea. “No quiero que tus hijos mueran de hambre”, le dijo. “Ve donde puedas conseguir ayuda, y yo rezaré para que lleguen sanos y salvos.”La familia Hassan es una de los 1.300 refugiados que llegan cada día desde Somalia a los alrededores de los campos de Dadaab, en el noroeste de Kenia, entre ellos Dagahaley.La capacidad de Acnur para acomodar a las personas recién llegadas mejora cada día, pero gestionar una ciudad de 400.000 refugiados no es tarea fácil. Acnur y el gobierno de Kenia han dado grandes pasos, pero se necesitan muchos recursos para proteger a los más vulnerables, ofrecerles cobijo y atender sus necesidades médicas. Para aquellos que huyen de Somalia el primer –y quizás el más doloroso– paso que dan es el viaje en sí mismo. La familia de Hassan emprendió su viaje con otras siete familias más. Se llevaron todo lo que les quedaba en este mundo: un carro tirado por burros hecho con ejes de coches desechados, una bolsa de maíz molido y un recipiente de plástico con agua.Descansaban durante el día y caminaban por la noche. Después de una semana, todos los días eran iguales. “Todas las noches que viajas son iguales. No hay una noche buena ni una mala. Sólo hay noche”, dice Abdulahi. “Piensas en la situación de tus hijos, cuál de ellos te preocupa más. Yo estaba preocupado por el más pequeño, claro”. Los niños comían pequeñas cantidades de maíz y agua y los padres ninguna.A medida que se acercaban a la frontera con Kenia, el grupo empezó a encontrarse con asaltantes. Armados con fusiles de asalto AK-47 los ladrones registraron cada saco que llevaban. “Cuando no encontraron nada empezaron a golpearnos con la culata de sus rifles”, relata Abdulahi. Uno de sus hermanos acabó con dos costillas rotas.Son las siete de la mañana y los recién refugiados se amontonan frente a la entrada del centro de recepción del campo de refugiados de Dagahaley. Una mujer mayor tose quejándose de una enfermedad. Mariam Mohamud, de 30 años, ha dado a luz a una niña durante la noche. La sostiene en sus brazos, envuelta en una tela roja. Los trabajadores sanitarios de Médicos sin Fronteras, contraparte de Acnur en la zona, hacen un reconocimiento a la madre y al bebé y las llevan a la clínica del centro de acogida. Hassan Abdi normalmente presume de poder mantener su profesionalidad, pero ahora su emoción se puede leer en el rostro del médico.Se acerca a la diminuta niña y la sostiene delicadamente entre sus manos. Después de unos minutos respira aliviado. “Esta niña está bien” dice. Su madre está agotada y todavía tiene que ponerle nombre a la pequeña. Finalmente se decide por Mariam. Madre e hija son trasladadas en ambulancia en dirección al hospital local, junto a Muhammed Abdulahi, que sufre desnutrición severa. Después de dos años de vida, Abdulahi sólo pesa cinco kilos –un poco más que la mayoría de los bebés recién nacidos–. Mientras tanto, funcionarios del gobierno de Kenia registran a los recién llegados al tiempo que Acnur y sus socios los asisten ofreciéndoles comida y material no alimentario. Madres, padres e hijos pasan por un control donde se les toman las huellas dactilares e información esencial sobre ellos, que se introduce en una base de datos de un ordenador de Acnur. El proceso es fundamental para el seguimiento del flujo de solicitantes de asilo y para garantizar que todos los que necesitan ayuda puedan conseguirla.En fila, las familias se sientan juntas en silencio. Es un momento de relativa paz dentro de una existencia marcada por la desesperación.“No te engañes con la tranquilidad” dice Roger Taylor, un oficial de campo de Acnur en Dagahaley. “La razón por la que hay calma es porque estamos muy bien organizados y porque estos refugiados están exhaustos”.David Owalo Magolo, de 48 años, ha trabajado en los campos de Dadaab desde 1996. Nunca ha sido testigo de una emergencia tan crítica como la que estamos enfrentando ahora. “Las mujeres y los niños han sufrido terriblemente. Cuando emprenden su viaje hacia Kenia, a menudo tienen que llevarse a bastantes niños con ellas. Avanzan medio kilómetro con un niño, lo dejan en el suelo y vuelven a recoger al siguiente.