viernes, 11 de junio de 2010

ENTREVISTA A SKAY; APOSTANDO AL FUTURO


Skay habla de su disco “¿Dónde vas?” con la "Voz del Interior", de cómo se filtraron los videos de Los Redondos y no descarta amigarse con el Indio para editar ese material.



Skay es un vecino extraño de ese Palermo que se empeña en ser neoyorquino pero que nunca dejará de ser porteño. Entre casas de diseño, restós (¿será así el plural de restó?) y pizarras con precios exorbitantes, el ahora solista se asoma desde la puerta de su discreta casona, sonríe y ofrece sus brazos en señal de cálida bienvenida.


Ya en el living, nada comunica que este hombre tenga algo que ver con los clones de Sarah Jessica Parker que caminan del otro lado de la pared. En ese ambiente hay discos, un estuche, sillones, un comedor en ángulo recto. Una casa sencilla y con gusto habitada por dos personas ídem: el ya citado Skay y su compañera de siempre, Negra Poly. Ni burgueses prolijos, ni hedonistas éticos. Más bien ex hippies que viven de acuerdo con lo que les tocó en suerte.


Ellos son dos de esa santísima trinidad conocida como Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota. El tercero, por ahora en discordia, es Indio. Es el calvo cantante asumido estampita que blanqueó que la ruptura del grupo se dio por unos videos que, pese a estar al resguardo en esta casa, empezaron a circular por Internet hace unos días. Este es un tema ineludible para charlar con Skay. También el de ese día, martes 18 de mayo: Gustavo Cerati. De hecho, la charla empieza por ahí. “No sé muy bien qué le pasó. Ojalá se recupere pronto”, expresó mucho antes de que Poly llegara y nos desayunase con el peor escenario.


Pero, a decir verdad, el disparador de la charla fue ¿Dónde vas?, el discazo que Skay editó alentado, supuestamente, por las observaciones conseguidas en un viaje a Marruecos. Es un disco de rock de alta escuela, hecho de violas humeantes, deslices étnicos y líricas precisas. Sin dudas, es el mejor disco de Eduardo Beilinson, tal el nombre de Skay, a la fecha. Es el que lo consagra como cancionista, como un artista sustentable en eso de hacer dialogar de modo inmejorable un riff con una inteligente línea de texto.


¿Dónde vas? es un título retórico. Puede morir en una inquietud del autor pero también como una interpelación para el destinatario. “Jugué un poco con las dos cosas –contesta Skay–. Por un lado es una invitación para reflexionar adónde va cada uno y adónde vamos como humanidad, como civilización. Por otro, invita a hacer un recorrido. Lo habíamos pensado como una opereta en la que un personaje recorre diferentes territorios”.


En esa road movie, el personaje en cuestión se encuentra con momentos de asfixia, cae presa de su vanidad, se ve con un presente dramático, se permite esperanzarse con el futuro. Tales cosas sugieren las líricas, ensambladas con maestría. Skay admite que llegó al punto caramelo de su rol como cantautor: “Si evaluás las cosas históricamente, en Los Redondos el Indio hacía las letras y yo no aportaba demasiado. Cuando empecé en esta nueva etapa, el tema de las letras no me resultó fácil. No sólo había que encontrar qué decir sino cómo decirlo, cómo expresarlo. En este disco siento que he arrimando más al bochín”.


Mucho tuvo que ver en esta cuestión un evidente laburo de simplificación; pocos versos, pero dispuestos en el momento exacto. “Lo que también aprendí en relación con las letras es cortar cuando algo no resulta e ir en otra dirección, buscar otro tipo de relato. En ese juego empieza a aparecer lo más interesante. Si querés aferrarte a una idea pero no la podés cuajar de una manera atractiva, ni fácil de frasear, pasá a otro cosa. Es un poco así”, detalla Skay. Luego agrega que ese trabajo es autodidacta, y fundamenta por qué: “Es que soy muy fiaca y, por otro lado, las mejores cosas que he logrado han sido conmigo mismo poniéndome en situación de búsqueda. Busco mi propia manera de decir, mi propia manera de tocar. A tocar también aprendí solo”.


Pero deben haber pesado las referencias. En el disco hay citas a Manal, por ejemplo. ¿Claudio Gabis fue un maestro involuntario?
Sí, claro. Pero de los argentinos me influyó decisivamente la cercanía de Kubero (Díaz, compañero en La Cofradía de la Flor Solar). Tuve muy cerca a un maestro de la guitarra, poco reconocido en nuestro medio. A Kubero lo vi tocar con fluidez, profundidad y buen gusto. Por supuesto, también me marcaron Jimmy Page, Jimi Hendrix, Harrison, Neil Young.


En “La rueda de las vanidades” hay un arreglo electrónico que me remitió a los últimos discos de Los Redondos. ¿No se suponía que el Indio era el más tecno?
Esa canción está sustentada en la batería. Y como está procesada, bien comprimida, sentí que le faltaba un latido. Latido que finalmente tuvo un sonido más electrónico.


Entonces no te considerás un ortodoxo del rock & blues, digamos.
No, para nada. Pero hay que ser medido en el uso de cosas digitales, hay que evitar que lo electrónico se choque con lo orgánico. Prefiero ser equilibrado.


Los movimientos arábigos con casi ineludibles en tu obra. ¿Por qué?
Mi viejo nació en el Cáucaso, en la zona de Azerbaiján. Me imagino que algún gen debe de dar vueltas y hacer que me resulten familiares esas armonías y escalas tan particulares de Medio Oriente.



HAY ESPERANZAS


En “Aplausos en el cosmos”, tema de cierre, cargás duro contra la humanidad. Hace que el disco resuene pesimista.
Ojo, allí expreso “nunca nos resignamos y, a pesar de todo, seguimos creyendo en la bondad y en el amor”. Estamos en un momento crítico de la humanidad, a mitad de camino entre la desaparición y la trascendencia. Estamos en ese meridiano temporal. Curiosamente, a pesar de todos los horrores que hemos cometido como humanidad (masacres, guerras, esclavitud y un largo etcétera), seguimos creyendo en el amor. Me gusta pensar en los largos plazos. Si hacés la postal del hoy, estamos condenados al fracaso. Si sos un poco más amplio, podés confiar en quienes apuestan a la revolución no ética, la revolución de la conciencia.


¿Tan revelador fue el viaje a Marruecos?
Si vas abierto, te das cuenta de que ellos viven creyendo profundamente en su cultura. Desde Occidente se ve todo como que es de opresión para con la mujer, que hay falta de libertades, pero ellos viven de acuerdo con una elección más profunda. Para los más jóvenes, hay un problema porque de España sólo los separa el estrecho de Gibraltar. Cuando cruzan, son pocos los espacios que tienen para desarrollarse. Terminan con vidas más miserables que las que llevarían en su hogar. Todo depende de las miradas. Aquí en el Tilcara, por ejemplo, la gente vive con otra intensidad, otros valores y otro sistema de creencias. No sólo debés ser tolerante con eso sino aprender de cómo les encuentra el sentido a las cosas. Posiblemente tiene un sentido más profundo de la existencia y no la vanidad acentuada a partir de los placeres que entrega el consumismo.


¿Nunca caíste presa de tu vanidad?
Trato de recordarme quién soy, de no creérmela. Sólo me considero un trabajador de la música. Quiero hacerla lo mejor posible, de la mejor forma. Cuando tocó por aquí, Bob Dylan entró caminando como si fuera un plomo, pero nunca dejó de ser Bob Dylan. El mismo perfil tuvieron Mercedes Sosa, Atahualpa, Goyeneche, Kubero, Spinetta. ¿Por qué yo debería exaltar mi ego? Ante ellos, me saco el sombrero.


¿Cómo es Skay en situación doméstica?
Las mañanas las dedico para ir a caminar y oxigenar la mente. La tarde ya es musical. Se buscan lugares para tocar, se arreglan los temas.


ELASTIZADO


Tocaste en el Cosquín Rock, un festival sponsoreado. ¿Estás más elástico?
Es un festival atípico. Es el festival del interior, el de la gente. Es distinto a los que se hacen acá, al Pepsi.


¿No participarías en un Pepsi?
La mía no es una cruzada a favor del no. Y con Los Redondos tampoco era así sólo que, entre las posibilidades que se nos presentaban, siempre elegimos hacerlo por nuestra cuenta. No descarto nada, pero mientras podamos hacer nuestra propia movida… En los festivales no hay tiempo, hay gente nerviosa. Algunos lo verán como una posibilidad para mostrarse, lo entiendo. En Cosquín Rock, en cambio, José (Palazzo) me ha tratado de maravillas. Es un valor agregado.


Indio se quedó con las multitudes y vos con la escala intermedia. ¿Es un alivio? Lo consulto porque, para Indio, las grandes puestas eran un “puto laburo”.
Me gusta mi nueva situación pero, a decir verdad, para mí esto nunca fue remar. Disfruto de todo el proceso musical. La creación, los ensayos, armar la sala. El único momento difícil es el anterior a salir a tocar; 10 minutos antes, ponele. Las grandes puestas me afectaban, de alguna manera. Pero Poly sabía cómo aislarnos para que nos concentráramos sólo en la música.



VIDEOS LIBERADOS


Skay y Poly fueron acusados por Indio de haberse “encanutado” material audiovisual de Los Redondos en el que, entre otras cosas, está la grabación de un mítico concierto en Racing. Tal material fue subido a Internet días atrás. La pregunta del millón es ¿por quién? Skay: “Tengo entendido que ese video hace un año que estaba en Internet, y 12 que alguien se hizo una copia. Salió del camión de filmación o de la sala donde se estaba sincronizando la grabación. Cuando nos entregaron la cinta en U Matic, la llevamos a una importante empresa de edición para hacer dos copias en VHS, una para mí y otra para el Indio. En alguno de esos tres lugares, alguien mandó un cable y se lo chupó. Capaz que lo mantuvo encanutado hasta que lo agarró un primo, sobrino y lo mandó a la Red”.


¿La situación altera algún plan, algún negocio?
Altera en el sentido de que me hubiera gustado hacer algo más cuidado. Pero de última, Los Redondos le pertenecen a la gente. No obstante, insisto, si en algún momento encaramos el proyecto de hacer el video juntos, podemos terminar en una mejor edición.


Es bueno escucharte hablar en esos términos del Indio. Daba la impresión de que estaban enemistados.
No tengo ningún rollo. La única manera de hacerlo es recuperando la amistad. Entender para qué lado queremos llevar al material disponible. Sólo se necesitan tiempo y ganas. Y recuperarnos la confianza mutua, claro.

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